Quien quiera ser grande que sirva, mas no oprima» Jesús, Mt 20,25-26 –paráfrasis–

El Papa Francisco se dirigió a todos los cristianos en su encíclica Laudato si’, mi’ signore: sobre el cuidado de la casa común (2015), exhortándoles a evitar la actual degradación social y ambiental mediante el uso de la razón, la ética, y la fe.

Su tesis se basa en el credo creacionista, añadiendo la consideración de la degradación natural como un pecado hacia la obra de Dios, y dando al antropocentrismo clásico un carácter biocéntrico: el ser humano tiene el mandato de dominar la Tierra, pero también el de labrarla y cuidarla.

Expone que el modelo socioeconómico occidental, caracterizado por la voracidad en el uso de recursos y la injusticia en el reparto de los beneficios, ha generado degradación moral, tensiones sociales e insostenibilidad medioambiental, y que su intensificación y expansión suponen ahora una crisis global nueva, cuyas principales manifestaciones son la contaminación, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y de recursos, la deficiencia hídrica, la inequidad social, y la falta de consenso político y social.

Además, dichos conflictos –afirma– se agravan debido al rechazo de los poderosos, a la general discriminación hacia jóvenes y pobres, y a la negación o apatía de grandes masas de la sociedad.

Francisco defiende el respeto a las leyes naturales –y, por lo tanto, a las divinas– mediante el cultivo de la ética, la limitación y reorientación de la técnica hacia un desarrollo sostenible e integral, y la adecuación del estilo de vida con el entorno local.

Por ello, reivindica la necesidad de la “ecología integral”: una revolución cultural y educativa que atienda las dimensiones económicas, sociales y medioambientales de la existencia, y que esté fundamentada en el bien común, la justicia hacia los pobres y hacia las generaciones futuras, y en el cuidado a uno mismo, al prójimo y a la naturaleza.

Dicha revolución habrá de fundamentarse en la participación democrática y pacífica de las diferentes formas de interpretar y transformar la realidad: la elaboración de un diálogo reflexivo y honesto entre las ramas de la ciencia, la cultura, la sabiduría y la espiritualidad.

Todo está relacionado. La realidad es superior a la idea. La unidad es superior al conflicto. Los fines son superiores a los medios.

La armonía socio-ecológica global requiere de la bondad, de la ecuanimidad y de la cooperación humana.

Hablamos de, en definitiva, reverenciar la vida.