Los almogávares (del árabe al-mugāwir: “el que hace incursiones”) nacieron en los siglos XII-XIII en la frontera entre los reinos cristianos y el Islam en la península ibérica.

Eran fundamentalmente campesinos y pastores de las zonas de frontera, fundamentalmente de los reinos de Aragón, Cataluña y Valencia. Estaban habituados desde niños a condiciones extremas, al pillaje, y al combate constante. Actuaban como infantería ligera.

Los testimonios de la época los describen como figuras casi salvajes: vestían pieles de animales, ropa tosca, abarcas (sandalias de cuero rudimentarias), dormían a la intemperie, eran capaces de marchar durante días sin descanso, y llevaban una dieta mínima de lo que podían encontrar sobre el terreno (hierbas, raíces…).

Su armamento era simple: azcona (lanza corta), espada corta, cuchillo grande. Algunos llevaban un escudo ligero.

Antes de la batalla golpeaban las lanzas contra las piedras del suelo y gritaban ¡Awrà! ¡Awrà! ¡Desperta ferro! (“¡Ahora! ¡Ahora! ¡Despierta, hierro!”) antes de cargar.

La caballería pesada medieval, lenta y rígida, era especialmente vulnerable a sus tácticas. Sus tácticas preferidas eran la retirada fingida para atraerlos a terrenos difíciles, hostigar y desgastar con movimientos rápidos, atacar los flancos cuando la caballería propia chocaba de frente, y rematar a los caídos antes de que pudieran levantarse.

Trabajaban como ¿soldados? ¿mercenarios? para la Corona de Aragón. Se emplearon en Sicilia. Tras su conquista (1282) formaron una compañía mercenaria bajo el mando de Roger de Flor: un templario renegado de origen alemán con una personalidad magnética y turbulenta.

En Oriente se les conocía como la Gran Compañía Catalana. En 1303, Andrónico II, emperador del Imperio Romano de Oriente (bizantino), los contrató para defenderse del avance otomano en Anatolia. Cruzaron el Mediterráneo con unos 6.500 hombres, derrotaron a los otomanos en varias batallas y recuperaron territorios perdidos.

Sus victorias fueron tan espectaculares que el emperador se asustó de que pudieran sublevarse y conquistarle.

En 1305, Roger de Flor fue invitado a un banquete por el co-emperador Miguel IX, y fue asesinado a traición junto a centenares de sus hombres.

Lo que siguió se conoce como la Venganza Catalana.

Durante dos años enteros, la Gran Compañía asoló Tracia y Macedonia, las regiones más ricas del Imperio Bizantino. Fue una devastación calculada y metódica, que los cronistas griegos describieron con horror.

Después marcharon hacia el sur, conquistaron el Ducado de Atenas en 1311 derrotando a los caballeros francos en la batalla del río Cefiso, y gobernaron Atenas y parte de Grecia durante ochenta años.

Son los antecesores directos de las compañías de mercenarios que dominarían los conflictos europeos de los siglos XIV y XV

Los almogávares tenían una estructura social sorprendentemente igualitaria para la época. El liderazgo era puramente meritocrático. El almocadén (jefe) era por reconocimiento como mejor guerrero o mayor inteligencia. Si fallaba, era reemplazado.

En los ejércitos feudales de su época el liderazgo era por linaje. Un noble incompetente podía mandar sobre soldados que no podían cuestionarle.

Las mujeres y los niños acompañaban a las compañías en campaña (como antaño hicieron los germanos). Más que un ejército eran comunidades en movimiento.

Las mujeres participaban activamente en el campamento, cuidaban a los heridos, y en situaciones extremas combatían.

Los almogávares hablaban una mezcla de aragonés, catalán y occitano, con palabras árabes incorporadas por su convivencia en la frontera.

Roger de Flor nació hacia 1267 en Brindisi (sur de Italia), hijo de un halconero alemán al servicio de los Hohenstaufen. Quedó huérfano de niño y fue recogido por los Templarios, la orden militar más poderosa de la época.

Siendo joven demostró un talento extraordinario para la navegación y fue nombrado capitán de una galera templaria. Pero en 1291, durante la caída de Acre (la última gran ciudad cruzada en Tierra Santa), mientras la ciudad ardía y los cruzados morían, cobró fortunas a los refugiados ricos por embarcarlos en su galera y salvarlos, enriqueciéndose escandalosamente. Los Templarios lo expulsaron de la orden y lo condenaron a muerte, pero logró escapar.

Durante años vivió como condottiero, mercenario y pirata en el Mediterráneo, al servicio del mejor postor. Era carismático, audaz, brillante como estratega naval, y completamente desprovisto de escrúpulos morales.

Cuando los almogávares se quedaron sin guerra tras Sicilia, vio la oportunidad organizarlos para enriquecerse. Andrónico II le ofreció tierras, títulos, matrimonio con una princesa imperial. Roger se convirtió en Megaduque (almirante supremo) del Imperio Bizantino, y posteriormente en César (el segundo título más alto del imperio).

Su éxito militar en Anatolia fue espectacular, pero se comportaba de manera independiente a su favor, saqueando territorios que debía proteger, cobrando por adelantando y renegociando después, y acumulando poder. Comenzó a ser visto como una amenaza para el trono.

En abril de 1305, Miguel IX lo invitó a un banquete en Adrianópolis. Roger acudió confiado, con apenas trescientos hombres de escolta.

Los soldados alanos (mercenarios del Cáucaso al servicio de Bizancio) atacaron por sorpresa. Roger de Flor fue asesinado en el salón del banquete y sus trescientos hombres, masacrados fuera. Tenía unos 38 años.

La batalla del río Cefiso (1311)

Es la batalla que culmina la aventura almogávar, y es un prodigio de táctica militar.

Tras la Venganza Catalana, los almogávares controlaban Tesalia y necesitaban un territorio permanente. El Ducado de Atenas, gobernado por caballeros francos descendientes de los cruzados, era el objetivo.

Gautier de Brienne, duque de Atenas contrató a los almogávares para sus guerras locales, y cuando no los necesitó, se negó a pagarles.

Los almogávares se les enfrentaban. Eran caballeros pesados, la élite de la caballería franca. Los almagávares inundaron los campos junto al río Cefiso, creando un lodazal. Cuando la caballería franca cargó, los caballos se hundieron en el barro y quedaron inmovilizados. Los almogávares los masacraron con sus abarcas. Gautier de Brienne murió en la batalla y su ejército fue aniquilado casi completamente.

Ramon Muntaner (1265-1336) era un catalán de Peralada que se unió a la Gran Compañía y participó desde Sicilia hasta Grecia.

Su Crònica es una obra maestra de la literatura medieval. Está escrita en catalán, con una vitalidad y humor que la hace sorprendentemente moderna.

Entre 1311 y 1388 Atenas y parte de Grecia estuvieron bajo dominio de la Corona de Aragón. Los reyes de Aragón añadieron a sus títulos el de “Duque de Atenas y Neopatria”.

La ciudad de Platón, de Pericles, de la Acrópolis, administrada desde Barcelona y Zaragoza.

Los almogávares que gobernaron allí se fueron integrando con la población local, aprendieron griego, e introdujeron el derecho catalán en Grecia. Algunos documentos oficiales de la época están escritos en catalán en Atenas.

Cuando los florentinos conquistaron el ducado en 1388, encontraron una sociedad mestiza greco-catalana.

Jacint Verdaguer, el gran poeta catalán del siglo XIX, los inmortalizó en su poema épico Canigó

En la cultura popular griega, la Companyia Catalana sigue siendo recordada con una mezcla de horror y fascinación

Un grupo de pastores analfabetos de la frontera aragonesa, sin recursos ni linaje, conquistaron la cuna de la civilización occidental y gobernaron sobre ella durante casi un siglo.