En 1966, Violeta Parra, que había revolucionado el folclor, expuesto sus “arpilleras” (tapices) en el Museo del Louvre (París) y rescatado la tradición campesina, se encontraba en su punto más bajo:
- Su gran amor, el musicólogo suizo Gilbert Favre (a quien dedicó temas como Run Run se fue pa’l norte), la había dejado para instalarse en Bolivia.
- El fracaso económico: Su gran proyecto, una enorme carpa cultural destinada a ser el centro del arte folclórico chileno, no recibía público. Violeta vivía aislada, con frío y casi en la indigencia.
Cuando Violeta Parra graba la canción en 1966 con una instrumentación mínima (su voz, un charango y una percusión muy sutil), el tema suena como un susurro fúnebre.
El 5 de febrero de 1967, pocos meses después de lanzar el disco, Violeta se quitó la vida en esa misma carpa.