El Batallón Sagrado de Cartago (también conocido como la Legión Sagrada o la Banda de Baal) fue la unidad militar de élite más famosa y exclusiva del Imperio Cartaginés.
Cartago’s Sacred Battalion was a militar united devoted of big Gods of Carthago, specially Baal Hamón: the supreme war god and protector of the city.
They were soldier-citizen (not mercenaries).
Cartago was a city-State placed in current Tunes, was an imponent fuerza of the west Mediterranean, expanding during a big part of north Africa and current Spain during III BF. Carthaginian sailors were most fierce in the sea, and were masters of the naval commerce.
They used combat elephants in the battlefield to inspire fear in the enemy.
Carthagenians established many commercial centers as colonies and established their influence over 300 and villages just in the North of Africa.
In the Second Punic War, the celtic troops were mainly auxiliars.
Carthagenian merchants had missions in many places of the Mediterranean.
Carthaginians built their walls making three concentric circles. They were that strong that Romans prefered to take the city by the harbour.

Carthaginian economy focused on minery, being stone a main element of Cartgaginian estructures.
Numid cavalry, antecessors of berber hourse, were small compared to other horses of the epoch and were well adapted to move fast in long travels.

El Batallón Sagrado estaba formado únicamente por ciudadanos nacidos en Cartago. Sus miembros eran hijos de las familias más ricas y nobles de la oligarquía cartaginesa. Se entrenaban duramente desde la infancia en tácticas de combate.]
Cada soldado se costeaba su propio equipo, portaban armas de la mayor calidad del Mediterráneo. Vestían majestuosas armaduras blancas, ostentosas túnicas de púrpura de Tiro y portaban escudos redondos decorados frecuentemente con símbolos divinos (como el signo de la diosa Tanit).
Combatían a pie como infantería pesada en una formación de falange cerrada de estilo helenístico (hoplitas), armada con largas lanzas de empuje y espadas cortas. Su número solía oscilar entre los 2.000 y 3.000 combatientes.
Actuaba habitualmente como la guardia personal del general al mando y formaba firmemente en el centro de la línea de batalla. Tenían prohibido por ley combatir fuera del territorio norteafricano o de la isla de Sicilia, salvo en contadas excepciones de emergencia extrema.
El Batallón Sagrado se ganó una reputación legendaria por su disciplina de marcha impecable y por su feroz negativa a retirarse en combate. Desafortunadamente, esto los llevó a su trágico desenlace histórico:
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La Batalla del Crimiso (341 a.C.): Durante las guerras contra los griegos en Sicilia, el ejército cartaginés fue sorprendido cruzando un río en mitad de una tormenta de granizo. El Batallón Sagrado luchó heroicamente, pero fue flanqueado y completamente aniquilado. Plutarco relata que Cartago jamás había perdido a tantos hombres de la alta nobleza en un solo día.
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Reconstrucción y Fin: La unidad se volvió a levantar años más tarde, pero tras sufrir una nueva y devastadora derrota en África contra el tirano Agatocles de Siracusa (310 a.C.), las crónicas de los historiadores antiguos dejaron de mencionarla.
Cuando comenzaron las famosas Guerras Púnicas contra la República de Roma, el Batallón Sagrado ya había desaparecido del mapa militar y los grandes generales como Aníbal Barca tuvieron que apoyarse firmemente en tropas profesionales mercenarias y levas de emergencia.
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Astarté era la antiquísima diosa fenicia de la fertilidad, el amor sexual, la caza y la guerra. Provenía de las ciudades de Tiro y Sidón en el Levante mediterráneo.
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Cuando los fenicios fundaron Cartago, llevaron su culto con ellos. No obstante, con el paso de los siglos, los cartagineses comenzaron a adorar a una versión local evolucionada llamada Tanit. Astarté siguió siendo una diosa muy importante (asociada a menudo con los caballos y los carros de guerra), pero Tanit asumió el rol de patrona principal del imperio junto a Baal Hamón.
Baal no es el nombre de un único dios, sino un título honorífico de origen semítico que significa “dueño”, “amo” o “señor”. En las antiguas civilizaciones de Oriente Próximo y el Mediterráneo (como fenicios, cartagineses, cananeos y babilonios), este título se anteponía o aplicaba a diferentes divinidades masculinas de la tormenta, la fertilidad y la guerra. [1, 2]
Debido a su enorme influencia, el concepto de Baal variaba profundamente según la región y la época:
- Baal Hamón (El Gran Dios de Cartago)
En el Imperio Cartaginés, Baal Hamón (“Señor de los altares de incienso” o “Señor de la multitud”) era el rey de los dioses y el protector supremo de la ciudad. [1, 2, 3]
- Atributos: Se le representaba como un hombre anciano y barbudo con cuernos de carnero (símbolo de fertilidad y poder buey-astral). Era el dios del clima, la agricultura y la soberanía del imperio. [1, 2, 3, 4]
- Su Consorte: Gobernaba junto a la diosa Tanit, la deidad más querida por el pueblo cartaginés. [1, 2]
- La controversia del Tofet: Los historiadores romanos y griegos (y algunos textos bíblicos) acusaron amargamente a los cartagineses de sacrificar a sus propios hijos recién nacidos en hornos ardientes para apaciguar a Baal Hamón en momentos de crisis extrema (como invasiones militares). La arqueología moderna ha hallado santuarios llamados Tofets con urnas de niños cremados, aunque se debate si eran sacrificios puros o un cementerio sagrado para bebés nacidos muertos. [1, 2, 3]
- Baal Hadad (El Dios de la Tormenta en el Levante)
En la región de Canaán y en las ciudades originales fenicias (como Tiro y Sidón), el “Baal” más famoso era Hadad. [1]
- Era el dios del trueno, la lluvia, el rayo y las estaciones.
- En la mitología levantina (reflejada en las tablillas del Ciclo de Baal encontradas en Ugarit), él es el héroe que lucha contra Yamm (el dios del caos marino) y contra Mot (el dios de la muerte y la sequía) para traer de vuelta la vida a la Tierra. [1, 2]
- Otros “Baales” importantes
Al ser un título, se utilizaba para especificar funciones o lugares geográficos:
- Baal Melqart: El dios patrón de la ciudad de Tiro, estrechamente vinculado al comercio marítimo y la colonización.
- Baal Shamin: El “Señor de los Cielos”, adorado en regiones que van desde Fenicia hasta Palmira (en Siria). [1, 2]
- La demonización bíblica: De Dios a Demonio
En el Antiguo Testamento de la Biblia, el culto a Baal entre los pueblos vecinos fue el principal rival religioso del monoteísmo hebreo. Profetas como Elías combatieron ferozmente su adoración. [1]
- Con la expansión del judaísmo y el cristianismo, los nombres de estos dioses paganos fueron transformados deliberadamente en insultos.
- Por ejemplo, el dios local Baal-Zebub (“Señor de los príncipes”) fue cambiado burlonamente por los hebreos a “Señor de las moscas” o “Señor del estiércol”, dando origen directo al nombre del demonio moderno Belcebú. [1]
¿Te gustaría profundizar en el mito de los sacrificios humanos en Cartago, conocer el Ciclo de Baal en la mitología cananea, o saber cómo influyó este dios en nombres históricos como Aníbal (que significa “el favor de Baal” o “Baal es generoso”)? [1, 2, 3]
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Los númidas fueron un conjunto de tribus bereberes que habitaron en el norte de África (en lo que hoy es Argelia y parte de Túnez). Su nombre pasó a la historia militar gracias a sus jinetes, considerados unánimemente por los historiadores antiguos como la mejor caballería ligera del mundo mediterráneo. [1]
Fueron el factor decisivo que cambió el rumbo de las Guerras Púnicas entre Cartago y Roma.
La forma de combatir de los númidas era única y desconcertaba por completo a los ejércitos tradicionales:
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Montar al natural: Cabalgaban sin silla de montar, sin estribos y sin bridas. Controlaban a sus pequeños y veloces caballos de las estepas africanas únicamente con la presión de sus piernas y una cuerda ligera de esparto al cuello.
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Tácticas de hostigamiento: Su especialidad no era el choque frontal, sino el desgaste. Avanzaban a gran velocidad, lanzaban una lluvia de jabalinas contra las líneas enemigas y se retiraban antes de recibir daños.
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Provocación constante: Si el enemigo los perseguía, los númidas simulaban huir para romper la formación contraria y luego daban la vuelta para masacrar a los soldados dispersos.
- El arma secreta de Aníbal en Italia
Durante la Segunda Guerra Púnica, el general cartaginés Aníbal Barca los integró en su ejército. Fueron su unidad más valiosa:
- En batallas legendarias como Cannas (216 a.C.), los jinetes númidas envolvieron por completo a los flancos de las legiones romanas, cerrando la trampa que permitió la aniquilación de 80.000 soldados de Roma.
- Eran letales persiguiendo a las tropas enemigas en retirada, asegurando que ninguna derrota romana quedara a medias.
- La traición que destruyó a Cartago
Roma aprendió la lección a la fuerza. El general romano Escipión el Africano comprendió que jamás vencería a Cartago sin la caballería númida.
Aprovechando una guerra civil en Numidia, Escipión se alió con el príncipe Masinisa, un brillante líder númida. Masinisa unió sus jinetes a las legiones romanas y cambiaron de bando. En la decisiva Batalla de Zama (202 a.C.), la caballería númida, ahora luchando para Roma, atacó la retaguardia de Aníbal, provocando la derrota definitiva de Cartago.
- El Reino de Numidia
Tras la caída de Cartago, Masinisa unificó las tribus y fundó el próspero Reino de Numidia como estado aliado de Roma. Años más tarde, un sucesor llamado Yugurta se rebeló contra el Senado romano, desatando la famosa Guerra de Yugurta, la cual demostró la enorme dificultad de combatir a estos guerreros en su propio terreno desértico.
La península ibérica fue la gran base de operaciones y de reclutamiento de la familia de Aníbal (los Bárcidas). Los íberos no eran simples mercenarios temporales; eran soldados profesionales altamente leales. [1, 2]
- Unidades famosas: Destacaban los scutari (infantería pesada con grandes escudos ovalados) y los caetrati (infantería ligera con pequeños escudos redondos). También eran temidos los honderos baleares, capaces de reventar cascos a pedradas a gran distancia. [1, 2, 3]
- Armas letales: Los íberos aportaron al ejército cartaginés la falcata, una espada curva devastadora que inspiró a los propios romanos, y el soliferreum, una jabalina de hierro puro diseñada para perforar escudos. [1, 2]
- Los Galos: La fuerza de choque salvaje
Los galos (o celtas) compartían un enemigo común con Cartago: querían destruir a la República de Roma, que estaba invadiendo sus tierras en el norte de Italia (la Galia Cisalpina). [1, 2]
- Carne de cañón y choque: Aníbal contrató a decenas de miles de guerreros galos justo después de cruzar los Alpes. Eran hombres corpulentos, armados con largas espadas de corte y grandes escudos de madera. [1, 2, 3, 4]
- Uso táctico: En batallas como Cannas, Aníbal colocó a los galos en el centro de la línea para que resistieran el brutal empuje de las legiones romanas, usándolos para desgastar al enemigo antes de rodearlo. [1]
- ¿Los Latinos? El gran fracaso político de Aníbal
A diferencia de los galos e íberos, Cartago casi no pudo contratar ni reclutar a los latinos (Latini).
- ¿Quiénes eran? Los latinos eran los pueblos del Lacio (la región central de Italia) y los aliados de sangre más cercanos a Roma (socii). Formaban la columna vertebral del ejército romano.
- La estrategia fallida de Aníbal: Cuando Aníbal invadió Italia, su plan maestro no era destruir cada ciudad romana, sino romper las alianzas de Roma. Después de cada batalla, Aníbal liberaba a los prisioneros latinos sin pedir rescate y les decía: “No he venido a luchar contra vosotros, sino contra Roma por la libertad de Italia”.
- Lealtad de hierro: Para sorpresa de Cartago, la gran mayoría de las ciudades latinas se mantuvieron firmes y leales a Roma. El patriotismo, el miedo a las represalias romanas y los lazos culturales impidieron que los latinos se unieran como mercenarios al ejército cartaginés. Solo unas pocas regiones del sur de Italia (como Capua o los samnitas) cambiaron de bando tras años de guerra, pero el Lacio latino nunca cedió. [1, 2, 3, 4, 5]
Amílcar Barca (275 a.C. – 228 a.C.), el legendario general cartaginés y padre del famosísimo Aníbal Barca (el hombre que cruzó los Alpes con elefantes para atacar a Roma). ==Los samnitas fueron el pueblo más belicoso, resistente e indomable de todos los pueblos itálicos== (los habitantes nativos de la península itálica antes de la unificación romana).
Mientras que los latinos se mantuvieron fieles a Roma, los samnitas odiaban a los romanos con toda su alma debido a un siglo de guerras previas. Por eso, cuando Aníbal invadió Italia, vio en ellos a sus aliados perfectos.
- ¿Quiénes eran los pueblos Itálicos?
Bajo el término “itálicos” se agrupaban decenas de tribus que compartían la península con Roma, pero que hablaban idiomas diferentes (como el osco o el umbro).
- Los grupos principales: Incluían a los samnitas, los lucanos, los brutios, los marsos y los oscos.
- Relación con Roma: Roma los había derrotado uno a uno y los había obligado a firmar tratados como socii (aliados), exigiéndoles hombres para el ejército romano, pero sin darles los derechos de la ciudadanía romana.
- Los Samnitas: Los eternos enemigos de Roma
Los samnitas eran montañeses que vivían en el Samnio (los montes Apeninos centrales). Eran guerreros formidables que ya habían humillado a Roma en el pasado, obligando a todo un ejército romano a pasar bajo un yugo de lanzas en la famosa afrenta de las Horcas Caudinas (321 a.C.).
- El armamento que inspiró a Roma: Los samnitas usaban un escudo rectangular grande (scutum) y una jabalina pesada (pilum). Eran tan efectivos que los propios romanos copiaron todo su equipo y sus tácticas de manipulos para crear la legión republicana que hoy conocemos.
- El gladiador samnita: Su fama militar era tal que, en los espectáculos de gladiadores romanos, una de las clases de combatientes más antiguas y populares se llamaba precisamente “Samnita”, equipada con sus armas tradicionales.
- La alianza con Aníbal
Tras la aplastante victoria de Aníbal en Cannas (216 a.C.), el miedo al poder romano se desvaneció. Los samnitas (junto con lucanos y brutios) vieron la oportunidad perfecta para recuperar su independencia y se rebelaron contra Roma, uniéndose al ejército de Cartago.
- Aporte militar: Suministraron a Aníbal miles de excelentes soldados de infantería y bases seguras en las montañas del sur de Italia.
- El trágico final: Aníbal acabó perdiendo la guerra y tuvo que abandonar Italia. Roma jamás perdonó la traición de los itálicos. Los samnitas fueron duramente castigados, perdiendo tierras y autonomía. Su resistencia final ocurrió un siglo después en la Guerra Social (91–88 a.C.), tras la cual el general romano Sila ordenó una limpieza étnica tan brutal que los samnitas desaparecieron prácticamente de la historia como pueblo independiente.
Cartago contrató y reclutó a miles de itálicos, pero casi exclusivamente durante la fase final de la presencia de Aníbal en Italia y tras su aplastante victoria en la Batalla de Cannas (216 a.C.) [].
Para los itálicos, unirse a Cartago no fue un simple contrato comercial por dinero (mercenariado puro); fue una alianza política y militar para sacudirse el yugo de la República de Roma [].
El ejército cartaginés integró a los pueblos itálicos mediante los siguientes mecanismos:
- Las regiones itálicas que se unieron a Cartago
Tras demostrar que Roma no era invencible, el sur de Italia se rebeló en cadena contra el Senado romano y juró lealtad a Aníbal:
- Los Samnitas y Lucanos: Aportaron robustos contingentes de infantería pesada y ligera []. Llevaban décadas combatiendo en las legiones romanas como aliados forzosos, por lo que conocían a la perfección las tácticas de Roma.
- Los Brutios (de la actual Calabria): Se convirtieron en el refugio más leal de Aníbal durante sus últimos años en Italia. Los guerreros brutios formaron el núcleo duro de su infantería veterana.
- Los Campanos (Capua): La segunda ciudad más rica de Italia traicionó a Roma y abrió sus puertas a Aníbal, aportando jinetes de aristocracia campana y suministros vitales [].
- El “Tercer Cuerpo” en la Batalla de Zama (202 a.C.)
Cuando Aníbal fue llamado de regreso a África para defender Cartago contra el general romano Escipión el Africano, se llevó consigo a sus tropas más fieles de Italia [].
En la decisiva Batalla de Zama, la tercera línea de combate de Aníbal (su reserva de élite y veteranos) estaba compuesta casi en su totalidad por unos 15.000 a 20.000 soldados itálicos (principalmente brutios y samnitas) []. Estos hombres lucharon con una ferocidad desesperada, ya que sabían que si Roma ganaba la guerra y los capturaba vivos, serian ejecutados inmediatamente como traidores a la patria.
- El problema de la diversidad de armas
A diferencia de los galos (que luchaban semidesnudos con espadas largas) o los íberos (con falcatas y escudos ovalados), los itálicos estaban equipados de forma idéntica a los propios romanos (con el gran escudo rectangular scutum y jabalinas pilum) [, ]. Para evitar confusiones letales en el caos de la batalla, Aníbal solía mezclarlos con sus veteranos libios o reagruparlos en las alas del ejército con oficiales que dominaban el idioma osco (la lengua de los itálicos del sur).
Los propios ciudadanos de Cartago sí luchaban, pero sus roles estaban muy definidos:
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Los Oficiales y Generales: Prácticamente el 100% del alto mando (la familia de Aníbal, los oficiales de estado mayor y los estrategas) eran aristócratas cartagineses [].
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El Batallón Sagrado: Como vimos, una unidad de élite de hasta 3.000 ciudadanos ricos de infantería pesada [].
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Defensa de Emergencia: Si la mismísima ciudad de Cartago era atacada (como ocurrió en la Tercera Guerra Púnica), toda la población civil —hombres, mujeres y ancianos— se armaba y combatía con un fanatismo total.
- Los Súbditos del Imperio (Soldados de Leva)
Cartago controlaba vastos territorios en el norte de África (Libia) y la península ibérica. Los habitantes de estas zonas no eran mercenarios a sueldo; eran súbditos obligados a servir por ley o por tributo:
- Infantería Libio-Fenicia: Era la columna vertebral y el verdadero muro de Aníbal. Eran soldados africanos reclutados de forma obligatoria, equipados como falangistas griegos (y luego con armaduras romanas capturadas) []. Eran soldados regulares del Estado, no mercenarios.
- Leas Íberas: Tras la conquista de Hispania por los Bárcidas, muchas tribus íberas firmaron tratados de sumisión que las obligaban a entregar guerreros al ejército cartaginés como parte de sus impuestos. [1]
- Los Aliados Políticos (Guerra por Interés)
Muchos pueblos luchaban junto a Cartago porque compartían un enemigo común (Roma), no por dinero []:
- Los Galos y los Itálicos (Samnitas, Brutios): Se unieron a Aníbal en Italia mediante alianzas políticas para destruir el poder de la República romana y recuperar su independencia [, ].
- Los Númidas: Inicialmente eran aliados dinásticos (el príncipe númida Naravas se alió con Cartago tras casarse con la hermana de Aníbal) antes de que las guerras civiles del norte de África cambiaran sus lealtades.
- Los Mercenarios Puros (A sueldo)
Por último, existía el contingente mercenario profesional, contratado por su habilidad única en el Mediterráneo:
- Honderos Baleares: Famosos por su puntería letal.
- Celtíberos y Ligures: Mercenarios contratados para campañas específicas. [1]
Los lanceros libios (a menudo llamados infantería libia o libio-fenicia) eran la columna vertebral absoluta del ejército de Cartago. No eran mercenarios; eran soldados regulares y súbditos del imperio africano.
Aníbal Barca confiaba en ellos más que en cualquier otra unidad. Eran su seguro de vida en el campo de batalla.
- Provenían de las regiones agrícolas del norte de África controladas por Cartago (la actual Túnez y el oeste de Libia).
- El Estado cartaginés los reclutaba mediante levas obligatorias. Recibían un entrenamiento militar profesional y continuo, lo que los convertía en soldados disciplinados y curtidos.
Los lanceros libios cambiaron por completo su forma de luchar durante la Segunda Guerra Púnica gracias al genio de Aníbal:
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La fase inicial (Estilo Griego): Al principio de la guerra, luchaban como una falange tradicional de estilo helenístico. Vestían armaduras de lino prensado (linotorax), cascos de bronce y grandes escudos redondos. Su arma principal era una lanza larga de empuje.
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La revolución de Aníbal (Estilo Romano): Tras aplastar a las legiones romanas en las batallas de Trebia y el Lago Trasimeno, Aníbal ordenó a sus lanceros libios despojar a los cadáveres romanos de sus armaduras y escudos.
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El camuflaje letal: En la Batalla de Cannas, los lanceros libios aparecieron equipados con las cotas de malla de hierro (lorica hamata) y los grandes escudos rectangulares (scutum) de los romanos. Esto no solo multiplicó su protección, sino que confundió por completo a las legiones, que no sabían si los hombres que tenían enfrente eran amigos o enemigos hasta que fue demasiado de tarde.
- Su papel en el “Yunque y el Martillo”
En las batallas, Aníbal utilizaba a los galos e íberos en el centro para desgastar y absorber el golpe del enemigo. Guardaba a los lanceros libios ocultos y frescos en los extremos de su línea de infantería.
Cuando los romanos avanzaban creyendo que ganaban, los lanceros libios realizaban un giro perfecto de 90 grados y flanqueaban a las legiones por ambos lados, cerrando las paredes de la trampa mientras la caballería númida atacaba por la espalda.
Los arqueros mauritanos fueron unidades de hostigamiento ligero fundamentales para el Imperio Cartaginés. Provenían de Mauretania, una vasta región del norte de África que abarcaba el actual Marruecos y el oeste de Argelia, habitada por tribus bereberes (los mauros o mauritanos).
Aportaron al ejército de Cartago una movilidad extrema y una gran capacidad de desgaste antes del choque de las líneas principales.
Utilizaban un arco simple (o self-bow) fabricado con maderas locales muy flexibles.
Utilizaban frecuentemente puntas de flecha impregnadas en venenos vegetales o de serpiente.
Sus flechas eran delgadas y ligeras, diseñadas para el fuego de saturación a media distancia y no para perforar armaduras pesadas.
No combatían en formaciones cerradas. Su función era la de escaramuzadores o hostigadores:
Vestían únicamente túnicas cortas de lana y, a menudo, una piel de leopardo o león al hombro que usaban a modo de capa y escudo rudimentario. Esto los hacía extremadamente rápidos a pie.
Operaban en perfecta sintonía con la famosa caballería ligera númida. Mientras los jinetes atraían al enemigo, los arqueros mauritanos salían de emboscadas ocultas entre la maleza o las dunas para acribillar los flancos expuestos de las legiones romanas.
En la batalla final de la Segunda Guerra Púnica, Aníbal confió firmemente en ellos para abrir el combate:
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Aníbal colocó a los arqueros mauritanos en la primerísima línea de batalla, mezclados con los mercenarios ligures y celtas.
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Su misión era disparar ráfagas constantes de flechas para hostigar a los soldados de Escipión el Africano mientras los 80 elefantes de guerra de Cartago cargaban contra el centro romano.
Tras la destrucción de Cartago, el Reino de Mauretania pasó a ser un estado cliente de Roma. Las legiones romanas quedaron tan impresionadas por su puntería y agilidad que los integraron en sus propias filas como tropas auxiliares (auxilia). Durante el Imperio Romano, los arqueros mauritanos fueron enviados a vigilar fronteras tan lejanas como el Muro de Adriano en Gran Bretaña o las regiones del Danubio.
En resumen, el genio de Aníbal no consistía en “comprar” un ejército, sino en lograr que una mezcla de ciudadanos, súbditos forzosos, aliados políticos y mercenarios a sueldo funcionara como una sola máquina militar perfectamente engrasada [].
¿Te gustaría saber cómo financiaba Cartago los inmensos costes de este ejército, o prefieres conocer cómo eran los castigos militares para mantener la disciplina entre tropas tan diferentes?
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Amílcar es un personaje colosal para tu artículo de divulgación de 0 A.D. porque es, literalmente, el hombre que conquistó y fundó el imperio cartaginés en España (Hispania) para financiar la venganza de su familia contra la República Romana.]
Aquí tienes los hitos de Amílcar para tu borrador de notas:
- El significado de su nombre: “El Rayo”
El apellido “Barca” no era un apellido familiar común, sino un apodo militar que significaba “Rayo” (Baraq en idioma fenicio). Se lo ganó por sus tácticas hiperrápidas de guerrilla marítima y terrestre en Sicilia durante la Primera Guerra Púnica, donde los romanos jamás lograron derrotarlo en campo abierto.
Tras perder la primera guerra contra Roma debido al hundimiento de la flota cartaginesa, Amílcar se negó a rendirse.
El juramento: Antes de partir hacia España, llevó a su hijo Aníbal (que solo tenía 9 años) ante el altar del dios Baal y le hizo jurar: “Nunca serás amigo de Roma”.
La mina de plata del Mediterráneo: Amílcar desembarcó en Cádiz y comenzó a conquistar el sur de la península ibérica. Usó las riquísimas minas de plata de España para pagar las deudas de Cartago y reclutar a miles de los feroces peltastas hispanos (íberos y celtíberos) con sus espadas falcata.
Amílcar murió durante el asedio a una ciudad íbera llamada Helike (que los historiadores sitúan en la actual Elche o en Alicante). Al verse rodeado por una emboscada de jinetes íberos, para salvar la vida de sus hijos Aníbal y Asdrúbal, Amílcar desvió la atención del enemigo huyendo a caballo hacia un río crecido, donde terminó ahogándose. Murió protegiendo el futuro de su estirpe.
¡Has llegado al general más brillante e icónico de toda la facción cartaginesa! Aníbal Barca (247 a.C. – 183 a.C.) es el hijo de Amílcar Barca [1.25]. Es el niño que juró odio eterno a Roma ante el altar de Baal y que, al crecer, cumplió su promesa desatando la Segunda Guerra Púnica.
Aníbal está considerado uno de los mayores genios militares de todos los tiempos. Su inclusión en 0 A.D. como héroe es espectacular porque sus habilidades en el juego rinden un homenaje perfecto a sus tácticas psicológicas y a su capacidad para liderar ejércitos multiculturales.
Aquí tienes sus hitos históricos más brutales para tu artículo de divulgación:
- La hazaña de los Alpes (Guerra psicológica contra la naturaleza)
- El plan imposible: Para sorprender a Roma, Aníbal hizo algo que los romanos consideraban un suicidio militar: cruzó los Pirineos, las selvas de la Galia y los mismísimos Alpes nevados en pleno invierno con un ejército de 38.000 soldados, 8.000 caballos y 37 elefantes de guerra.
- La pérdida del ojo: La travesía fue un infierno: murieron miles de hombres y casi todos los elefantes debido al frío y los desprendimientos. El propio Aníbal contrajo una infección en los ojos debido a la humedad de los pantanos del norte de Italia y perdió la visión de su ojo derecho. A partir de ese momento, gobernó su imperio y dirigió las batallas con un parche, convirtiéndose en una figura imponente en el campo de batalla.
La Batalla de Cannas (216 a.C.): La obra maestra de la estrategia
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Es la batalla que se sigue estudiando hoy en día en West Point y en todas las academias militares del mundo. Aníbal se enfrentaba a un ejército romano que le doblaba en número (80.000 romanos contra 40.000 cartagineses).
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La táctica del lazo: Colocó a sus tropas galas e hispanas menos experimentadas en el centro en forma de arco apuntando al enemigo. Cuando los romanos cargaron con toda su fuerza, el centro de Aníbal empezó a retroceder de forma controlada, cediendo terreno. Los romanos, creyendo que ganaban, se metieron de lleno en el embudo. En ese momento, la infantería pesada africana de Aníbal los flanqueó por los lados y su caballería les cerró la espalda. Rodearon por completo al ejército romano y masacraron a 70.000 legionarios en un solo día. Roma entró en pánico total.
El exilio y el veneno
Tras ser finalmente derrotado en la Batalla de Zama por Escipión el Africano, Aníbal tuvo que huir de Cartago. Terminó refugiándose en Oriente, actuando como asesor militar del rey Antíoco III el Grande. Al final, acorralado por los romanos en Bitinia y negándose a ser exhibido en cadenas por las calles de Roma, decidió suicidarse tomando el veneno que siempre llevaba escondido en un anillo.
Maharbal (fallecido en torno al 203 a.C.) fue el comandante de caballería de élite y mano derecha de Aníbal durante toda su campaña en Italia. Era el jefe absoluto de los temibles jinetes númidas.
Maharbal comandaba a los númidas (guerreros del norte de África). No usaban armadura, montaban a caballo sin silla ni riendas (solo con una cuerda al cuello) y llevaban jabalinas y escudos de cuero.
Aparecían de la nada, acribillaban a las legiones romanas a jabalinas y, cuando los romanos intentaban cargar, los númidas de Maharbal huían a toda velocidad para volver a atacar por la espalda dos minutos después. Desesperaron a Roma durante quince años.
- La frase mítica tras la masacre de Cannas
En la Batalla de Cannas (216 a.C.), tras ejecutar la maniobra de envolvimiento perfecta, Maharbal y su caballería masacraron a decenas de miles de romanos. Con el ejército de Roma completamente destruido y la ciudad desprotegida a pocos días de marcha, Maharbal se acercó a Aníbal eufórico y le imploró lanzar una carga inmediata contra la capital: “¡Envía por delante a mi caballería! En cinco días cenarás victorioso en el Capitolio de Roma”.
Aníbal, frío y calculador, sabía que sus hombres estaban exhaustos, no tenían maquinaria de asedio y que Roma seguía teniendo murallas gigantescas. Decidió frenar y no marchar.
Maharbal, frustrado por la prudencia de su general, le miró a los ojos y pronunció la frase que ha pasado a los libros de historia militar: “Los dioses no lo dan todo a una misma persona. Sabes cómo ganar una batalla, Aníbal, pero no sabes cómo usar tu victoria”.
La leyenda de Dido
La leyenda clásica sobre la fundación de Cartago cuenta que fue la princesa Elisa de Tiro conocida como Dido quien la fundó en el año 814 AC. Todo comenzó en Tiro, la gran ciudad-estado fenicia en la costa del actual Líbano. El rey de la ciudad, Mattan, tenía dos hijos: un varón llamado Pigmalión, y una mujer llamada Elisa. Tras la muerte del padre, los hermanos se disputaron la sucesión al trono. Elisa, quizá por intereses políticos y hereditarios, contrajo matrimonio con su tío paterno, Acerbas, sacerdote de Melkart, quien reunía en su entorno un enorme poder político y militar, así como una gran fortuna. Pero Pigmalión, por miedo a perder su posición, asesinó brutalmente a Acerbas. Durante un tiempo Dido disimuló su horror, pero solo para preparar mejor su huida de la ciudad, llevándose consigo los inmensos tesoros de su esposo, que su hermano codiciaba.
Elisa huyó de Tiro con su hermana pequeña y un séquito de hombres y mujeres que le eran fieles para fundar una nueva colonia. Elisa no recaló en ninguna de las colonias fenicias del Mediterráneo, sino que decidió marchar a tierras desconocidas.
En su primera escala, en Chipre, la comitiva se acrecentó con nuevos colonos fenicios. Asimismo, con el beneplácito de los sacerdotes del templo de Astarté, Elisa se llevó a unas 80 mujeres jóvenes para casarlas con sus seguidores y fundar una nueva colonia. Tras escuchar un oráculo que anunciaba la fundación de una nueva ciudad, Dido y sus seguidores partieron de Chipre y prosiguieron la ruta hasta alcanzar la costa del actual Túnez.
Fundación de Cartago por Dido, se ve a la princesa subida a la colina de Birsa. Autor de Steve Noon
Cuando los fenicios desembarcaron en una bahía junto a la que se alzaba una colina, la población indígena trató de impedir que se instalaran allí. Por ello, Dido debió pactar con Hiarbas, un reyezuelo local de la tribu de los gétulos, al que convenció de que le vendiera el terreno que abarcase una piel de un buey extendida, diciendo que era para que sus compañeros, fatigados, pudieran descansar antes de zarpar de nuevo. Pero la hermosa princesa hizo cortar la piel en finas tiras y así obtuvo la superficie suficiente como para fundar su ciudad. Parece que el nombre de Byrsa »Piel de toro», con el que se conoce a la colina en la que se ubicó la acrópolis de Cartago, recuerda ese acontecimiento. Elisa fue coronada como reina, y sus súbditos la bautizaron como Dido.
Dido cortando la piel de toro para la fundación de Cartago. Autor Mathias Merian el Viejo. Fuente Historische Chronica Frankfurt
La leyenda cuenta que el rey ingeniosamente engañado por Dido quedó prendado de su belleza e inteligencia y se propuso a toda costa tomarla como esposa. Expuso su pretensión a un grupo de notables fenicios, a los que amenazó con declararles la guerra si no convencían a la princesa. Dido, entre sollozos y lamentos, les aseguró que haría lo que pedían, pero al cabo de tres meses mandó erigir una pira en las puertas de la ciudad, se subió a ella y se atravesó el pecho con un cuchillo para no casarse.
Muerte de Dido reina de Cartago. Autor Joseph Stallaert, Royal Museums of Fine Arts of Belgium.
Forma de gobierno
Si bien, el consenso actual es afirmar que la ciudad fue fundada entre los años 825 y 820 AC. Según una inscripción del rey asirio Salmanasar III se fundó con el nombre de Qart-Hadast, que significa »Ciudad Nueva», un topónimo que los fenicios utilizaron para sucesivos asentamientos fenicios de similar carácter en Chipre, Cerdeña, el norte de África y España.
Inicialmente fue gobernado por una oligarquía de ricas familias, que nombraban a dos gobernadores o shophets (sufetes) de la ciudad y que eran aprobados por la metrópoli. Sin embargo, en 574 AC un evento de mayor alcance tuvo lugar cuando Tiro perdió su independencia frente a la nueva superpotencia en el Levante, los babilonios, dirigidos por Nabucodonosor, que tomaron la ciudad. Posiblemente se creó un cierto vacío de poder y se consolidó el sistema de gobierno centrado en los dos shophets (sufetes), a los que algunos llamaron reyes. Uno ostentaba el cargo militar y el otro el cargo civil, y eran elegidos anualmente entre los individuos pertenecientes a las familias más acaudaladas e influyentes de Cartago.
Había un Gran Consejo compuesto por 300 miembros de las familias más ricas de Cartago. Entre ellos se elegían a los sufetes y a los miembros de la Asamblea de los Cien.
Pero para controlar la acción de ambos sufetes, se creó una asamblea de 104 miembros a la que se denominó la Asamblea de los Cien, que los romanos llamaron el senado de Cartago.
El cargo en la Asamblea era hereditario, y lo ostentaban las grandes familias encumbradas en el poder por mucho tiempo, debido a las cualidades de sus individuos y a sus grandes riquezas.
Hasta el 454 AC se estuvo pagando tributo a las tribus libias por la renta del territorio, desde entonces se las dominó y utilizó como mano de obra para el campo y como soldados.
Magón I, (550– 530 AC) inició una serie de reformas que consolidaron el poder y la reglamentación militar de la ciudad. El núcleo militar era la falange hoplita según la costumbre de la época. El máximo de tropas reclutadas puede estimarse a partir de la capacidad de los cuarteles situados en los tres anillos de murallas que protegían la ciudad, que ofrecían alojamiento a 24.000 infantes, 2.000 jinetes, unos 300 elefantes, y 1.000 carros de guerra.
Religión cartaginesa
La religión cartaginesa era una continuación directa de la variedad fenicia de la antigua religión cananea politeísta. Sin embargo, a lo largo de los siglos se desarrollaron importantes diferencias locales tras la fundación de Cartago y otras comunidades púnicas en otras partes del norte de África, el sur de España, Cerdeña, Sicilia occidental y Malta. Tras la conquista de estas regiones por el imperio romano en los siglos III y II AC, las prácticas religiosas púnicas continuaron, sobreviviendo hasta el siglo IV DC en algunos casos. Las fuentes sobre religión púnica son pobres.
Es difícil reconstruir una jerarquía de dioses cartagineses. Era común que los panteones de las ciudades fenicias estuvieran encabezados por una pareja divina, titulada Baal (señor) y «Baalat» (dama). En Cartago, esta pareja divina parece haber estado formada por el dios Baal Hammon (equivalente a Zeus) y la diosa Tanit (equivalente a Hera), que aparecen con frecuencia en las inscripciones del tophet de Salammbô, con el que parecen haber estado especialmente asociados. Desde el siglo V AC, Tanit comienza a ser mencionada antes de Baal Hammon. Un símbolo antropomórfico, compuesto por una cabeza circular, brazos horizontales y un cuerpo triangular, que se encuentra con frecuencia en las estelas cartaginesas, es conocido por los estudiosos modernos como el signo de Tanit, pero no está claro si los propios cartagineses lo asociaron con Tanit. Los dioses Eshmún (equivalente a Esculapio) y Melqart (equivalente a Heracles) también tenían sus propios templos en Cartago. Los sacerdotes de otros dioses son conocidos por evidencia epigráfica, incluidos Ashtart (Astarte equivalente a Daimon), Reshef (equivalente a Apolo), Baal Sakon (equivalente a Poseidón) y Baal Shamen (equivalente a Ares).
Los sacerdotes, al igual que los romanos, realizaban sacrificios, incluso, hacían sacrificios humanos en casos extremos (los romanos sacrificaron galos después de la batalla de Cannas). Hay un debate sobre si sacrificaron niños. Niños y niñas que apenas contaban unas semanas de vida fueron encontrados en los tofets (zonas sagradas donde se enterraban a niños). Las inscripciones sobre las losas de las tumbas eran dedicatorias de los padres a los dioses que finalizaban con el ruego de ser escuchados y bendecidos. Hay que tener en cuenta el elevado nivel de mortalidad que había entre los niños.
Diodoro Sículo narra como los cartagineses vencidos por los griegos de Sicilia el 310 AC, atribuyeron la derrota a la cólera de los dioses y para conjurarla, sacrificaron a Baal-Hammon (Diodoro lo traduce bajo la acepción griega de Cronos) 500 niños de familias nobles. Entre los pecados, que según los cartagineses, habían despertado la cólera de Baal y el abandono de sus favores con la consiguiente derrota del 310 AC, Diodoro señala el que los aristócratas habían dejado de sacrificar a sus propios hijos sustituyéndolos por jóvenes esclavos.
Aún admitiendo como verídico el suceso del rito propiciatorio, cabría, tal vez poder aducir exageración en la cifra de los inmolados, 500 niños sacrificados en una misma ceremonia parece demasiado. El episodio suscitó el escándalo entre los historiadores clásicos que reiteradamente hacen alusión a él como arma ideológica arrojadiza en contra de sus adversarios púnicos.
Puertos de Cartago
La ciudad de Cartago poseía dos grandes puertos, el comercial y el militar, que le permitieron dominar militar y comercialmente el Mediterráneo Occidental. El acceso a los puertos desde el mar venía facilitado por una entrada de unos 21 m de ancho, que en caso de necesidad era cerrada con una cadena de hierro. Los dos puertos estaban unidos por un estrecho canal navegable. Fueron construidos artificialmente, en lo que fue una gran obra de ingeniería, admirados y envidiados, y siendo los más famosos de la Antigüedad.
El puerto civil era de forma rectangular. Allí fondeaban las naves comerciales, que en su mayoría importaban garum, trigo, púrpura, marfil, oro, estaño y esclavos de las factorías, de las colonias y de las explotaciones agrícolas creadas en numerosos enclaves costeros a lo largo del Mediterráneo. Las exportaciones a otras ciudades, colonias o pueblos costeros nativos de las costas del Mediterráneo occidental fueron mercancías manufacturadas, vidrios, cerámicas, objetos de bronce o hierro, y tejidos de púrpura.
El puerto militar era de forma redonda y albergaba en su interior una isla artificial también circular. La isla era la sede del almirantazgo, y su acceso era restringido. El puerto militar, según las fuentes clásicas, podía albergar 220 barcos de guerra, y sobre los hangares se levantaron almacenes para los aparejos. Delante de cada rada se elevaban dos columnas jónicas, que dotaban a la circunferencia del puerto y de la isla el aspecto de pórtico. Los restos arqueológicos descubiertos han permitido extrapolar la capacidad de acogida del sitio: 30 diques en la isla del almirantazgo y de 135 a 140 diques en todo el perímetro. En total, de 160 a 170 diques, podían albergar tantos barcos de guerra como han sido identificados.
Por debajo de los diques de la dársena se situaban los espacios de almacenaje. Se ha supuesto que, en cada dique, podían tener cabida dos filas de barcos. En medio del islote circular, había un espacio a cielo abierto, a cuyo lado se levantaba una torre. Los diques podían tener sobre todo la función de astillero naval.
Murallas de Cartago
En la primera noticia que tenemos en los textos antiguos de las fortificaciones de Cartago, éstas se remontan al siglo VI AC, aunque han podido ser anteriores. Por otra parte, no hay duda de que el sistema defensivo de la ciudad debió cambiar con el transcurso del tiempo hasta albergar toda la península, cerrando también el istmo que la unía al continente. Muy poco es lo que se conserva actualmente de las grandes murallas de Cartago, formadas por un muro simple en los lugares más escarpados y otro triple en aquellos, que como el istmo, precisaban de una mejor defensa.
Este sistema defensivo se encontraba precedido, en el istmo, sin duda la parte más adecuada para realizar un ataque desde tierra, por un gran foso y algunas fortificaciones menores que lo protegían.
La muralla marítima, realizada en enormes bloques de gres, estaba revestida de un fino estuco blanco y rematada por cornisas moldeadas. Las excavaciones arqueológicas también han determinado que la monumental Puerta Nueva que se abría en ella, y a la que también podríamos llamar con toda justicia Puerta del Mar, estaba flanqueada por dos torres, y se construyó en siglo V AC. Más tarde, a finales del III AC, desaparecerá, cerrándose todo el muro, al mismo tiempo que el espacio libre entre las últimas casas del barrio del siglo V A C y la muralla meridional es ahora ocupado por una retícula compacta de viviendas de planta más amplia que las precedentes, y centradas en torno a holgados peristilos.
Según una descripción de Apiano en tiempos de las guerras contra Roma presentaba el siguiente aspecto:
»La parte de la ciudad que daba al mar, al borde de un precipicio, estaba protegida por una muralla simple. La parte que miraba hacia el sur, hacia el continente, donde estaba la ciudad de Birsa, estaba guarnecida en el istmo por una triple muralla. La altura de cada una de estas murallas era de treinta codos, sin contar las almenas y las torres, que estaban colocadas por toda la muralla a intervalos de dos pletros; cada uno tenía cuatro pisos y su profundidad era de treinta pies. Cada lienzo de muralla estaba dividido en dos pisos. En la parte inferior, cóncava y estrecha, había establos para trescientos elefantes y, a lo largo de ellos, estaban los abrevaderos; encima había establos con capacidad para cuatrocientos caballos y almacenes para el forraje y el grano. También había barracas para veinte mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes. Tan gran preparativo para la guerra estaba distribuido para albergarse solo en el interior de la muralla. El ángulo que se curva desde esta muralla hasta el puerto, a lo largo de la lengua de tierra mencionada, era el único punto débil y bajo…»

Murallas de Cartago, se puede apreciar la triple muralla terrestre y la sencilla muralla marítima, también se aprecia los puertos civil y militar. Autor Jean Claude Golvin
Cartago inició una expansión económica que le llevó a chocar con la otra potencia que era Grecia, a la que se enfrentó en Córcega, Cerdeña, Marsella e Iberia, donde cerraron el estrecho de Gibraltar a los griegos.
En la Primera Guerra Siciliana en el 480 AC, tras la muerte de Amílcar I, derrotado por los griegos en la batalla de Hímera, las grandes familias perdieron gran parte de su poder en manos del Senado.
Término púnico
A los cartagineses se les denominaba púnicos. Unos dicen que los griegos llamaban a los fenicios «Phoinikoi” que significa dátil, dado que vivían en zonas donde se daban las palmeras. Otra versión dice que viene de φοῖνιξ (poinix) que era el término griego de púrpura, debido al desarrollo de este tinte, que solo ellos sabían obtener y que aplicaban a las capas, utensilios militares e incluso las velas de los barcos que los distinguían del rojo de los griegos y romanos. Los griegos fueron los primeros en denominarlos con este término que fue posteriormente usado también por los romanos.
Murallas muy fuertes

Maestros del comercio en el Mar Mediterráneo





Los cartagineses eran un pueblo de comerciantes que no sentían ninguna devoción hacia la guerra, solo la empleaban como último recurso. Como toda sociedad comercial no había ciudadanos disponibles para alistarse en el ejército, dado que conseguían mucho más dinero como comerciantes, por lo tanto tenían que recurrir al servicio de mercenarios.
Los púnicos, como todos los comerciantes, no estaban interesados en conquistas territoriales, sino en tener puntos estratégicos fácilmente defendibles y desde donde podían llevar a cabo su comercio.
Los estrategos o generales eran miembros de la Asamblea o Senado Púnico; a partir del siglo III eran elegidos por la Asamblea y en casos excepcionales por las propias tropas como fue el caso de Aníbal y sus hermanos, si bien debían estar sometidos a las órdenes del gobierno de Cartago, siendo este el que controlaba las campañas y tomaba las decisiones.
Los generales podían ser cesados después de una derrota e incluso en los primeros tiempos de Cartago, ser crucificados. En los tiempos de la Segunda Guerra Púnica dejó de suceder y los estrategas derrotados eran solo apartados del mando.
Sus fuerzas armadas tenían dos pilares fundamentales: la marina de guerra y el ejército.
Los datos parecen indicar que el tamaño medio de la flota era de unas 150 unidades, llegándose a equipar en casos de extrema necesidad hasta 200 barcos de combate (el puerto de Cartago llegó a tener capacidad para algo más de 200 barcos). Se puede diferenciar entre dos tipos de flotas:
- La flota de combate, que son las que hasta ahora se han comentado, compuestas por buques de guerra y cuya misión era el enfrentamiento con una flota enemiga análoga, o el bloqueo de lugares estratégicos.
- La flota de invasión, correspondiente a acciones mixtas, donde además de la supremacía marítima se pretende obtener el dominio en tierra mediante el desembarco de infantería y caballería.
En cuanto al tipo de barcos empleados había cuatro tipos:
- Penteconteras (Monorreme/birremes) tenían 25 m de longitud y empleaban 50 remeros en dos niveles, además tenían 10 marineros, se emplearon desde su fundación hasta el siglo VI AC.
- Trirreme fue diseñada por los fenicios, se generalizó en el Mediterráneo entre los siglos VII y IV AC. Era un barco de 36 m de eslora, y llevaba una tripulación de unos 180 hombres: 170 remeros, ocho o diez para manejar velamen, y un grupo de soldados. Al estar los remeros colocados en tres alturas, se triplicaba la fuerza sin ampliar la longitud del barco y sin que se estorbasen unos a otros.
- Tetrera o cuatrirreme, a partir del siglo IV AC, en los astilleros de Cartago se transforma en la tetrera, que dispone cuatro remeros para cada remo en un mismo banco, de ahí el nombre. Tenían una longitud de 40 m y una anchura de 6 m, con un calado no superior a los 2 m. La máxima velocidad posible era de cinco nudos, aunque la de crucero era de dos a tres nudos. La tripulación era de 240 hombres, respectivamente, manejando los treinta remos por lado, además de los marineros destinados a las velas.
- Pentera o quinquerreme tenían la misma longitud que la tetrera unos 40 m y una anchura de 6 m. La máxima velocidad posible era de seis nudos, aunque la de crucero era de tres nudos. La tripulación era de 300 hombres, respectivamente, manejando los treinta remos por lado, además de 50 marineros destinados a las velas y 120 hoplitas.
La flota cartaginesa desarrolló sus técnicas de combate durante las guerras con los romanos. Disponían de varias escuadras de doce barcos y podían formar flotas de ciento veinte barcos.
- El Dieciplus. Era una táctica que consistía en una salida simultánea y veloz de toda la Armada, dispuesta en línea para atravesar la flota adversaria entre barco y barco, dar un rápido giro y atacar con el espolón la popa de los barcos enemigos.
- El Periplus. Consistía en una táctica ofensiva, donde se colocaban al costado de un barco enemigo y viraban de repente para atravesar su costado con el espolón, de un golpe.
Se navegaba costeando el litoral de día y acampando en las playas para pasar la noche. En caso de necesidad, durante la noche se utilizaban tablas de distancia además de guiarse por las estrellas. También se usaban palomas mensajeras para ayudarse en caso de niebla.
El ejército cartaginés
El ejército reclutaba tres tipos de fuerzas: Las fuerzas propias, fuerzas aliadas y fuerzas mercenarias.
Las fuerzas propias
Incluía a los ciudadanos, que estaban obligados a ejercer el servicio militar para defender a la propia ciudad en caso de amenaza directa.
El reclutamiento local fue desapareciendo paulatinamente debido a la impopularidad del servicio militar entre ellos; prefiriendo pagar impuestos a servir como soldados de leva, con el dinero de los ciudadanos que no querían combatir se contrataban mercenarios, pero cuando no hubo más remedio se reclutaron a la fuerza como en la batalla de Zama y en la Tercera Guerra Púnica.
Los libio-fenicios eran la única etnia bajo el dominio cartaginés, y estaba obligada por ley a suministrar soldados a la metrópoli. Tenían interés en mejorar su status social, ya que hasta cierto punto eran considerados ciudadanos de segunda, siendo también interesantes para ellos los beneficios económicos que obtenían de la paga y sobre todo del botín de guerra. En la península Ibérica, a los descendientes de los fenicios y locales, también se les denominó libio-fenicios y se les concedieron los mismos derechos.
Las fuerzas aliadas
Los contingentes aliados, como la famosa caballería númida, eran aportados por pueblos o sus príncipes y permanecían agrupados por naciones, combatiendo según sus propios métodos y costumbres. Desde las primeras guerras de Sicilia, tropas aliadas, que no en pocas ocasiones eran incluso griegas, combatieron bajo el mando de un general cartaginés, y aún antes los etruscos aparecen como aliados de los cartagineses en la batalla de Alalia. Cartago tuvo aliados en Hispania, galos e itálicos, pero combatían bajo las órdenes de sus reyes y oficiales cada uno con sus sistemas de combate propios, por lo que los generales púnicos necesitaban de intérpretes para transmitir sus órdenes.
Los mercenarios
Desde mediados del siglo VI AC, como consecuencia de la reforma militar de Magón, contingentes de mercenarios habían sido incorporados al ejército cartaginés. Los mercenarios desempeñaron un papel notable en muchas de las guerras y su número aumentó con el tiempo, siendo su origen muy diverso: libios, ligures, corsos, etruscos, griegos, itálicos, iberos y galos. Los romanos tenían un juicio muy negativo de estos soldados de fortuna. Su lealtad no era hacia Cartago sino hacia el general que los mandaba. Este era un motivo por el cual los estrategas cartagineses no cambiaban todos los años como así pasaba con los romanos, ya que hubiera afectado muy negativamente a la combatividad de las tropas.
Los reclutadores púnicos recorrieron todos los confines del Mediterráneo atrayendo a los dominios cartagineses una pléyade de guerreros, aventureros y esclavos fugitivos. Los mercenarios junto con los pueblos aliados, un ejército plural que consiguió su mayor efectividad cuando un mando decidido y con ascendiente sobre la tropa fue capaz de conjugar grupos tan heterogéneos para combatir siguiendo los parámetros de la guerra compleja de grandes formaciones que requerían. Las unidades de mercenarios eran auténticas torres de babel, por lo que se agrupaban con otros similares. Se reclutaban individualmente o por grupos, y recibían una paga. Algunos llegaron a ser buenos soldados al servir durante años.
El cárnix (carnyx) era una impresionante y aterradora trompeta de guerra de la Edad del Hierro, utilizada principalmente por los pueblos celtas, galos y celtíberos (y que los romanos representaron en sus monedas y monumentos como símbolo del enemigo bárbaro).
Era un tubo de bronce larguísimo, de hasta dos metros de altura. El músico lo sostenía verticalmente para que la campana quedara muy por encima de las cabezas de los guerreros, permitiendo que el sonido viajara a gran distancia en mitad del caos de la batalla.
Su extremo superior estaba modelado con la forma de la cabeza de un animal fantástico o salvaje (habitualmente un jabalí con la boca abierta o un dragón). Algunas réplicas arqueológicas muestran que dentro de la boca de bronce colocaban una lengüeta móvil que vibraba al soplar, haciendo que pareciera que el jabalí cobraba vida.
El sonido que producía era áspero, ronco, bronco y extremadamente potente. Se utilizaba como una potente herramienta de guerra psicológica:
Los diferentes toques del cárnix servían para dar señales tácticas a los guerreros (avanzar, replegarse o cargar) por encima del griterío de la batalla. [
Celts
El ejército estaba compuesto de infantería, caballería, e ingenieros para el sitio de ciudades y cruce de ríos.
Infantería cartaginesa
La infantería cartaginesa comprendía la infantería pesada y la infantería ligera.
Infantería pesada cartaginesa
La infantería pesada fue una copia de la infantería helenística, hasta Jantipo usó unidades de hoplitas similares a las griegas. A partir de este momento adoptan la falange macedonia con sus sarissas. Aníbal, en su experiencia contra los hispanos, habría abandonado la falange empleada por su padre Amílcar, pasando a usar unidades menores similares al manípulo romano. Dentro de la infantería pesada contaba con el Batallón Sagrado, la infantería libio-fenicia, los íberos scutati, los celtíberos, infantería celta, ligures, y al final brucios, apulios y lucanos del sur de Italia.
Batallón Sagrado
Era la unidad más famosa, un cuerpo de élite similar al Batallón Sagrado de Tebas, que habitualmente no combatía fuera del territorio africano. Se situaba en el centro de la formación del ejército, inmediatamente detrás de los elefantes y protegido en las alas por los auxiliares mercenarios y la caballería. Eran adoradores del dios Baal, antiguo dios fenicio de la guerra. Estaba constituida por hijos de nobles de Cartago y poseían una gran preparación para el combate. Dada la condición social de sus integrantes, probablemente disponían del mejor equipamiento posible.
Su armamento y formación eran similares a los de los hoplitas griegos: lanza larga como arma principal, espada corta, escudo redondo de 90 cm, casco de bronce, grebas y coraza musculada de gran calidad, posteriormente linotorax de origen griego.
Combatían a pie y ejercían las funciones de guardia personal del general o del comandante cartaginés del ejército. Esta fuerza contaba con unos 2.500 hombres; en la batalla del Crimiso, en el año 341 AC, cuando el ejército cartaginés fue vencido por el de Timoleón, que mandaba al ejército siracusano, el Batallón Sagrado fue aniquilado. Aníbal llevó a unidades del Batallón Sagrado a Italia, y tras catorce años de campaña, dos tercios de aquellos hombres seguían luchando, es posible que fuesen utilizados como su guardia personal.
Infantería libio-fenicia
Anteriormente a la Primera Guerra Púnica, los libio-fenicios iban equipados con yelmos y corazas de hierro. Portaban grandes escudos blancos que protegían la mayor parte de su cuerpo, y marchaban en formación lenta y ordenada (muy probablemente al estilo de la falange griega). Les apoyaban contingentes de carros de guerra de diseño semita, muy utilizados en los conflictos coloniales.
A partir de Jantipo, formaban como los falangistas macedonios. Llevaban una pica pesada de unos 5 metros de longitud, con punta y contera de hierro, que se manejaba con ambas manos. Como armamento secundario portaban una espada larga para el combate a corta distancia. Como protección, un escudo redondo de 60 cm de diámetro y forma cóncava, que tenía con una empuñadura (antilabé) en su extremo y una correa (telamon) que permitía transportarlo con comodidad, al tiempo que, enrollada en el brazo izquierdo y pasada alrededor del cuerpo, permitía fijarlo mejor durante la carga. Estaban generalmente pintados de blanco. Los motivos decorativos más característicos eran la estrella, la palmera o el caballo, símbolos de la ciudad de Cartago, como demuestran sus monedas.
Como protección adicional llevaban un casco tracio con o sin carrilleras, con cimera metálica y cogotera saliente. Para proteger el dorso empleaban una placa pectoral de triple disco de bronce, en el que el disco inferior llevaba el rostro de Tanit; también llevaban linotórax de origen griego, que en el siglo III AC sería sustituida por las cotas de malla de procedencia itálica. Tambien llevaban grebas de bronce decoradas de caña alta que protegían la pierna desde el tobillo hasta por encima de la rodilla, y se aseguraban con correas de cuero. Bajo la armadura llevaban túnicas de color rojo, y calzaban sandalias.
Infanteria celta
Los celtas sirvieron como mercenarios en los ejércitos cartagineses desde, al menos, el siglo V AC.
Aníbal reclutó gran cantidad de infantería celta entre las tribus galas al norte del río Po. Los romanos llamaban a los celtas galos. Constituyeron el grupo de soldados más entusiasta entre las tropas de Aníbal, ya que se encontraban en guerra con los romanos, desde un siglo antes de que el cartaginés invadiera Italia.
Organizados en clanes, estas tropas actuaban como infantería pesada y vivían para la guerra, la gloria y el saqueo.
Su arma principal era una espada larga de doble filo, un arma cortante que podían blandir de lado a lado sobre su cabeza, dejándola caer después como si de un hacha se tratara. Durante la guerra de Breno contra Roma, esta técnica partía los escudos romanos. Para contrarrestar esto, los armeros romanos rediseñaron el escudo, añadiendo un forrado de metal al borde del mismo.
Originalmente, los galos no llevaban armadura y en ocasiones combatían completamente desnudos, mientras cargaban en tromba contra las formaciones enemigas, pues luchar sin armadura era para ellos signo de valor.
Los galos del ejército de Aníbal representaban a menudo casi la mitad de sus tropas. Luchaban individualmente y era prácticamente imposible hacerles maniobrar o adoptar formaciones de combate ordenadas.
Aníbal les usaba habitualmente como tropas de choque, para desgastar al enemigo, reservando su valiosa infantería africana. Esto tenía como consecuencia grandes cifras de bajas entre las filas galas, que aun así resultaban fácilmente reemplazables. Para los galos, sin embargo, la posibilidad de lanzarse al más arriesgado de los ataques era la mejor medalla que podían recibir, de modo que no se reducía su lealtad ni ferocidad.
Ligures
Los ligures eran un pueblo de origen íbero que habitaba al norte del golfo de Génova. Estaban muy influenciados por los pueblos galos que los rodeaban, e hicieron su aparición tardíamente en la Segunda Guerra Púnica (207 AC). No formaron parte del ejército de Aníbal, pero sí lo hicieron con los hermanos del héroe púnico. Como los hispanos y galos, ofrecían buenos guerreros con características de infantería de línea, y son referidos en las fuentes como más disciplinados y mejor dispuestos que los galos. Su armamento era varias jabalinas que lanzaban antes del choque, una espada tipo celta, un casco sencillo y un escudo alargado.
Brucios, apulios y lucanos
Tras la batalla de Cannas, muchas ciudades del sur de Italia se pasaron al bando cartaginés. Los brucios fueron de los primeros pueblos en jurar fidelidad a Aníbal.
Existen pocos datos sobre el armamento y la armadura de los apulios. En Conversano, localidad cercana a Bari, se halló una panoplia, que consta de cnémidas o grebas y coraza musculada griega, cinturón samnita y casco de tipo etrusco-corintio, con alas de bronce y plumas. El origen de este casco no era cubrir el rostro, sino que se utilizaba como tocado, y es probablemente del siglo VI AC. Los celtas, que invadieron la Italia central en el siglo IV AC, influyeron en el equipamiento militar apulio, como se desprende del hallazgo en una tumba de un casco y una coraza musculada celtas.
En cuanto a la indumentaria militar de los lucanos, se conserva en la Torre de Londres una panoplia que consta de una coraza de dos piezas, con el peto y el espaldar cuadrados, un casco ático con portaplumas de muelle, grebas con trabillas para las correas y un cinturón samnita. Otra armadura hacía del 300 AC, hallada en Paestum, consta de una coraza formada por un espaldar y un peto de tres discos, un casco ático similar al de Londres, grebas y un cinturón samnita.
Infantería ligera
La infantería ligera se desplegaba delante de la pesada y se dedicaba a hostigar a las fuerzas enemigas. Se replegaban cuando avanzaba la infantería pesada. También se colocaban en los flancos en apoyo de la caballería. Los infantes ligeros que empleaban eran los lonchophoroi, honderos de Baleares, e iberos caetrati.
Los lonchophoroi
Eran tropas ligeras procedentes de tribus libias, entre las que destacan los adyrmachidae de Marmárica, los garamantes e incluso infantes númidas, que eran muy capaces en este tipo de combate. Su equipo estaba compuesto por un escudo ligero, aunque con posterioridad adoptarían uno ovalado que proporcionaba mayor protección; un casco de fibra o de bronce; un puñado de jabalinas y espada. Combatían en orden abierto, siendo muy eficaces en las emboscadas, sabiendo sacar provecho de los accidentes del terreno. Los pueblos bereberes también aportarían tropas ligeras al ejército cartaginés, siendo sus armas más comunes la jabalina y el arco.
La caballería Cartaginesa
La caballería cartaginesa incluía los carros de guerra, elefantes de guerra, la caballería ligera y la caballería pesada
Carros de guerra
Aunque no se han encontrado ilustraciones de carros de guerra púnicos, existen relieves de vehículos fenicios y chipriotas, que se pueden asumir como similares. Según estos datos, los carros púnicos tenían un estilo similar, tanto en construcción como en tácticas de combate, a los carros asirios de los siglos VII y VIII AC.
Diodoro menciona el desplazamiento a Sicilia de 300 carros de guerra, más 2.000 pares de caballos de «reserva» durante la guerra contra Dionisio I de Siracusa.
Durante la expedición del 341 AC contra Timoleón, las cuadrigas cartaginesas avanzaron al frente del ejército y desempeñaron un papel decisivo para rechazar un ataque por sorpresa de la caballería siracusana, mandada por Damareto, sobre las tropas púnicas que cruzaban el río Crimiso. La movilidad de los carros, dotados de cuchillas en las ruedas, desbarató e hizo retroceder a la caballería siracusana. Para contrarrestar el embate de dichos vehículos, Timoleón atacó frontalmente con sus tropas de élite, venció y capturó 200 carros.
En los primeros combates, tras la invasión de África por el tirano Agatocles de Siracusa (310 AC), el ejército púnico alineó hasta 2.000 carros y 1.000 jinetes frente a los siracusanos, que carecían de tropas montadas. Pese a tal desproporción de fuerzas, la carga inicial de la caballería y los carros se estrelló contra la infantería enemiga, que minimizó el impacto de jinetes y vehículos. Sumado a ello, los arqueros y honderos les hostigaron con lanzamientos masivos de proyectiles, forzándoles a retroceder sobre su propia infantería, desbaratándola. El carro de guerra cartaginés dejó de utilizarse de forma generalizada después de esta campaña.
Elefantes de guerra
El ejército cartaginés utilizó los elefantes de guerra en su guerra contra Pirro (278 AC), siendo estos elefantes de origen hindú.
Cartago obtuvo inicialmente algunos elefantes asiáticos a través del Egipto Ptolemaico, que también le proporcionó conductores indios, base del futuro cuerpo de mahouts. Estos elefantes, de gran tamaño y de alrededor de 3 m de altura, podían ir equipados para el combate con una estructura de torre en la grupa, aunque no todos ellos solían llevarla. En este caso, su guarnición estaba formada por cuatro hombres: El mahout o conductor, generalmente de raza númida. Abrazaba al elefante protegiéndose con sus grandes orejas. Contaba con una aguja para espolear al animal, que podía clavar en su nuca si el paquidermo enloquecía. En la torre viajaban otros tres soldados: un arquero, un lancero equipado al modo hoplita y un oficial. Algunos comandantes púnicos gustaban de dirigir la batalla desde lo alto de un elefante, como el propio Aníbal al inicio de su campaña italiana.
Pero los púnicos no podían abastecerse permanentemente de animales indios, y capturaron elefantes africanos, en el área del Sáhara. Se trataba de la especie de elefante forestal denominada Loxodonta africana pharaonensis, hoy extinguida, de menor tamaño que los asiáticos. Su pequeño tamaño solo permitía la colocación de una pequeña torre en la grupa, en la que iban dos tripulantes un arquero y un lancero que iban bastante apretados. También se destinaron a labores de choque, siendo entonces controlados por un único mahout. Los romanos capturaron durante las décadas siguientes los pocos ejemplares que quedaban para que lucharan en el Coliseo de la capital o los circos romanos, en los espectáculos.
Los cartagineses emplearon por primera vez estos animales contra los romanos el año 262 AC y obtuvieron su primer triunfo en 255 AC, en la llanura del Bagradas. Allí, los 100 elefantes dispuestos por Jantipo al frente de la formación púnica, aplastaron a la infantería de Marco Atilio Régulo, en el que puede considerarse el mayor éxito de la fuerza de elefantes cartaginesa. Los romanos rechazaron a los mercenarios cartagineses que peleaban en la vanguardia, que chocaron con los elefantes y el resto de las líneas de su ejército.
Esta fase de la batalla de Agrigento (262 AC.) nos indica la forma de combatir que adoptó Hannón (que no tenía por qué ser la más común): los mercenarios luchaban en vanguardia, una decisión lógica, en cierto modo, pues así se evitaban deserciones y traiciones. Lo extraño es que los 60 elefantes combatieran en segunda línea. Esto hace pensar que quizá se utilizaran como plataformas de arqueros más que el choque, pues en segunda línea no podían embestir al rival, y, sin embargo, permitían a los arqueros situados en su grupa una línea de tiro directa hacia el enemigo.
Aníbal cruzó los Alpes con 37 elefantes africanos de los cuales solo sobrevivieron 2 para la batalla de Trebia. Sin embargo en la batalla de Zama presentó 80 elefantes.
Como en muchas ocasiones, constituían un arma de doble filo, puesto que al ser heridos, o morir su guía, podrían volverse incontrolables y cargar contra sus propias filas. Por ello, Asdrúbal Barca, hermano de Aníbal, incorporó para los guías un martillo y un cincel, para matar a los elefantes en estampida atravesando su espina dorsal.
Caballería pesada
La caballería pesada incluía la caballería de los ciudadanos, caballería libio-fenicia, y caballería celtíbera. Nunca llegaron a tener unidades parecidas a los catafractas de oriente.
Caballería de los ciudadanos
Los ciudadanos configuraron una parte significativa de la caballería púnica, diferenciada de los jinetes de otras caballerías. Estaban inspirados en los Hetairoi o Compañeros de Alejandro, y constituían una auténtica caballería pesada. Iban armados de forma similar a la infantería del Batallón Sagrado, eran reclutados entre las filas de la nobleza, que costeaba su caro equipamiento: cota de malla, yelmo y grebas, además de un pequeño escudo, dos lanzas (una corta para ser arrojada y otra más larga), y una espada corta de filo ancho. Se caracterizaban por llevar anillos de oro, uno por cada campaña en la que habían servido. No está claro si estos jinetes formaban parte del Batallón Sagrado, aunque probablemente formaran una entidad independiente de aquel. Constituían una mezcla de guardia personal y escuela de oficiales.
Caballería libio-fenicia
La caballería libio-fenicia constituía un cuerpo reducido, pero bien armado y organizado. Luchaban como caballería pesada, armados con lanza de acometida y espada para el combate cerrado, y protegidos con armadura de lino, casco de bronce y grebas. Al parecer, también portaban un escudo redondo. Por su parte, el caballo también estaba protegido por una pechera. Formaban en cuadro, consistiendo sus ataques en cargas controladas, pudiendo aguantar largos combates gracias las protecciones de jinete y caballo.
Caballería gala
Actuaba como caballería pesada en el ala izquierda junto a la hispana, y estaba compuesta por los príncipes y nobles. Solían llevar cota de malla, de la que se supone fueron sus inventores. Portaban un escudo redondo, lanza de acometida y una espada larga que llegaba a tener 90 cm y algunos portaban hachas. El yelmo era de lo más variopinto y profusamente adornado y un pantalón hasta el tobillo que sería posteriormente copiado por los romanos.
Las tácticas de la caballería celta eran muy sofisticadas, disparando jabalinas sobre el enemigo antes del contacto, atacándolo luego mediante cargas controladas, las cuales además podían concentrarse en un punto con el fin de romper las filas enemigas. Si una primera carga no surtía efecto, era seguida de otros con intervalos para descansar.
Caballería ligera
Como caballería ligera los cartagineses emplearon fuerzas reclutadas como los númidas, y la caballería íbera.
Caballería númida
Los jinetes númidas estuvieron presentes en todos los enfrentamientos importantes de las Guerras Púnicas hasta la derrota final de Cartago. Normalmente se situaban en el ala derecha de la formación. Fueron utilizados de forma masiva por Aníbal, que llegó a alinear más de 4.000 jinetes en Cannas y Escipión 6.000 en Zama.
Excelentes como caballería ligera, montaban sobre pequeños, ágiles y muy resistentes acostumbrados al clima duro de las estepas al norte del Sáhara. No usaban ni brida ni bocado y cabalgaban sin silla; guiando a sus caballos únicamente con el uso de una vara, una cuerda alrededor del cuello y el movimiento basculante del peso de su cuerpo.
Cumplían misiones de exploración, enlace y persecución de las tropas vencidas para aumentar el número de bajas. Estas características se pusieron de relieve en la batalla de Cannas, donde fueron incapaces de romper por sí solos las líneas de la caballería latina. Una vez rotas estas por la caballería pesada hispana, sin embargo, fueron los encargados de iniciar la persecución, con un éxito notable al incrementar en gran manera el número de bajas. Debido a su movilidad y rapidez para replegarse eran usados como cebo en las emboscadas.
Tito Livio refiere que llevaban dos caballos y saltaban del caballo cansado al fresco, muchas veces en lo más encarnizado de la refriega. No empleaban bridas y guiaban sus caballos con la presión de sus piernas y con las lanzas tal y como se guían los asnos en algunos países. Sin embargo, Estrabón afirma que pasaban cuerdas en torno al cuello del caballo, a modo de brida.
Usaban un escudo circular embrazado y jabalinas. Vestían, por regla general, una túnica corta sin ninguna protección corporal, algo problemático ante la acometida de una caballería pesada. Estrabón les retrata semidesnudos, exceptuando una piel de leopardo, que podían enrollar alrededor de su brazo izquierdo para que hiciera las funciones de escudo.
Su táctica principal consistía en el acercamiento al enemigo sin trabar combate en proximidad, hostigarle lanzándole dardos y atraerle a un terreno desfavorable para ser derrotado por el grueso de la caballería y los infantes púnicos.
Numidas
Orígenes
Cuenta Salustio que los primeros pobladores de África fueron los gétulos y los libios, gentes asperi incultique, faltos de leyes y costumbres que reglamentasen su vida y conducta.
Tras la muerte de Hércules en Hispania, su ejército se dispersó. De entre sus componentes, los persas, los medos y los armenios pasaron a África, uniéndose estos dos últimos a los libios, que habitaban en las proximidades del mar de África. Estos poseían ciudades importantes y al estar separados de España solo por el Estrecho, establecieron con este país relaciones comerciales. Los libios sustituyeron el nombre de los medos por la forma “mauros”.
Los persas, por su parte, se situaron en las proximidades del océano, mezclándose paulatinamente a través del matrimonio con los gétulos. Como se desplazaban frecuentemente intentando encontrar un territorio apropiado, se autodenominaron nómadas (ipsi Nomadas appellauare). Posteriormente, a causa del crecimiento demográfico, un grupo de jóvenes con el nombre de númidas, abandonaron el hogar paterno y se adueñaron de un país vecino a Cartago, al que llamaron Numidia.
Ambos pueblos, el antiguo y el nuevo, se prestaron mutuo apoyo, sometiendo por las armas o el terror a los pueblos limítrofes, alcanzando nombre y gloria, especialmente los númidas vecinos al Mediterráneo. Finalmente, casi toda la parte inferior de África cayó en manos de los númidas, tomando los vencidos el nombre del vencedor, con los cuales se confundieron.
Númidas en una partida de caza. (1) y (2) númidas de una tribu (3) jefe. Autor Adam Hook
Plinio, cita entre los 516 populi del África las tribus más importantes: Natabudes, Capsitani, Musulami, Sabarbares, Massyli, Nicives, Vamacures, Cinithi, Musuni, Marchubi, que hace seguir de la expresión tota Gaetulia, hasta el río Nigris que separa el África de Etiopía. La mayoría de los pueblos a excepción de los Musulami, Musuni, Capsitani, Cinithi y Nicives, se localizaban alrededor del territorio del Aurès, al oeste y al sur, zona que Ptolomeo liga a Mauretania.
Los númidas fueron unas tribus seminómadas bereberes que antiguamente vivían al este de la actual ciudad de Constantina en Argelia y en parte de lo que actualmente es Túnez y Marruecos. Estaban estructurados en tres grandes reinos: los mauros o mauris, los númidas masilos y los númidas masesilos.
Cartago, fundada por los fenicios en el 814 AC, desarrollándose con rapidez como una potencia comercial y económica, si bien hasta el 454 AC estuvo pagando tributo a las tribus libias, los númidas fueron uno de los primeros pueblos nativos que comerciaron con los colonos de Cartago. Conforme Cartago fue creciendo, la relación con los númidas floreció, los pobladores del interior iniciaron una gran actividad comercial: el oro, la plata y el estaño africanos fueron vendidos a cambio de los productos manufacturados cartagineses. Esta dinámica duró hasta el año 40, cuando Numidia pasó a manos romanas.
Cuadriga. Museo libio-púnico de Dougga (Túnez)
Sin embargo fueron los griegos los primeros que mencionaron a los habitantes del norte de África, y los llamaron “libios” “númidas” que parece que proviene de la palabra griega «nómada«, a pesar de que la mayoría de la población era sedentaria.
Heródoto, en el siglo V AC, afirmaba que estos pueblos protobereberes eran famosos por la habilidad que tenían en el manejo de los carros tirados por caballos, y que fueron ellos los que enseñaron a los griegos las ventajas de la cuadriga (carros tirados por cuatro caballos).
Existen numerosos grabados y pinturas que representan estos carros, coincidiendo con el mismo territorio de los númidas.
Cuadrigas en el circo de Cartago. Museo Nacional del Bardo Túnez
Tras la caída de la ciudad fenicia de Tiro ante los asirios en el siglo VI AC, la influencia cartaginesa comienza a tener relevancia y se intensificó en las costas de la antigua Mauretania (norte de Marruecos y Argelia). A través de la acción cartaginesa se introduce en el litoral mauritano y númida la vida urbana, el uso del hierro, y el uso de la moneda.
Fundaron nuevas colonias y factorías en las actuales costas de Marruecos y de Argelia, explotando los recursos pesqueros del litoral, fabricando salazones y salinas para elaborar y exportar el «garum» (salsa de vísceras fermentadas de pescado) y se buscaron nuevos recursos naturales. Importaron marfil, oro, estaño, púrpura y esclavos, y exportando a los indígenas sus mercancías, vidrios, cerámicas, objetos de bronce o hierro, y tejidos de púrpura.
Introdujeron mejoras en la agricultura como un modelo de arado de reja triangular, forjado en hierro, más eficaz que el milenario arado beréber consistente en una simple punta de madera aguzada que abría un mal surco o la aportación que supone el cultivo del olivo, la vid, el trigo y la higuera.
Costumbres
Lengua
Las tribus númidas asimilaron también el alfabeto, la lengua y la religión púnica pero preservando cierta autonomía. La escritura no sustituyó al líbico, sino que se unieron ambos y crearon una escritura propia.
El púnico se convirtió en lengua oficial bajo el reinado de Masinisa y seguirá utilizándose cuatro siglos después por los sacerdotes cristianos.
Tras el desciframiento de algunas inscripciones en Libia, parece que hablaban una lengua bereber. La escritura conocida como Tifinagh (pronunciado Tifani) estuvo en uso desde al menos el siglo III AC en adelante y, aunque las inscripciones en Tifinagh encontradas hasta la actualidad no constituyen ningún tipo de texto, dan fe de personas y eventos importantes. Es posible que los antiguos númidas usaran el texto de Tifinagh de la misma manera que los nórdicos usaban las runas: como un medio para celebrar eventos o comunicarse con los dioses, no como una forma de comunicación cotidiana, pero esto es especulativo. Tumbas y monumentos como los de Thugga, las ruinas de Tipasa y el mausoleo de Medracen dan fe de una cultura muy avanzada, pero no los acompañan ningún texto histórico indígena, inscripción o relieves.

Jinetes númidas cazando
Religión
El sitio neolítico de Msoura (también conocido como Mzoura) cerca de la actual Asilah, Marruecos. Es un anillo de 168 megalitos alineados astronómicamente alrededor de un túmulo que, según la leyenda, es la tumba del rey Anteo, más conocido por los cuentos grecorromanos de Hércules. En la historia, Anteo no puede ser derrotado mientras sus pies toquen la tierra, por lo que Hércules lo levanta en el aire y lo aplasta hasta la muerte. Los orígenes de la leyenda pueden haber sido inspirados por un rey númida que sacó su fuerza de su tierra.
La afirmación de escritores griegos y romanos posteriores de que adoraban piedras probablemente proviene de sitios como Msoura y es claramente incorrecta; los númidas no adoraban más las piedras que la gente de Gran Bretaña y Escocia. Practicaban una religión animista y politeísta y sentían gran pasión por los caballos, consiguiendo una gran reputación como jinetes.
Aceptaron posteriormente los dioses púnicos y romanos. Por ejemplo, en Cirta se ha excavado un santuario que estaba dedicado a Baal-Hammon, el señor del Inframundo, que más tarde sería identificado con la deidad romana Saturno. Las estelas votivas muestran el “signo de Tanit”, que más tarde se llamaría Juno Celestial. Estas deidades eran púnicas. Entre los dioses númidas originales estaban Aulisua, Iocolon y Motmanius, conocidos por las inscripciones.
El autor romano Dión Casio se refiere a conjuros y encantamientos religiosos, que seguramente harían caer la lluvia del cielo. Conjuros similares son mencionados por Heródoto, quien se desvía de las costumbres númidas.
Tribus
Los habitantes de las tribus númidas se dividían en dos, los númidas occidentales, llamados «masesilos» con capital en Siga y los númidas orientales occidentales, los «masilos» con capital en Cirta (Constantina).
El reino de Numidia fue constituido tras la Segunda Guerra Púnica entra Roma y Cartago y consolidado por el rey Masinisa.
Situación de los númidas y Cartago durante la Segunda guerra Púnica
Matrimonio
Según los historiadores griegos y romanos, los númidas seguían una dieta vegetariana, se abstenían del alcohol y hacían ejercicio regularmente. Los hombres tomaban una esposa y luego otras mujeres como concubinas, por lo que las familias solían ser numerosas. Niños y adultos a menudo andaban desnudos por sus casas y vestían túnicas holgadas sin cinturón en las reuniones públicas; también calzaban sandalias o andaban descalzos. Su estilo de vida vegetariano de alta energía, junto con el clima de la región, les proporcionó una vida larga y una salud sólida.
Ejército númida
Los reyes númidas basaron su poder en la cohesión de tribus en torno al soberano. La fidelidad del jefe de la tribu era primordial para que el soberano mantuviese su autoridad, ya que el ejército estaba constituido por los contingentes que proporcionaban estas tribus.
Los monarcas pronto comprendieron que necesitaban para mantenerse en el poder la creación de un ejército estable, núcleo en torno al cual, se agrupaba el conjunto de tropas que las tribus ponían al servicio del rey en tiempos de guerra. El ejército residía en las ciudades cerca del rey y las ‘capitales regionales’, en contacto con poblaciones púnicas o de influencia púnica. Su organización, antes de dejarse influenciar por Roma, se inspiró en el modelo púnico, al igual que parte de su armamento, existiendo una diferencia entre las armas númidas y las púnicas o entre estas y las de los mauros.
Su ejército estaba compuesto por su legendaria caballería, la infantería y los elefantes.
Caballería númida
Excelentes como caballería ligera, montaban sobre pequeños, ágiles y muy resistentes acostumbrados al clima duro de las estepas al norte del Sáhara. No usaban ni brida ni bocado y cabalgaban sin silla; guiando a sus caballos únicamente con el uso de una vara, una cuerda alrededor del cuello y el movimiento basculante del peso de su cuerpo.
Con el tiempo no evolucionaron, ya que en la columna Trajana se muestra a los mauros o mauris descalzos, con sus túnicas ligeras, pelo trenzado, montando a pelo, sin bocado ni estribos, manejando jabalinas cortas y con escudos redondos de piel. Fueron considerados los más ligeros de la caballería y los más rápidos. Sus jabalinas eran mortales porque tenían el mismo alcance que las flechas, convirtiéndose este cuerpo en una fuerza decisiva para el ejército imperial.
Cumplían misiones de exploración, enlace y persecución de las tropas vencidas para aumentar el número de bajas. Estas características se pusieron de relieve en la batalla de Cannas, donde fueron incapaces de romper por sí solos las líneas de la caballería latina. Una vez rotas estas por la caballería pesada hispana, sin embargo, fueron los encargados de iniciar la persecución, con un éxito notable al incrementar en gran manera el número de bajas. Debido a su movilidad y rapidez para replegarse eran usados como cebo en las emboscadas.
Tito Livio refiere que llevaban dos caballos y saltaban del caballo cansado al fresco, muchas veces en lo más encarnizado de la refriega. No empleaban bridas y guiaban sus caballos con la presión de sus piernas y con un palo o las jabalinas y como se guían los asnos en algunos países. Sin embargo, Estrabón afirma que pasaban cuerdas en torno al cuello del caballo, a modo de brida.
Usaban un escudo circular embrazado y jabalinas. Vestían, por regla general, una túnica corta sin ninguna protección corporal, problemático ante la acometida de una caballería pesada. Estrabón les retrata semidesnudos, exceptuando una piel de león o leopardo, que podían enrollar alrededor de su brazo izquierdo para que hiciera las funciones de escudo.
Eran excepcionales jinetes ligeros, que montaban caballos pequeños, vivaces y resistentes, sus descendientes se pueden ver en los caballos berberiscos actuales. Desquiciaban a los enemigos con su particular forma de combatir; los númidas galopaban a tumba abierta contra el adversario, lanzaban una o dos de sus ligeras jabalinas y se retiraban a la carrera para volver a embestir de nuevo. Curiosamente, los romanos los sufrieron antes que beneficiarse de ellos: Aníbal alistaba a jinetes númidas con regularidad y fueron actores principales de la victoria púnica en Cannas.
La huida no se consideraba vergonzosa, siendo frecuente que se marcharan a sus domicilios sin prejuicio de volver más adelante a incorporarse o pasarse a la parte contraria.
“Eorum in equitatu maxima laus fuit”. Su mayor gloria fue la caballería.
Los jinetes númidas estuvieron presentes en todos los enfrentamientos importantes de las guerras púnicas hasta la derrota final de Cartago, normalmente se situaban en el ala derecha de la formación. Fueron utilizados de forma masiva por Aníbal, que llegó a alinear más de 4.000 jinetes en Cannas y Escipión 6.000 en Zama.
Posteriormante, también tuvieron unidades de caballería pesada, principalmente para guardia real.
Infantería númida
Los que no se podían costear un caballo luchaban a pie, como infantería ligera, había honderos, arqueros y jabalineros.
Los honderos eran campesinos, casi todos tenían una honda para cazar en la que eran muy diestros. No tenían capacidad para el combate cuerpo a cuerpo ni contra la caballería. Llevan una bandolera con muchas piedras y glandes de plomo y varias hondas de repuesto, de diferente longitud para mayor o menor alcance. Aparte de un cuchillo posiblemente de caza y algunas veces pequeño escudo, no llevan ningún otro equipo.
Los arqueros procedían del de las clases campesinas y eran algo más ricos, ya que estas personas que necesitaban ser hábiles cazadores para sobrevivir. Aprender a usar bien un arco era algo que lleva toda una vida y una práctica constante, y poner comida en la mesa proporciona una buena práctica.
Los jabalineros estaban armados de jabalinas, que alcanzaban casi la misma distancia que con un arco, por lo que eran empleadas para cazar animales mayores, estaban armados de forma similar a los jinetes, con un escudo circular y varias jabalinas, posiblemente esperaban hacerse con un caballo y ser jinetes.
La infantería númida, según Camps, no tuvo gran desarrollo o valor. Sin embargo, en cuatro o cinco estelas líbicas, que representan soldados de infantería armados normalmente con escudo redondo, una o dos jabalinas, o también en alguna ocasión con una lanza en la mano derecha y una espada larga de unos 0,80 m de longitud en la izquierda.
Su equipo estaba compuesto por un escudo ligero de piel de elefante endurecida, aunque con posterioridad adoptarían uno ovalado que proporcionaba mayor protección, un casco de fibra o de bronce, un puñado de jabalinas y una espada. Combatían en orden abierto, siendo muy eficaces en las emboscadas, sabiendo sacar provecho de los accidentes del terreno.
Posteriormente, los númidas recibieron influencia romana, Juba I, durante la guerra que mantuvieron cesarianos y pompeyanos, dispuso de cuatro legiones organizadas según el modelo romano, también tuvieron unidades de caballería pesada.
El rey númida Sifax solicitó a Roma instructores para sus tropas y a partir de Yugurta, es conocida la organización de los soldados en escuadrones o manípulos comandados por jefes, existiendo de cargos como «jefe de centuria» y «prefecto» de 50 hombres.
Los númidas también utilizaron otros pueblos como infantería entre los que se encuentran los garamantes, bereberes y los getulianos
Elefantes de guerra
El uso del elefante de guerra, era tradicional en los ejércitos norteafricanos, tanto cartagineses, como númidas y mauritanos los emplearon y posteriormente los suministraron a Roma, eran utilizados como elemento de ruptura, en las monedas les presentan con o sin torres.
Los elefantes que emplearon eran cazados en la zona del Sáhara. Se trataba de la especie de elefante forestal denominada Loxodonta africana pharaonensis o elefante del Atlas, actualmente extinguida, de menor tamaño que los asiáticos. Su zona de distribución natural probablemente se extendió por el Magreb y el resto del norte de África, desde Mauretania hasta el Sudán, las costas de Eritrea y la desembocadura del río Nilo.
Su pequeño tamaño solo permitía la colocación de una pequeña torre en la grupa, en la que iban dos tripulantes un arquero y un lancero que iban bastante apretados. También se destinaron a labores de choque, siendo entonces controlados por un único mahout. Los romanos capturaron durante las décadas siguientes los pocos ejemplares que quedaban para que lucharan en el Coliseo de la capital o los circos romanos, en los espectáculos denominados Venatio. Se calcula que solamente durante el mandato de Augusto perdieron la vida unos 3.500 ejemplares, lo que unido a la presión que ejerce la civilización sobre sus hábitats terminó acabando con ellos.
Númidas en la guerra romano-séucida 190 AC. (1) manhout númida dirigiendo un elefante, (2) infante númida romanizado. Autor Adam Hook
También fueron empleados en las guerras de los diádocos por los ptolomeos de Egipto, al no tener acceso a los elefantes asiáticos. Una inscripción sobreviviente del ptolemaico enumera tres tipos de elefantes de guerra, el troglodita (probablemente de Libia), el etíope, y el indio. El rey Ptolomeo I se enorgullecía de ser el primero en domar a los elefantes de Etiopía, una acción que podría ser idéntica a una de las dos especies africanas existentes.
Los fenicios emplearon dos tipos de naves, de uso y porte distinto, que utilizaban en el mar. Unos eran grandes barcos mercantes llamados gôlah o gaulos, utilizados en el comercio a grandes distancias para los intercambios en las costas mediterráneas. Los otros, conocidos por su nombre griego como hippos o hippoi, eran naves para la guerra, pero que también se utilizaban para el comercio a menor escala, como los pecios encontrados en Mazarrón.
El barco mercante grande fenicio del tipo gôlah o gaulos, se inició a mediados del segundo milenio y debió influir en los modelos empleados por los griegos a partir del siglo VI AC. La fisonomía del casco es la habitual de las naves mercantes, curvo y panzudo. Su proa y popa son idénticas y para gobernar la nave se utilizaba un timón de espadilla. Había una valla protectora a modo de escalamote de tablillas o de cañizo.
Su eslora podría variar entre 18 y 25 m, la manga entre 5 y 8 m, con un puntal de 3 a 4 m. Era un barco armado con cuadernas y quilla. El desplazamiento estaría sobre las 150 toneladas. En la cubierta contaba con una empalizada que iba de proa a popa, en ambas bandas, para almacenar la mercancía menos pesada.
Tanto la roda (parte delantera de la quilla) como el codaste (parte trasera) se elevaban sobre la cubierta y posiblemente algunos de ellos llevasen figuras ornamentales. Sobre la proa había un ánfora, atada a la roda. Esta vasija podría ser una lámpara de aceite para encender fuego en la noche, con objeto de iluminar la cubierta y también para señalar su posición a otras naves de la flota. Hoy se sabe que las travesías nocturnas eran tan habituales como las diurnas, al menos para los grandes mercantes que tenían serias dificultades para maniobrar en corto y solamente podían atracar en puertos bien acondicionados.
Dos mamparas dividían la bodega en tres secciones longitudinales; la más amplia corresponde a la parte central de la bodega. Este espacio albergaba el cargamento principal, mientras que los espacios más reducidos, situados respectivamente hacia proa y popa albergaban los objetos lujosos, suntuarios, de gran valor y volumen reducido. Al menos siete grandes anclas de piedra viajaban en la cubierta del navío.
Los barcos fenicios tipo hippos o hippoi tenían en la roda, a modo de mascarón, una cabeza de caballo. En la Antigüedad la procedencia de los navíos se identificaba por determinadas figuras, en un principio tal vez eran signos totémicos de los distintos clanes, que se colocaban en los lugares más visibles de la nave, principalmente en la roda (llamada akroteria en griego).
Tenía una longitud de ocho a doce metros de eslora, sin bodega cubierta de carga, aunque con sentina. La propulsión era siempre mixta, mediante vela cuadra y remeros. El gobierno de estos navíos parece que siempre se realizaba con un solo timón de espadilla en la aleta de estribor, y no dos como en el gaulos.
La carga iba al descubierto, es decir sin tablazón de cubierta y que las bancadas, se ponían o quitaban dependiendo de la misión: pesca, transporte, razia, etc. El sistema de fondeo eran las anclas de piedra.
Los fenicios se dedicaron a la explotación de los metales preciosos, que abundaban en aquel momento en la Península. Fue con los fenicios en España, precisamente cuando nació la industria metalúrgica. Pero también se dedicaron a la pesca y de aquí se deriva la gran tradición de la industria pesquera de España y Portugal.
Se atribuye también a los fenicios, el origen del nombre España, que se supone se deriva de «i-saphan-im» (Costa o isla de los conejos), que era como aquellos llamaban a la Península.
La extensión de la actividad comercial fenicia alcanzó una considerable amplitud desde comienzos del VIII AC y sobre todo en el VII AC, coincidiendo con la expansión asiria en Oriente Próximo, que afectó a las ciudades fenicias al cerrarles los mercados orientales. Por lo que se vieron forzadas a reorientarse a los mercados occidentales. La colonización fenicia buscó nuevas fuentes de riqueza en la industria de la pesca (almadrabas de atún) y las salazones.
Introdujeron técnicas propias que alcanzaron gran desarrollo y alta rentabilidad, prestigiando los productos de la zona, lo que continuaría en época cartaginesa y romana, siendo la base de las exportaciones del aceite y del garum. También debe atribuirse a los fenicios la introducción a gran escala de las salinas, estrechamente vinculadas a esta actividad. Se inició la producción de tipos de cerámicas que con anterioridad solo tenían una difusión muy localizada. No está claro si hubo cambios agrícolas que pudieran deberse a influencia fenicia, aunque tradicionalmente se les atribuye la introducción de olivo. Las relaciones comerciales se basaban en el trueque o intercambio de productos. Los fenicios ofrecían cerámica, telas de vestir y objetos de adorno a cambio de minerales. En la Región de Murcia, los fenicios colonizaron la costa de Mazarrón atraídos por la riqueza de sus minas de plata y plomo. La costa murciana constituía un enclave estratégico en la ruta comercial entre Ebussus (Ibiza) y Gádir (Cádiz).
Los fenicios conocían el caballo dado que estuvieron contacto con Asiria en incluso estuvieron bajo su denominación. Es muy probable que trajesen a la península las innovaciones tecnológicas asirias como el escudo circular, arco compuesto, armas de asedio, etc.
Estaban formadas por ciudades estados semi-autónomas, que solían estar regidas por gobiernos democráticos. Tenían una Asamblea Alta (o senadores) formada por representantes de los grandes comerciantes, políticos y militares de alto rango y la Asamblea Popular formada por representantes de distintos grupos de la sociedad como son los comerciantes pequeños, los artesanos y la gente con oficios especializados.
La presencia e importancia de las asambleas fue tan grande entre los fenicios, que incluso la mitología religiosa contaba con la Asamblea Divina o asamblea de los dioses.
La sociedad fenicia estaba compuesta por la aristocracia, los sacerdotes, los miembros de las asambleas, los funcionarios, los trabajadores libres, los trabajadores asalariados y los esclavos.
Los fenicios serían posteriormente sucedidos por los cartagineses cuando estos se independizaron.