
Los Reyes Católicos firmaron el Edicto de Granada el 31 de marzo de 1492, por el cual se obligó a toda la población judía de las Coronas de Castilla y Aragón a convertirse al cristianismo o abandonar la península en un plazo máximo de cuatro meses.
Esto supuso el fin de casi 1.500 años de presencia judía continuada en la península ibérica, desmantelando la que llegó a ser la comunidad judía más grande de toda Europa occidental durante la Edad Media.
En el cuadro, aparecen Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón sentados, el inquisitor General Tomás de Torquemada (de negro)
El eje central del cuadro lo ocupa el Inquisidor General, Tomás de Torquemada, quien aparece de pie alzando un crucifijo con un gesto severo e implacable.
El lienzo evoca la famosa leyenda según la cual el judío Isaac Abravanel intentó ofrecer una inmensa fortuna en oro a los Reyes Católicos para comprar la revocación del decreto.
Tomás de Torquemada (aparece de negro), Inquisidor Generado irrumpió en la sala, arrojó el crucifijo sobre la mesa y exclamó: “Judas vendió a su maestro por treinta monedas de plata; vuestras majestades lo van a vender por treinta mil. Aquí lo tenéis, tomadlo y vendedlo”.
En el cuadro, la reina Isabel aparece pensativa y con la mirada baja, mientras que el rey Fernando observa con parsimonia la escena, cediendo ante el asfixiante poder político y espiritual de la Inquisición.
La Corona argumentaba que la presencia de los judíos “conversos” (aquellos que ya se habían bautizado como cristianos) corría peligro, pues los judíos practicantes seguían ejerciendo una fuerte influencia sobre ellos, incitándolos a “judaizar” en secreto.
El edicto estuvo directamente ligado a la creación del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición catorce años antes (1478). La Inquisición solo tenía jurisdicción legal sobre los bautizados; por tanto, para erradicar por completo la práctica de la fe judía de los territorios de la monarquía hispánica, el Estado necesitaba asimilar o expulsar a los no bautizados.
Se calcula que entre 80.000 y 100.000 judíos prefirieron el destierro y el abandono de todas sus propiedades antes que renunciar a su fe. Los exiliados vendieron a toda prisa sus tierras y hogares a precios irrisorios, ya que el edicto prohibía expresamente sacar oro, plata o monedas del país.
Esta gigantesca ola de emigración forzosa dio origen a la comunidad de los judíos sefardíes (término derivado de Sefarad, la palabra hebrea para designar a España), quienes se dispersaron por el norte de África, Italia y, de manera muy destacada, por los territorios del Imperio otomano, manteniendo vivo el idioma ladino (judeoespañol) durante más de cinco siglos.
El ángel de Bucarest (L. Oliveros, 2011)
Tanto monta
Fue un gesto de propaganda política ideada por el erudito Antonio de Nebrija, inspirado en el el mito clásico de Alejandro Magno y el Nudo Gordiano.
Según la leyenda, quien desatara ese nudo conquistaría Asia [1.2]. Alejandro, en lugar de perder el tiempo intentando deshacerlo con los dedos, sacó su espada y lo cortó por la mitad, exclamando que daba lo mismo (tanto monta) cortarlo que desatarlo, lo importante era conseguir el resultado [1.2]. Fernando adoptó el lema como propio, y con los años pasó a significar que las decisiones de Isabel en Castilla valían tanto como las de Fernando en Aragón, y viceversa.
“Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”