
Los historiadores de arte la consideran el símbolo trágico de la guerra fratricida y las guerras civiles:
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El enfrentamiento ciego: Dos rivales que se destruyen mutuamente a golpes, en un combate sin reglas ni piedad, incapaces de dialogar o detenerse.
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El contexto de España: Goya pintó esto profundamente desilusionado por las violentas divisiones políticas que desgarraban su país, concretamente las sangrientas luchas entre los liberales y los absolutistas tradicionales.
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La destrucción mutua: La pintura resalta el absurdo del odio ideológico: ambos contendientes son a la vez verdugos y víctimas, condenados a matarse entre sí en medio de un paisaje desolado y desértico.
A finales del siglo XX, los análisis con rayos X y las fotografías históricas tomadas antes de que la pintura fuera arrancada de las paredes desvelaron que en la composición original de Goya los hombres aparecían combatiendo sobre un prado de hierba, sin estar enterrados.
La ilusión de estar hundidos hasta las rodillas fue el resultado accidental de los graves daños y de una deficiente restauración sufrida cuando el mural se trasladó a lienzo en 1874.