Antoine y Olga son una pareja francesa que se instaló hace tiempo en una aldea del interior de Galicia. Allí llevan una vida tranquila, aunque su convivencia con los lugareños no es tan idílica como desearían. Un conflicto con sus vecinos, los hermanos Anta, hará que la tensión crezca en la aldea hasta alcanzar un punto de no retorno.
La historia ocurrió en Santoalla do Monte, una pequeña aldea de Petín (Ourense), en Galicia.
Martin Verfondern, neerlandés, y su mujer Margo Pool se instalaron en 1997 para vivir de forma sencilla y en contacto con la naturaleza. Cultivaban la tierra, tenían animales y realizaban trabajos relacionados con la vida rural. No tenían descendencia.
Compraron unas ruinas en Santoalla do Monte (Galicia, España) y empezaron a reconstruir su casa. Cuando llegaron, el pueblo prácticamente estaba abandonado: solo quedaba abierta una casa, la de la familia Rodríguez.
Durante aproximadamente el primer año y medio hubo buena vecindad. Margo contó en el juicio que al principio eran incluso amables con ellos.
Tenían cabras, cultivaban y participaban en un proyecto de agricultura ecológica. Margo terminó especialmente vinculada a las cabras y, años después, seguía produciendo queso con la leche sobrante.
Santoalla tenía unas 355 hectáreas de monte comunal. Los Verfondern consideraban que tenían derecho a participar en los beneficios del monte exactamente igual que la familia que llevaba allí generaciones. Y eso podía significar bastante dinero.
Había aprovechamiento de pastos, madera y posibles proyectos eólicos. Llegó a circular la posibilidad de instalar 18 aerogeneradores, con importantes pagos para los comuneros.
Martin empezó a luchar judicialmente para que se reconocieran sus derechos. Los tribunales acabaron dándole la razón en aspectos fundamentales. Cuando se confirmó judicialmente su derecho a participar en los beneficios del monte, la situación con los Rodríguez se volvió todavía más tensa.
Según Margo, Martin empezó a denunciar robos, sabotajes y agresiones, y estaba convencido de que sus vecinos querían echarlos de allí.
Llegó a instalar cámaras alrededor de su casa y prácticamente nunca salía sin llevar una cámara o el teléfono para grabar cualquier incidente. Él mismo denominaba lo que estaba sufriendo “terrorismo rural”.
Margo, en cambio, le decía que dejara de enfrentarse a los vecinos y que intentaran vivir en paz. Pero Martin estaba cada vez más convencido de que estaba en peligro. Tenía un archivo de fotografías y grabaciones sobre los conflictos con los Rodríguez. Escribió un guion de humor negro, Escuela para sobrevivir en Santa Eulalia, en el que convertía a él mismo, Margo y sus vecinos en personajes. Y había dejado por escrito ante el juzgado que, si le ocurría algo, sospechaba de la familia rival.
En sus últimos meses estaba realmente asustado. Llegó a hablar con una amiga de contratar un seguro de vida porque creía que podían matarlo. Incluso le dijo que, si moría, quería ser enterrado allí, con un cartel que dijera:
“Aquí crece Martin, el holandés de Petín”.
Mandó a Margo temporalmente a Alemania para cuidar a familiares enfermos. De esa manera, ella no estaría allí cuando la situación fuera complicada. Margo se encontraba en Alemania cuando Martin desapareció.
Martin decía públicamente que tenía miedo de que lo mataran…
Durante años tuvieron problemas con sus únicos vecinos, la familia Rodríguez.
El conflicto se agravó por cuestiones relacionadas con terrenos comunales y un proyecto de parque eólico. Martin se negó a aceptar un acuerdo que sí interesaba a sus vecinos.
Martin llegó a denunciar amenazas y agresiones y estaba convencido de que podía acabar siendo asesinado. Incluso había advertido a distintas personas de que temía por su vida.
El 19 de enero de 2010, Martin desapareció cuando salió en su coche. Su cuerpo no apareció hasta 2014, cuando un helicóptero de la Guardia Civil localizó el vehículo en una zona boscosa.
Según la sentencia, Juan Carlos Rodríguez le disparó con una escopeta a través de la ventanilla del coche. Su hermano participó posteriormente en ocultar el cadáver y el vehículo.