Gaspar Melchor de Jovellanos (FECHAS) fue uno de los intelectuales y políticos más brillantes de la Ilustración española.

Se encuentra sentado en su mesa de trabajo, apoyando la cabeza sobre su mano izquierda. Esta postura no es casual; en la tradición iconográfica del arte occidental (que se remonta al famoso grabado de Alberto Durero), representa el temperamento melancólico, el estado de ánimo tradicionalmente asociado a los genios, los filósofos y los creadores.

Al fondo del lienzo, en la esquina superior izquierda, se eleva una estatua dorada de Minerva (la diosa romana de la sabiduría, las artes y la justicia, equivalente de Atenea).

Minerva aparece extendiendo su mano en un gesto de protección hacia Jovellanos, simbolizando el compromiso inquebrantable del político con la educación, el progreso científico y la reforma social de España.

Jovellanos sostiene unos papeles con la mano derecha, pero su mirada perdida no está fija en los documentos, sino que se dirige con cierta tristeza y escepticismo hacia el espectador, reflejando el agotamiento y la enorme carga mental que conllevaba su cargo.

Goya pintó este retrato en Aranjuez durante un breve y crítico periodo histórico. Jovellanos acababa de ser nombrado Ministro de Gracia y Justicia por el rey Carlos IV.

Sin embargo, sus intentos de modernizar el país, reformar el sistema judicial agrario y limitar el poder asfixiante de la Inquisición le ganaron rápidamente poderosos enemigos en los sectores más conservadores de la corte, liderados por Manuel Godoy (Manuel Godoy, duque de Alcudia y Príncipe de la Paz y ministro (F. de Goya, 1801)).

Meses después de que Goya acabara cuadro, Jovellanos fue forzado a dimitir, iniciando un amargo periodo de persecución política que culminaría con su posterior encarcelamiento en Mallorca.