Hernán Cortés llegó a Tenochtitlán, la capital del Imperio azteca, el 8 de noviembre de 1519, acompañado por unos 400 españoles y miles de guerreros nativos enemigos de los aztecas, principalmente de la Confederación de Tlaxcala.

Los españoles accedieron a la metrópoli a través de la calzada de Iztapalapa, que conectaba la tierra firme con la isla. Crónistas como Bernal Díaz del Castillo narraron que la urbe, rodeada de canales navegables y majestuosos templos flotantes, parecía un paisaje sacado de un “sueño” o de las novelas de caballería de la época, ganándose con los siglos el sobrenombre de la “Venecia de América”

A las puertas de la ciudad, Cortés y sus hombres fueron recibidos solemnemente por el gran tlatoani Moctezuma II. El monarca azteca optó inicialmente por una estrategia diplomática y hospitalaria: agasajó a los recién llegados con ricos presentes de oro y los alojó con honores dentro del palacio de Axayácatl.