Víctor Jara se encontraba en Europa trabajando como director de teatro en una gira internacional. Sintiéndose profundamente solo en una habitación de hotel británica y extrañando su tierra, tomó la guitarra y comenzó a componer un homenaje a los trabajadores invisibles de su país.

Víctor utilizó nombres de su círculo más íntimo como un homenaje privado. Amanda era el nombre de su madre (una cantora campesina que falleció cuando él era joven) y también el de su hija pequeña (Amanda Jara). Manuel era el nombre de su hermano.

El propio Víctor aclaró en entrevistas que la canción no era autobiográfica. Amanda y Manuel representan a la pareja obrera universal. Son el símbolo de los miles de jóvenes trabajadores que tienen que construir sus historias de amor contrarreloj, en los pocos minutos libres que les dejan las fábricas y la explotación laboral.

El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas chilenas lideradas por el general Augusto Pinochet ejecutaron un sangriento golpe de Estado. Víctor Jara, debido a su militancia comunista y a su inmenso arraigo popular como la voz del pueblo, fue detenido al día siguiente en la Universidad Técnica del Estado.

Fue trasladado al Estadio Chile, reconvertido en centro de detención y tortura. Allí, los militares lo reconocieron y se ensañaron con él con especial crueldad. Conociendo el poder de su arte, los torturadores le trituraron las manos con las culatas de sus fusiles y lo desafiaron a que tocara la guitarra.

El 16 de septiembre de 1973, Víctor Jara fue ametrallado. Su vida quedó destrozada en cuestión de minutos, transformando su canción más famosa en su propio epitafio y en un monumento a los derechos humanos.

Eleanor Roosevelt holding the English-language version of the Universal Declaration of Human Rights (1949)