El título de la película fue tomado de una célebre frase del reconocido cineasta iraní Mohsen Makhmalbaf (padre de la directora del filme):
“Incluso las estatuas pueden derrumbarse de vergüenza al presenciar tanta violencia e injusticia humana”.
Los Budas de Bamiyán eran dos estatuas gigantescas milenarias esculpidas en un acantilado de Afganistán que fueron brutalmente dinamitadas y destruidas por los talibanes en marzo de 2001. La metáfora de la frase sugiere que los Budas no cayeron solo por los explosivos, sino por la vergüenza de ver en lo que se había convertido la humanidad.
Bajo la estatua del Buda que destruyeron los talibanes, aún viven miles de familias. Baktay, una niña afgana de seis años, es incitada a ir a la escuela por el hijo de sus vecinos que lee los alfabetos frente a su cueva. De camino a la escuela, es acosada por unos niños que juegan de forma cruel reflejando la sociedad tan violenta que los envuelve. Los niños pretenden lapidar a Baktay, o destruirla como el Buda, o disparar contra ella como hicieron los americanos en el laberinto de cuevas. ¿Será capaz Baktay de superar estos obstáculos para poder aprender los alfabetos en su lengua materna?
El mayor deseo de Baktay es algo tan simple como ir a la escuela y aprender a leer. Sin embargo, para lograrlo debe conseguir dinero para un cuaderno y un lápiz, un logro inmenso en una región sumida en la pobreza extrema.
El reflejo de la guerra:** En su camino a la escuela, es acosada por un grupo de niños locales que juegan a la guerra. Estos niños imitan los traumas y la crueldad de los adultos que han visto toda su vida: juegan a ser talibanes, juegan a “lapidar” a Baktay, a dispararle como los soldados estadounidenses o a destruirla como hicieron con el Buda.
La guerra y el fanatismo distorsionan la infancia, y cómo las mujeres y niñas sufren el peor impacto en sus derechos básicos. Ganó el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cine de San Sebastián