Juan Pujol García (“Garbo”), es considerado el espía más audaz, ingenioso y tácticamente perfecto de toda la Segunda Guerra Mundial.
Su capacidad para engañar al alto mando del Tercer Reich salvó decenas de miles de vidas aliadas durante el desembarco de Normandía y redefinió las reglas de la contrainteligencia moderna.
Para consolidar esta nota biográfica en tu sección de espionaje o historia del siglo XX de tu jardín digital, estos son los datos puros de divulgación histórica más impactantes de su trayectoria:
Cuando Pujol comenzó a operar desde Lisboa fingiendo estar en el Reino Unido, cometía errores garrafales de geografía porque solo usaba mapas y guías turísticas. Por ejemplo:
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Le escribió a los nazis diciendo que en Glasgow (Escocia) había hombres “dispuestos a hacer cualquier cosa por un litro de vino”. Los alemanes, que desconocían las costumbres británicas, no se dieron cuenta de que en Escocia la gente no bebía vino de mesa, sino cerveza o whisky.
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A pesar de estas pistas falsas involuntarias, la Abwehr alemana confió tanto en sus dotes de redacción que le asignaron un operador de radio dedicado en exclusiva para él en Madrid.
Cuando el contraespionaje británico (el MI5) descubrió lo que Pujol estaba haciendo por su cuenta, lo trasladaron de inmediato a un piso franco en Londres en 1942. Allí le asignaron como oficial de control a Tomás Harris, un refinado oficial de inteligencia británico de madre española, crítico de arte y pintor.
Juntos pasaban hasta 15 horas al día redactando miles de mensajes cifrados.
Diseñaron una red tan compleja que requería un flujo constante de desinformación: enviaban datos militares verdaderos pero irrelevantes (o que llegaban deliberadamente tarde por correo) mezclados con mentiras estratégicas monumentales. El volumen de mensajes enviados por Pujol fue tan alto que llegó a saturar las redes de radio de la inteligencia militar alemana.
La cumbre de su carrera llegó con el Día D. Para convencer a Hitler de que la invasión real se produciría en el Pas de Calais, los Aliados crearon un ejército fantasma en el sur de Inglaterra (el FUSAG), con tanques de plástico inflables, aviones de madera y bases falsas.
Pujol se encargó de darle vida a este engaño a través de sus mensajes. El 9 de junio de 1944 (tres días después del desembarco real en Normandía), envió un telegrama cifrado de máxima urgencia a Berlín argumentando que el desembarco en las playas francesas era solo una maniobra para desviar la atención y que el golpe real seguía preparado en Calais. Hitler confió tanto en el informe de “Alaric” (Pujol) que ordenó personalmente desviar la 1.ª División Blindada de las SS hacia Calais, impidiendo que reforzaran Normandía. Ese movimiento estratégico fue clave para la victoria aliada.