La canción es reconocida unánimemente como el himno oficial de protesta contra la pena de muerte y las últimas ejecuciones de la dictadura franquista en España.
A finales de 1974 y principios de 1975, el régimen del dictador Francisco Franco daba sus últimos e implacables coletazos, intensificando los juicios militares y las condenas a muerte. Aute sentía una profunda angustia y desasosiego al leer las noticias en la prensa.
Sabía que si escribía una canción de protesta explícita o un panfleto político, la férrea censura del régimen prohibiría el tema de inmediato y el disco nunca saldría a la luz. Por ello, decidió disfrazar el horror político de una despedida romántica:
La letra describía el terror psicológico de un preso político encerrado en su celda, pasando su última noche en vela antes de ser fusilado al amanecer.
Históricamente, el Código Penal español establecía el garrote vil como el método oficial para los delitos civiles comunes, mientras que el fusilamiento militar se reservaba para los delitos de índole política o militar.
Sin embargo, cuando en septiembre de 1975 se ordenó ejecutar a los últimos cinco sentenciados de la dictadura, el gobierno tuvo que recurrir al pelotón de fusilamiento de forma obligatoria porque ya no quedaban verdugos disponibles en España que supieran cómo utilizar el garrote vil tras el horror provocado en la prensa internacional por la agonía de Puig Antich en 1974.
El 27 de septiembre de 1975, el régimen llevó a cabo sus últimos cinco fusilamientos (tres miembros del FRAP y dos de ETA) por tribunales militares bajo acusaciones de terrorismo y asesinatos de policías y guardias civiles, basados sin embargo en confesiones bajo tortura policial, sin testigos válidos ni pruebas físicas.
Eran Xosé Humberto Baena Alonso (24 años, FRAP), José Luis Sánchez Bravo (21 años, FRAP), Ramón García Sanz (27 años, FRAP), Jon Paredes Manot, “Txiki” (21 años, ETA), y Ángel Otaegui Mitxelena (33 años, ETA).
El Consejo de Ministros presidido por Franco ratificó las penas capitales ignorando por completo una ola masiva de protestas internacionales. Quince países europeos llegaron a retirar a sus embajadores de Madrid, y el propio Papa Pablo VI suplicó clemencia públicamente hasta el último minuto, pero el régimen agonizante decidió “morir matando”.
La ejecución de Humberto Baena caló en la memoria de la Transición por la carta que escribió a sus padres:
“Papá, mamá: Me fusilarán mañana al alba… Cuando me fusilen no lloréis, recordad que muero por mis ideas, que muero por ver a mi patria libre de opresión… Que mi muerte sea la última”.