La pintura conmemora un gran triunfo militar español ocurrido el 5 de junio de 1625 durante la Guerra de los Ochenta Años. Tras un durísimo y agotador asedio que se prolongó durante diez meses, la ciudad fortificada de Breda (en los Países Bajos), considerada una posición estratégica clave e inexpugnable, se rindió finalmente ante los tercios españoles capitaneados por el genial general genovés al servicio de la Corona española, Ambrosio Spínola.

Tradicionalmente, los cuadros de batallas mostraban a los vencedores pisoteando con soberbia a los vencidos, humillándolos para ensalzar el poder del monarca. Velázquez rompió de forma radical con esa tradición milenaria, eligiendo plasmar un momento de extrema cortesía, respeto mutuo y dignidad:

El gobernador de la plaza de Breda, el holandés Justino de Nassau, se inclina sumisamente para entregar la llave de la ciudad. Sin embargo, Ambrosio Spínola detiene su humillación de inmediato: descabalga, coloca una mano afectuosa sobre el hombro de su rival y le impide arrodillarse.

  • El Gesto de Spínola:

El Mensaje Político: El cuadro transmite que los españoles no solo eran valientes en el combate, sino también un ejército cristiano generoso, noble y caballeroso con el enemigo derrotado (Clementia Austriaca).

En el lateral derecho, los soldados españoles permanecen ordenados, coronados por una hilera de 29 lanzas rígidas y perfectamente verticales que dan el sobrenombre popular al cuadro y simbolizan la disciplina inquebrantable de los tercios. En contraste, en el lado izquierdo, las tropas holandesas aparecen con picas desordenadas y un ambiente más caótico.

Al fondo se abre un paisaje desolador donde aún humean los incendios provocados por el asedio. Velázquez utilizó la técnica de la perspectiva aérea, difuminando el fondo con sutiles tonalidades azules y grises para crear una ilusión de atmósfera real y profundidad infinita.

La sala fue concebida como el gran escaparate de propaganda política de la monarquía de Felipe IV. La rendición de Breda se colgó junto a otras once grandes escenas de victorias militares pintadas por los mejores artistas de la corte, aunque la tela de Velázquez eclipsó de inmediato a todas las demás por su modernidad y su profunda carga de empatía humana.

El general español Ambrosio Spínola era un noble genovés profundamente culto, inteligente y un caballero de la época. Cuando el holandés Justino de Nassau aceptó rendirse tras diez meses de hambre y asedio, Spínola firmó unas condiciones de rendición extraordinariamente generosas:

Permitió al ejército holandés perdedor abandonar la ciudad marchando en formación, con sus banderas desplegadas, sus armas en la mano y tocando sus tambores, en lugar de ser hechos prisioneros o masacrados. Prohibió estrictamente a sus soldados saquear la ciudad o dañar a los civiles holandeses.

Sin embargo, Justino de Nassau y Ambrosio Spínola nunca se encontraron en mitad del campo de batalla con sus caballos para ese traspaso protocolario.

Las llaves de la ciudad se entregaron de forma administrativa y los generales se saludaron de manera cortés pero formal en una reunión privada antes de que las tropas holandesas evacuaran la plaza.

El Conde-Duque de Olivares encargó esta pintura para el Salón de Reinos en un momento en que España estaba perdiendo la hegemonía militar en Europa. El cuadro pretendía lanzar un mensaje al mundo:

“Somos el imperio más poderoso, pero también el más justo, católico y compasivo”.

La realidad de la Guerra de los Ochenta Años en Flandes fue terriblemente cruel y sangrienta. En esa época los Tercios españoles protagonizaron masacres brutales y saqueos despiadados en otras ciudades rebeldes como Amberes, Naarden o Haarlem.

La “gentileza” de Breda fue la excepción diplomática, pero la Corona española la convirtió en la regla visual de su propaganda artística a través de Velázquez.

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