Hotel Rwanda (T. George, 2004) cuenta la historia del Hôtel des Mille Collines durante el genocidio de Rwanda (1994).

La película narra los hechos del genocidio de Ruanda de 1994, donde en solo tres meses la etnia mayoritaria hutu asesinó a unas 800.000 personas de la minoría tutsi. La trama se enfoca en Paul Rusesabagina, el gerente de etnia hutu del lujoso hotel de cuatro estrellas Hôtel des Mille Collines en Kigali, quien arriesgó su vida utilizando sobornos, carisma y contactos para proteger dentro del establecimiento a 1.268 refugiados (tanto tutsis como hutus moderados), logrando que todos sobrevivieran.

El Hôtel des Mille Collines fue un oasis en medio de la masacre generalizada. Ninguno de los más de 1.200 refugiados que se escondieron en su interior fue asesinado o herido.

El verdadero Rusesabagina utilizó de forma constante sus influencias con altos mandos militares hutus, además de recurrir al alcohol de alta calidad, puros y dinero en efectivo almacenados en el hotel para “comprar” el tiempo y la seguridad de los refugiados.

La milicia cortó el suministro del hotel y, tal como refleja una de las escenas más famosas, los refugiados tuvieron que sobrevivir bebiendo el agua clorada de la piscina del complejo turístico.

Las tropas de la ONU enviadas al terreno tenían prohibido intervenir o usar la fuerza, y los gobiernos occidentales enviaron aviones exclusivamente para evacuar a sus propios ciudadanos extranjeros, dejando atrás a la población ruandesa a su suerte.

Los supervivientes testificaron que Rusesabagina les cobraba dinero por las habitaciones y por la comida para permitirles quedarse. Quienes no podían pagar eran amenazados con ser expulsados del edificio, lo que equivalía a una sentencia de muerte segura en las calles.

El hotel pertenecía a la aerolínea belga Sabena. Los refugiados con estudios usaron las líneas de fax y teléfono del hotel para presionar directamente a gobiernos extranjeros y líderes mundiales. La presión diplomática internacional sobre el gobierno ruandés fue lo que verdaderamente impidió que las milicias asaltaran el edificio, no solo las negociaciones individuales de Paul.

La realidad posterior del protagonista superó con creces los créditos de la película. Tras exiliarse y ser condecorado en EE. UU., Rusesabagina se convirtió en un férreo opositor del gobierno de Ruanda. En el año 2020, fue detenido en circunstancias controvertidas tras subir a un avión privado que creía que iba a Burundi, pero que aterrizó en Kigali. Fue juzgado y condenado a 25 años de prisión por cargos de terrorismo vinculados a un grupo armado opositor, aunque finalmente fue liberado en 2023 tras una intensa presión diplomática del gobierno estadounidense.

hotel al ingenio de Paul, en la realidad el hotel pertenecía a la aerolínea belga. L

1994, guerra civil de Ruanda. Los odios ancestrales entre los hutu (la etnia dominante) y los tutsi provocan el asesinato del presidente del país, disturbios en las calles y, finalmente, una terrible matanza de los tutsi. Paul, que es hutu, trabaja como gerente de un hotel de lujo de Kigali y, cuando empiezan los disturbios, decide que el mejor refugio es precisamente el hotel. Y hacia allí organiza una huida desesperada acompañado no sólo de su familia, sino también de sus vecinos tutsi. Basada en hechos reales.

Rwanda genocide

En la película parece que Paul Rusesabagina decide por su cuenta quién entra y quién se queda en el hotel. En la realidad, las decisiones las tomaba un comité informal de refugiados, formado por líderes comunitarios, intelectuales y empresarios tutsis y hutus moderados que estaban escondidos allí. Ellos se organizaban en secreto por las noches para redactar las listas oficiales de personas enviadas por fax a las embajadas internacionales, asegurándose de que el mundo supiera exactamente quiénes estaban vivos dentro.

Un refugiado anónimo logró comunicarse por teléfono directamente con una alta funcionaria del Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional en la Casa Blanca (Estados Unidos). Le dijo textualmente:

“Nos van a matar en las próximas dos horas, por favor hagan algo”.

Ella, conmovida, llamó de inmediato al cuartel general del ejército de Ruanda para advertirles que el mundo los estaba observando en tiempo real. Esa llamada frenó un asalto militar inminente al hotel.