A Man for All Seasons (Fred Zinnemann, 1966), narra los últimos días de Tomás Moro, jurista, teólogo, escritor y lord canciller, así como su enfrentamiento con el monarca inglés Enrique VIII.
La expresión “A man for all seasons” fue acuñada originalmente en 1520 por el contemporáneo de Moro, Robert Whittington: su integridad era firma ante cualquier circunstancia, tanto en tiempos de prosperidad (“verano”) como de peligro mortal (“invierno”).
El rey decide que quiere divorciarse de su esposa, Catalina de Aragón (quien no le ha dado un heredero varón), para casarse con Ana Bolena. Dado que el Papa en Roma se niega a anular el matrimonio, el rey decide romper lazos con la Iglesia católica, autoproclamándose jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra (el cisma anglicano).
Para consolidar su poder, el rey exige a todos los nobles y altos cargos del reino que firmen el Acta de Supremacía, un juramento de lealtad que valida su nuevo matrimonio y su autoridad religiosa.
Tomás Moro es un hombre de leyes y un súbdito del rey, pero también un católico devoto que considera que el juramiento es un pecado que condenará su alma.
Moro intenta salvar su vida manteniéndose en silencio: dimite de su cargo de canciller y se retira de la vida pública. Espera que su silencio se considere una aceptación pasiva (“Quien calla, otorga”).
Pero el rey y su consejero Thomas Cromwell,, no aceptan el silencio. Saben que Moro es el hombre más respetado e íntegro del país, por lo que su falta de apoyo explícito debilita la legitimidad del rey. A partir de ahí, la película se convierte en un intenso thriller político y judicial, donde la corona utiliza el chantaje familiar, el aislamiento y la traición de falsos amigos para quebrar la inquebrantable conciencia de Moro.
El juicio, celebrado el 1 de julio de 1535 en el Westminster Hall es una farsa judicial orquestada por la corona para condenarlo a muerte por alta traición, utilizando leyes creadas a propósito para atraparlo.
Thomas Cromwell se da cuenta de que el silencio legal de Moro es impenetrable. Para romperlo, el Parlamento aprueba la Ley de Traiciones de 1534, la cual dictamina que es alta traición maliciosa negar de palabra o por escrito los títulos del rey, incluido el de Jefe Supremo de la Iglesia.
Moro se defiende argumentando que él nunca ha negado el título del rey; simplemente se ha mantenido en silencio. Expone que de acuerdo a la jurisprudencia, el silencio jamás puede ser castigado como un acto de traición criminal. El tribunal se queda sin argumentos legales para condenarlo.
Thomas Cromwell introduce a un testigo sorpresa falsario: Richard Rich, un joven ambicioso y sin moral que al principio de la película le había suplicado a Moro que le consiguiera un empleo en la corte.
Rich sube al estrado y miente bajo juramento. Declara falsamente que visitó a Moro en su celda de la Torre de Londres y que allí Moro le confesó de viva voz que el Parlamento no tenía autoridad para hacer al rey jefe de la Iglesia. Esta declaración falsa le da al tribunal la “prueba de palabra” que necesitaban para dictaminar el veredicto de culpabilidad.
Moro descubre que el rey ha nombrado a Richard Rich Fiscal General de Gales. Mientras Rich se retira Moro se acerca mira la lujosa cadena de oro que lleva al cuello como símbolo de su nuevo cargo y le dice la famosa frase lapidaria:
«Sir Richard, me estremece tu perjurio. Mira que es una cadena de lo más elegante… Pero verás: no vale la pena que un hombre pierda su alma por ganar el mundo entero… ¡Pero es que tú lo has hecho por Gales!».
El jurado dictó el veredicto de culpabilidad en apenas 15 minutos. Moro comprende que el silencio ya no le protege y declara abiertamente que el Acta de Supremacía es ilegal, que un rey civil no puede arrogarse el poder espiritual que Cristo le dio a Pedro, y que prefiere morir con la conciencia limpia ante Dios que ceder a la tiranía de los hombres.
Es condenado a la decapitación en la Torre de Londres.
Para divorciarse de su esposa Catalina de Aragón (hija de los Reyes Católicos y tía del emperador Carlos V) y contraer matrimonio con Ana Bolena, Enrique VIII (1509-1547) trata de obtener el apoyo de la aristocracia y del clero. Sir Thomas Moro, uno de los más notables humanistas europeos (“Utopía”, 1516), ferviente católico y hombre de confianza del monarca, se encuentra en una encrucijada: ¿debe actuar de acuerdo con su conciencia, arriesgándose a ser tachado de traidor y ejecutado, o debe ceder ante un rey que no tiene ningún reparo en adaptar la ley a sus necesidades?