Lo que pasó: Beethoven admiraba profundamente a Napoleón Bonaparte al principio, viéndolo como el heredero de los ideales de la Revolución Francesa —libertad, igualdad, fin de las monarquías absolutas—, y compuso esta sinfonía pensando dedicársela, llegando a escribir en la portada del manuscrito “Bonaparte” como título.

El arrepentimiento: cuando Beethoven se enteró de que Napoleón se había autoproclamado Emperador en mayo de 1804, se sintió profundamente traicionado — consideró que Napoleón se había convertido en exactamente lo que decía combatir, un nuevo tirano/monarca absoluto. Según el relato más extendido (contado por su alumno Ferdinand Ries), Beethoven, furioso, tachó violentamente el nombre “Bonaparte” de la portada con tal fuerza que rasgó el papel, y renombró la obra como “Sinfonia Eroica, composta per festeggiare il sovvenire di un grand’uomo” (“compuesta para festejar el recuerdo de un gran hombre”) — deliberadamente ambigua, ya no dedicada a Napoleón en persona.

Es un gancho perfecto para hablar de cómo la Revolución Francesa y sus ideales fueron traicionados por el propio Napoleón al coronarse emperador, y de la ruptura entre los ideales ilustrados y el bonapartismo real.