Koshikijima no Toshidon (甑島のトシدون) es un fascinante ritual religioso y folclórico que se celebra cada víspera de Año Nuevo (31 de diciembre) en la isla de Shimo-Koshiki, situada al sudoeste del archipiélago de Japón, en la prefectura de Kagoshima.
La festividad se basa en la creencia de la fe folclórica japonesa de que, en los momentos de transición y cambio de año, los dioses bajan del cielo o de las montañas a la Tierra para traer bendiciones, reprender el mal comportamiento y purificar a la comunidad.
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La transformación de los hombres: Durante la noche del 31 de diciembre, un grupo de dos a cinco hombres del pueblo se disfrazan de Toshidon (los dioses del Año Nuevo). Se visten con pesados mantos y chubasqueros hechos de paja y hojas de palmera autóctona.
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El aspecto monstruoso: Cubren sus rostros con máscaras terroríficas y gigantescas que asustan a los niños, caracterizadas por largas narices puntiagudas, colmillos enormes y cuernos demoníacos. Cuenta la leyenda que estas deidades bajan montando un caballo sin cabeza.
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La visita a las casas: Los Toshidon caminan por el pueblo y van de hogar en hogar dando golpes estruendosos en las puertas y paredes, gritando con voces roncas y llamando a los niños por su nombre.
Previamente, los padres han informado en secreto a los organizadores sobre las travesuras o malos hábitos que han tenido sus hijos durante el año. Al entrar a la casa, el Toshidon actúa de forma imponente y reprende a los niños por sus faltas (por ejemplo, si no estudian, si no obedecen a sus padres o si no recogen su habitación).
Tras asustarlos un poco y hacerles prometer solemnemente que se portarán bien y serán buenas personas el año entrante, la deidad cambia su actitud, los felicita y realiza el acto de bendición: les entrega un mochi (un pastel de arroz redondo sagrado) colocándoselo en la espalda para otorgarles buena suerte, salud y crecimiento. El Toshidon se marcha de la casa caminando hacia atrás y bendiciendo a toda la familia.
Fue considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009, y posteriormente agrupado en 2018 dentro de las tradiciones de los Raiho-shin (visitas rituales de deidades con máscaras y disfraces).