Bienvenido, Mr. Marshall (L. García Berlanga, 1953)
El General George Catlett Marshall (1880–1959), ocupó el cargo de Jefe de Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el organizador del esfuerzo bélico aliado, coordinó el desempleo masivo de tropas y suministros tanto en Europa como en el Pacífico.
El propio presidente Franklin D. Roosevelt lo consideraba insustituible en Washington, y Winston Churchill lo apodó públicamente como “el verdadero organizador de la victoria”.
Tras el fin del conflicto, el presidente Harry S. Truman lo nombró Secretario de Estado (Ministro de Asuntos Exteriores). En 1947, consciente de que una Europa destruida, hambrienta y en ruinas era el caldo de cultivo perfecto para que los partidos comunistas respaldados por la Unión Soviética ganaran las elecciones, propuso el European Recovery Program, universalmente conocido como el Plan Marshall.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, EE. UU. lanzó el European Recovery Program (Plan Marshall). Entre 1948 y 1951, EE. UU. inyectó más de 12.000 millones de dólares de la época en las economías de 16 países europeos occidentales para reconstruir fábricas, levantar infraestructuras y reactivar el comercio, salvando al capitalismo europeo.
George Marshall fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1953 (el mismo año en que Berlanga estrenaba su película).
España fue estrictamente excluida porque el general Franco (Franco en el desfile de la victoria) había apoyado secretamente al Eje de Hitler durante la guerra.
Sin embargo, a principios de los años 50, los estadounidense, en un contexto de Guerra Fría contra la Unión Soviética, se acercaron a Franco por su anticomunismo y por su interés en contar con bases estratégicas en el Mediterráneo.
En 1953 se firmaron los Pactos de Madrid (dinero a cambio de bases aéreas). La película captura de forma exacta el nacimiento de ese “espejismo” colectivo de un pueblo que arrastraba años de hambre y aislamiento y que creía que los americanos llegarían a salvarlos de la miseria.
La autarquia de la dictadura había resultado ineficaz y el país se encontraba en un estancamiento socioeconómico.
El poder franquista se basaba en los alcaldes, la nobleza, y la Iglesia. Una dictadura paternalista que trataba a los ciudadanos españoles como a niños pequeños a los que se les exigía obediencia ciega mientras el gobierno se negaba rotundamente a dar explicaciones o rendir cuentas sobre la gestión del país.
«Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación no os la voy a dar porque os la debo».
El propio Francisco Franco exclamó tras ver la obra:
«Berlanga no es comunista, es algo mucho peor: es un mal español».