Las ciudades romanas se construían siguiendo la centuriación, un diseño geométrico basado en los castra (campamentos militares).
Se basa en la época del Alto Imperio Romano, abarcando de forma general los siglos I y II d.C. Si analizas los detalles del juego, estás gobernando en la época de emperadores como Augusto, Trajano o Adriano, y lo sabemos por elementos clave que tú mismo vas a estructurar en tu jardín:
El Coliseo y el Circo Máximo: Construir estas megaestructuras en el juego te sitúa de lleno en el siglo I d.C. en adelante (el Coliseo real se inauguró en el año 80 d.C.).
El sistema de provincias: El mapa de misiones (donde viajas a Londinium, Lugdunum o Tarraco) representa la máxima expansión territorial de Roma, que ocurrió bajo el mandato de Trajano a principios del siglo II d.C.
Te enfrentas a pueblos como los celtas, los galos o los godos, que fueron los grandes dolores de cabeza del Imperio durante esos siglos (Gauls (0 AD), Germans (0 AD))
Rango político
tenía una salario en denarios
-
Civitas (Ciudadano): tenían el derecho a votar en los ius suffragii (asambleas), a hacer negocios legales (ius commercii), a no sufrir torturas ni castigos físicos por parte de los magistrados, y a un juicio justo.
-
Scriba (Escribano): eran funcionarios públicos, hombres libres encargados de registrar las leyes del Senado, llevar la contabilidad oficial de los impuestos de la provincia, redactar las actas de los juicios públicos y custodiar los documentos del Tabularium (archivo)
-
Engineer (Ingeniero): el ingeniero militar era el encargado de diseñar los castra (campamentos fortificados), calcular los puentes de madera sobre ríos salvajes en tiempo récord para que pasaran los soldados y, sobre todo, construir y calibrar las máquinas de asedio pesadas (balistas, escorpiones y catapultas)
-
Architectus (Arquitecto): los arquitectos (del griego ) calculaba la inclinación de un acueducto para que el agua fluyera por gravedad, diseñaban los hipocausto (complejos sistemas de calefacción subterránea de las termas) y dominaba el uso del hormigón para levantar cúpulas gigantescas que no se cayeran.
-
Quaestor (Cuestor): se encargaban de las finanzas y la recaudación.
-
Procurator (Procurador): rango administrativo de peso, encargado muchas veces de la gestión de provincias imperiales completas.
-
Aedile (Edil): encargados del mantenimiento de las ciudades, el orden público y la organización de los juegos.
-
Praetor (Pretor): magistrados de élite con poder judicial y militar
-
Consul (Cónsul): El cargo electo más alto de la República Romana real, que en el juego representa gobernar las provincias más ricas o peligrosas del mapa. Sueldo: 100 denarios al año.
-
Proconsul (Procónsul): Un ex-cónsul enviado a gobernar las provincias estratégicas más gigantescas del Imperio (como Britania, en el mapa de Londinium). Sueldo: 120 denarios al año.
-
Caesar (César): El rango final del juego. Al completar la última y más infernal misión (Massilia o Lindum), te conviertes oficialmente en el Emperador de Roma, alcanzando la victoria absoluta de tu campaña. Sueldo máximo: 150 denarios al año.
Diseño urbano
En la ingeniería romana, este sistema de cuadrícula se llamaba centuriación o damero. Estaba inspirado directamente en la estructura ultrarrápida y defensiva de sus campamentos militares (castra), ya que los romanos aplicaban la misma disciplina a la guerra que a la paz urbana.
La primera de estas avenidas era el Cardo Maximus, que cruzaba la ciudad en línea recta de Norte a Sur. La palabra cardo significa literalmente “bisagra” o “eje”, porque apuntaba hacia el eje sobre el que gira la Tierra (los polos). De ahí viene que hoy hablemos de los puntos “cardinales”. El Cardo solía ser la calle con más movimiento comercial, repleta de tiendas en las plantas bajas y soportales para que la gente pudiera pasear protegida del sol o de la lluvia.
La segunda gran avenida era el Decumanus Maximus, que cortaba la ciudad de Este a Oeste, siguiendo de forma aproximada el recorrido del sol. El término viene del trabajo de los topógrafos de la época, que usaban el número diez como base para parcelar las tierras. Esta calle era vital porque conectaba las puertas de la ciudad con las calzadas romanas que viajaban hacia otras provincias o hacia la propia Roma.
En el punto exacto donde el Cardo y el Decumano se cruzaban, se abría un gran espacio diáfano: el Foro. Este lugar era el auténtico corazón de la ciudad. El cruce funcionaba como un imán que concentraba la vida política, judicial y religiosa. Allí se levantaba la Basílica para los juicios y los negocios, la Curia para el gobierno municipal y los templos principales. A veces, en esa misma intersección, colocaban un monumento llamado Umbilicus Urbis, que significaba “el ombligo de la ciudad”. Era una forma de decirle al ciudadano que, en ese punto exacto, estaba en el centro de su mundo.
A partir de estos dos ejes principales, los romanos trazaban calles secundarias paralelas (llamadas cardines y decumani menores) hasta cuadricular todo el terreno en bloques perfectos de viviendas, que llamaban insulae.
Para lograr que las calles fueran perfectamente rectas a lo largo de kilómetros y formaran ángulos precisos de 90 grados, los ingenieros utilizaban una herramienta clave llamada groma. Era un aparato muy sencillo: una cruz de madera con hilos de plomada que colgaban de los extremos. Mirando a través de los hilos, podían alinear estacas en el suelo a perder de vista con una precisión matemática asombrosa. Cualquier persona que llegara a una ciudad romana, viniera de donde viniera, sabía orientarse al instante gracias a esta cuadrícula perfecta.
Casas
Casae
En los primeros niveles del juego, cuando pones parcelas de zona residencial, lo primero que aparece son tiendas de campaña y chozas miserables de madera y paja (Tents y Shacks). Históricamente, estas eran las casae, las viviendas tradicionales de las clases más bajas, los campesinos y los esclavos. Eran construcciones extremadamente precarias hechas de barro, cañas y paja. Roma comenzó siendo un conjunto de estas cabañas en el monte Palatino (como la famosa cabaña de Rómulo), y en el juego representan ese estado de “supervivencia” inicial antes de que llegue la infraestructura de ladrillo y piedra.
Insulae
Las insulae eran bloques de apartamentos de alquiler donde vivía la inmensa mayoría de la población plebeya en ciudades masificadas. Podían tener entre tres y seis pisos de altura. Eran famosas por su baja calidad constructiva, usando mucha madera, lo que provocaba derrumbes e incendios constantes. En los pisos más altos vivían los más pobres en habitaciones oscuras, sin agua corriente ni retretes, mientras que las plantas bajas solían albergar tiendas (tabernae) abiertas a la calle.
Domus
La domus era la vivienda unifamiliar urbana reservada exclusivamente para los ciudadanos ricos y patricios. A diferencia de las insulae, estaban orientadas hacia el interior para aislarse del ruido de la calle. Todo giraba en torno al atrio (atrium), un patio central abierto con una cisterna para recoger agua de lluvia (impluvium), y al peristilo (peristylum), un bellísimo jardín trasero rodeado de columnas donde se hacía la vida familiar.
Villae
Las villae eran fincas rurales de los aristócratas fuera de las murallas de la ciudad. Había dos tipos: la villa rustica, que funcionaba como una explotación agrícola o ganadera trabajada por esclavos, y la villa urbana, que eran auténticos palacios de campo destinados al descanso, el lujo, las termas privadas y la exhibición del poder económico del propietario.
Palatium
El nivel máximo de evolución residencial en el juego son los Palacios (Palaces), estructuras gigantescas que ocupan parcelas de 4x4 y que exigen servicios masivos como acceso al Hipódromo y varias fuentes de entretenimiento. Históricamente, la palabra palatium proviene directamente del Monte Palatino en Roma, la colina aristocrática por excelencia donde los emperadores (comenzando por Augusto y consolidándose con la dinastía Flavia) construyeron sus colosales residencias oficiales. Estas estructuras combinaban la vivienda del gobernante con salones del trono, salas de audiencias y templos, convirtiendo la arquitectura doméstica en el monumento político definitivo.
Praetorium
El Praetorium era una mansión de lujo que servía de casa del gobernador, centro del mando militar y tribunal de justicia de la región.
Los ciudadanos acudían a suplicar clemencia, resolver juicios comerciales importantes o pedir protección militar.
Ocio
Teatro
El teatro era el espacio de la cultura de influencia griega y el drama. Se construía aprovechando la pendiente natural de una colina para asentar las gradas semicirculares (cavea), orientadas hacia una ornamentada pared de piedra (scaenae frons) que servía de decorado permanente. En el juego, es el primer edificio de entretenimiento que desbloqueas porque requería menos inversión. En la época del Alto Imperio, las grandes tragedias clásicas habían perdido fuelle frente a espectáculos más populares y ligeros como las comedias satíricas, las danzas y los mimos, que eran los verdaderos fenómenos de masas que atraían a toda la población.
Anfiteatro
El anfiteatro (que significa literalmente “dos teatros unidos”) era una estructura completamente ovalada diseñada para albergar los espectáculos más sangrientos y extremos: las cacerías de animales exóticos (venationes) y, por supuesto, los combates de gladiadores (munera).
El Coliseo de Roma es el ejemplo supremo.
Los combates eran organizados y financiados por los propios magistrados o el emperador para ganar votos y popularidad.
Bajo la arena, existía un laberinto de túneles y trampillas (hypogeum) desde donde aparecían fieras e izaban decorados mediante poleas para sorprender al público.
Circus
El circo era el edificio más grande y espectacular de cualquier ciudad romana, destinado exclusivamente a las carreras de carros (cuadrigas). Consistía en una pista alargada dividida por un muro central decorado con estatuas y obeliscos llamado spina.
En la Roma real, el Circo Máximo podía albergar a más de 150.000 espectadores. Las carreras desataban pasiones extremas y violentas; el público se dividía fanáticamente por facciones de colores (rojos, blancos, azules y verdes), y los aurigas (conductores) exitosos se convertían en los atletas más ricos y famosos de toda la Antigüedad.
Prefectura
La prefectura representa a los Vigiles, un cuerpo creado por el emperador Augusto que funcionaba a la vez como bomberos y policía nocturna. En una época donde las ciudades romanas estaban masificadas y las cocinas usaban fuego abierto en edificios con vigas de madera, los incendios eran la peor pesadilla urbana.
Los prefectos patrullaban constantemente las calles con cubos de agua, hachas y mantas impregnadas en vinagre para sofocar cualquier chispa antes de que arrasara un barrio entero.
Ingeniería de Agua (Depósitos y Acueductos)
El suministro de agua era el orgullo visual de la ingeniería imperial. Los acueductos salvaban kilómetros de distancia con una pendiente milimétrica constante para traer agua limpia desde manantiales lejanos hasta un gran depósito urbano llamado castellum aquae.
Los depósitos eran conectados por líneas de agua para que las fuentes funcionen. En la realidad. El depósito central distribuía el agua mediante un sistema de prioridades muy estricto: primero a las fuentes públicas, luego a las termas y letrinas públicas, y el excedente se vendía a las domus de los patricios más ricos a cambio de una tasa.
Puesto de ingenieros
Los architecti y los gremios de constructores (collegia fabrorum) eran profesionales civiles y militares obsesionados con el mantenimiento preventivo.
Inspeccionaban el desgaste de los puentes, las grietas provocadas por los terremotos en los acueductos y controlaban que los materiales de las nuevas construcciones cumplieran con las estrictas normas urbanísticas dictadas desde Roma.
Salud
Termas
Las termas o baños eran un lugar para lavarse y el centro de la vida social, los cotilleos, los negocios y la política diaria. Cualquier ciudadano, rico o pobre, acudía por la tarde a relajarse.
Los romanos sabían que la higiene pública evitaba epidemias.
Los ciudadanos pasaban del apodyterium (vestuario) al frigidarium (agua fría), luego al tepidarium (templada) y finalmente al caldariarium (caliente), el cual se calentaba mediante el hipocausto: un sistema subterráneo de hornos que hacía circular aire caliente bajo los suelos y entre las paredes.
Puesto del médico
La medicina romana estaba muy influenciada por la griega y se basaba en las tabernae medicae: pequeñas consultas a pie de calle donde el médico atendía problemas cotidianos, recetaba ungüentos, extraía muelas o curaba heridas menores. En el Alto Imperio, los médicos eran profesionales respetados (muchas veces libertos griegos) que pagaban sus propios locales para dar servicio a la comunidad.
Hospital
En el imperio Romano, los Valetudinaria eran hospitales para el ejército y la economía esclavista.
Eran complejos con patios interiores y habitaciones separadas diseñados en los campamentos militares para recuperar rápido a los soldados heridos, o en los latifundios agrícolas para sanar a los esclavos valiosos. Solo con el tiempo, en las grandes capitales de provincia, se adaptaron para la salud pública general.
los hospitales grandes como tales no existían originalmente para los civiles pobres (que morían en sus casas), sino que nacieron con dos propósitos muy claros: el ejército y la economía esclavista. Se llamaban Valetudinaria.
Educación
Escuela
Las escuelas primarias romanas eran los centros del litterator. No eran edificios públicos majestuosos pagados por el Estado, sino que solían ser un rincón alquilado en el Foro, separado del bullicio solo por una cortina, o una pequeña habitación.
Los niños de familias modestas aprendían a leer, escribir y hacer cuentas básicas con un ábaco bajo una disciplina severa basada en los castigos físicos.
Academia
La educación superior estaba destinada exclusivamente a la élite aristocrática que iba a gobernar el Imperio.
En la escuela del rhetor (profesor de retórica) los jóvenes aprendían el arte de la oratoria, la filosofía jurídica y la literatura clásica.
Saber hablar bien en público en el Foro o en el Senado era la única forma en que un ciudadano de clase alta podía hacer carrera política.
Biblioteca
Los romanos valoraban muchísimo las bibliotecas públicas. Eran centros culturales monumentales añadidos muchas veces a los complejos de las grandes Termas. Tenían dos salas idénticas y separadas: una sección para manuscritos en latín y otra para manuscritos en griego (ya que la élite romana era completamente bilingüe). Cualquiera podía entrar a leer los rollos de papiro, escuchar recitales de poesía o debatir sobre filosofía.
Religión
Ceres
En la mitología, era la diosa de la agricultura y los cultivos. En la realidad histórica, el culto a Ceres era un pilar absoluto del Estado romano porque de ella dependía la estabilidad social. Los romanos eran obsesivos con el suministro de grano (la Annona). Si las cosechas fallaban, la plebe se amotinaba y caían gobiernos. Su festival principal, las Cerealias (en abril), incluía carreras de carros y se liberaban zorros con antorchas encendidas en la cola en el Circo Máximo, un ritual mágico para purificar los campos y ahogar las plagas antes del verano. Su templo principal en Roma estaba en el monte Aventino y era el centro neurálgico de los plebeyos.
Neptuno
Históricamente, Neptuno no empezó siendo el rey absoluto de los océanos, sino el dios de las aguas dulces, las fuentes y los manantiales. Roma era una potencia originalmente terrestre; solo cuando los romanos vencieron a Cartago en las Guerras Púnicas y se adueñaron del Mediterráneo (al que llamaron Mare Nostrum), adoptaron la mitología griega de Poseidón y convirtieron a Neptuno en el gran dios del mar y de la navegación comercial. Además, tenía el título de Neptunus Equestris porque se le consideraba el protector de los caballos y de los jinetes, razón por la cual los generales le hacían ofrendas monumentales antes de organizar carreras de cuadrigas en los circos.
Mercurio
Era el dios del comercio, las ganancias, los mensajes y los ladrones. En la sociedad romana, que estaba completamente volcada al dinero y los negocios, Mercurio era uno de los dioses más populares a nivel doméstico. Los comerciantes reales no daban un paso sin bendecir sus balanzas en su nombre. El 25 de mayo, en su festividad, los mercaderes acudían a su fuente sagrada cerca de la Porta Capena en Roma, mojaban ramas de laurel en el agua y salpicaban sus cabezas y sus mercancías para asegurarse de que sus mentiras comerciales y sus trucos de venta funcionaran durante el año sin enfadar a los dioses.
Marte
Para los romanos, Marte no era solo el dios de la violencia y la guerra sangrienta (como el Ares griego), sino un dios de la estructura, la disciplina militar y la protección de los campos. Los romanos lo consideraban el padre biológico de Rómulo y Remo, es decir, el antepasado directo de todo su pueblo. Su culto marcaba el calendario: marzo (Martius, el mes de Marte) iniciaba la temporada anual en la que el ejército salía a la guerra tras pasar el invierno. Antes de marchar, los generales acudían a su templo, agitaban las lanzas sagradas de la ciudad y gritaban “¡Mars vigila!” (¡Marte, despierta!).
Venus
Aunque hoy se la asocia solo con el amor romántico y la belleza, para el Estado romano Venus era una deidad de poder político masivo. Julio César y su heredero Augusto afirmaban que su propia familia (la dinastía Julio-Claudia) descendía directamente de ella a través de su hijo Eneas. Por eso la adoraban como Venus Genetrix (la madre creadora del pueblo romano). Sus templos reales eran monumentos de propaganda política pura. Además, la invocaban como Venus Verticordia (“la que cambia los corazones”), encargada de proteger la moralidad y la virtud casta de las mujeres romanas dentro del hogar.
Oráculo
Los romanos eran profundamente supersticiosos y antes de tomar cualquier decisión política o militar importante, consultaban el futuro. Aunque el oráculo más famoso era el de Delfos (en Grecia), en la propia Italia el más respetado era el de la Sibila de Cumas. La Sibila era una sacerdotisa que entraba en trance en una cueva profunda inhalando gases subterráneos y pronunciaba profecías crípticas en verso. Los romanos guardaban estas profecías en los llamados Libros Sibilinos, que el Senado abría bajo llave solo en momentos de extrema emergencia nacional.
Militar
En el Alto Imperio, el sistema militar no funcionaba como los ejércitos modernos ni como las escaramuzas caóticas que a veces se ven en los videojuegos. Estaba basado en una estricta profesionalización:
Cuartel
Es el edificio operativo obligatorio (solo puedes construir uno por ciudad) donde se recluta y entrena a todo el personal militar. Curiosamente, en el juego no aloja a las tropas, sino que funciona como una “fábrica de soldados”: una vez que los entrena, el recluta camina individualmente por las calles de tu ciudad hasta llegar a su destino (un fuerte o una torre de defensa)
Fuertes
Las legiones nse alojaban en campamentos permanentes fortificados situados estratégicamente en las fronteras (Limes) o en provincias conflictivas. Eran auténticas ciudades en miniatura hechas de piedra, con sus propios graneros, talleres de armas, calles principales (también con Cardo y Decumano) y un hospital militar (Valetudinarium).
Los legionarios van armados con la lorica segmentata y estudos. Son lentos pero con mucha resistencia y poder en el cuerpo a cuerpo.
Son la infantería ligera del juego. No necesitan armas industriales de hierro para entrenarse (por lo que son muy baratos y rápidos de reclutar cuando no tienes dinero o recursos). Su función táctica es el ataque a distancia: lanzan jabalinas desde lejos para mermar a los enemigos antes de que lleguen a tus líneas. Son muy vulnerables si el enemigo los alcanza en el cuerpo a cuerpo.
La tropa montada a caballo del juego. Al igual que los lanceros de jabalina, no consumen armas de hierro de tus almacenes. Su gran ventaja en el mapa de juego es la velocidad extrema. Sirven para cruzar el mapa volando, interceptar enemigos rápidos o flanquear a las tropas invasoras mientras tus legionarios pesados avanzan lentamente.
La Academia Militar y las formaciones: En el mundo antiguo, los bárbaros luchaban por valor individual, pero Roma ganaba por su disciplina y sus tácticas de grupo. El juego refleja esto: si tienes Academia, tus tropas pueden formar en “cuadro defensivo” o avanzar en bloque. La instrucción militar real de un soldado era durísima y les permitía cambiar de formación en medio del caos de la batalla con un solo toque de trompeta.
Los gobernadores de las provincias romanas no eran totalmente independientes; sus legiones pertenecían al Estado (o al Emperador). Era completamente habitual que el poder central ordenara a un gobernador enviar dos de sus cohortes a una provincia vecina para sofocar una revuelta, dejando su propia zona desprotegida.
Esto es una escala reducida para que el juego funcione. En la realidad, la unidad básica del ejército era la centuria (80-100 hombres), y un fuerte romano real (castrum) albergaba a una cohorte entera (unos 480 hombres) o a una legión completa (más de 4.000 soldados). Un fuerte real era del tamaño de un pueblo entero.
En la realidad, el reclutamiento, el entrenamiento básico, el almacenamiento de armas y los dormitorios de las tropas ocurrían todo dentro del mismo fuerte militar. Las ciudades civiles no solían tener un “cuartel” en medio de las calles comerciales.
Donde se asentaba un fuerte militar permanente, los civiles acudían en masa a construir casas, mercados y tabernas en los alrededores (canabae) porque los soldados tenían dinero fresco para gastar (su sueldo o stipendium) y ofrecían protección. Muchos de estos fuertes terminaron convirtiéndose en ciudades grandes reales (como León en España o Viena en Austria).
Murallas
Las puertas de una muralla romana eran los puntos de control aduanero y militar más vigilados de la ciudad, siempre llenos de centinelas cobrando tasas comerciales y registrando a los extranjeros.
Esto es totalmente real. A partir del siglo I d.C., los ingenieros romanos empezaron a diseñar las murallas de las ciudades fronterizas y de los grandes campamentos permanentes con torres semicirculares o cuadradas que sobresalían hacia el exterior. El objetivo exacto de estas torres era servir de plataformas elevadas para colocar artillería pesada fija.
En el juego, las torres disparan unos proyectiles enormes que destrozan elefantes o carros enemigos. En la realidad, esas máquinas eran balistas (del tamaño de un coche, que disparaban piedras o grandes virotes de madera con punta de hierro) y escorpiones (versiones más pequeñas que funcionaban como gigantescas ballestas de francotirador)
Un virote de balista romana real salía disparado a más de 100 km/h gracias a un sistema de torsión de cuerdas de tendones o crines de caballo. Podía atravesar escudos, armaduras dobles y a varios hombres a la vez a unos 300 o 400 metros de distancia.
En la realidad, las balistas eran máquinas de madera independientes con ruedas o soportes. Los soldados las guardaban a cubierto para que la lluvia no estropeara la tensión de las cuerdas y las subían a las torres mediante poleas o rampas solo cuando se avistaba al enemigo en el horizonte
Construían dos muros paralelos de piedra y el espacio de en medio lo rellenaban con toneladas de tierra batida y escombros (agger). Esto creaba un paseo superior anchísimo por donde podían correr los soldados y mover las pesadas balistas de madera de un lado a otro sin problemas de espacio
El escorpión era una artillería ligera, compacta y muy manejable (manejada por solo 2 o 3 soldados). Su objetivo no era derribar estructuras enemigas (no hacían daño a la piedra), sino eliminar personas. Disparaba flechas o virotes de hierro con una puntería quirúrgica a unos 100-300 metros de distancia. Los romanos los usaban en las torres como “francotiradores” para abatir a los oficiales enemigos, a los portaestandartes o a cualquiera que intentara acercar una escalera o una torre de asedio a la muralla
La balista era la hermana mayor. Era una máquina de guerra colosal que requería entre 8 y 10 operarios para funcionar y podía superar los 3 metros de altura.
Su función real: Disparaba rocas pesadas (de hasta 30 kilos) o vigas de madera gigantescas con punta de hierro. Su objetivo desde la torre era destruir la maquinaria de asedio enemiga (hacer pedazos las catapultas enemigas antes de que se acercaran) o romper las filas compactas de soldados a gran distancia (hasta 400 metros).
Es la tropa de élite del juego. Van armados con la armadura de placas clásica (lorica segmentata) y escudos. Son lentos al marchar, pero tienen una resistencia y poder de ataque cuerpo a cuerpo brutal. Tienen una condición logística estricta en el juego: necesitan armas para crearse. Cada soldado requiere una carreta de armas de hierro procedente de tus almacenes; si no tienes industria de armamento o no importas armas, el cuartel jamás podrá enviarte legionarios.
Son los campamentos donde viven tus tropas estables. El juego te limita a un máximo de 6 fuertes por provincia, y cada uno de ellos funciona como una “cohorte” que alberga exactamente a 16 soldados a máxima capacidad. Son edificios enormes que hunden por completo la deseabilidad de la zona (a nadie le gusta vivir junto a un ruidoso campamento de soldados), por lo que debes construirlos bien apartados de los barrios residenciales.
-
Los Fuertes (Castra):
-
El Soldado Profesional: Tras las reformas del general Mario, el legionario romano ya no era un ciudadano que volvía a su granja tras la batalla. Era un soldado profesional contratado por unos 20 o 25 años a cambio de un salario regular (stipendium). Su equipamiento era estandarizado por el Estado: la famosa armadura de placas (lorica segmentata), el escudo rectangular (scutum) y la espada corta de apuñalamiento (gladius).
-
Las Tropas Auxiliares: El ejército romano real dependía enormemente de los pueblos conquistados. Mientras que las legiones estaban compuestas exclusivamente por ciudadanos romanos de infantería pesada, los extranjeros no ciudadanos eran reclutados como tropas auxiliares (auxilia). Ellos aportaban las especialidades que a Roma le faltaban: la caballería númida, los arqueros sirios o los honderos baleares. Al licenciarse tras 25 años de servicio, estos auxiliares recibían la ciudadanía romana como recompensa para ellos y sus hijos, sirviendo como una herramienta brutal de romanización.
Comercio
En Caesar III, el Mercado es el edificio logístico más importante para tus barrios. Colocas el mercado y una empleada (la pescadera o compradora) viaja con una cesta al granero o almacén más cercano para llenarlo de trigo, fruta, carne, aceite o cerámica. Después, otra empleada pasea por las calles repartiendo estos productos a las casas para hacerlas evolucionar.
Existieron dos tipos de mercados muy claros. Por un lado estaban las Tabernae, que eran pequeñas tiendas fijas a pie de calle en los bajos de las insulae. Por otro lado estaban los Macella (en singular Macellum), que eran los grandes mercados centrales cubiertos, idénticos en función a los mercados de abastos actuales.
Eran patios columnados con una fuente en medio donde se vendía el pescado fresco, la carne y los productos perecederos. El comercio era tan vital que el Estado romano regulaba por ley los precios máximos en épocas de crisis para evitar la especulación.
El comercio marítimo unificó el Mediterráneo bajo el concepto de Mare Nostrum (Nuestro Mar). Los puertos romanos eran prodigios de la ingeniería civil. Inventaron el hormigón hidráulico, una mezcla de cal y ceniza volcánica (puzolana) que fraguaba y se endurecía debajo del agua. Gracias a esto pudieron construir rompeolas gigantescos, faros monumentales y dársenas cerradas (como el impresionante puerto hexagonal de Trajano en Ostia) donde podían atracar cientos de barcos comerciales a la vez a salvo de las tormentas.
Agricultura y ganadería
La agricultura era el sector económico más importante del mundo romano (más del 80% de la población trabajaba en el campo). La gran diferencia con el juego es que las granjas de las provincias no eran cooperativas de la ciudad, sino latifundios: gigantescas explotaciones rurales propiedad de senadores patricios y trabajadas por cientos de esclavos. Un invento revolucionario de la época, mencionado por Plinio el Viejo en la Galia, fue la vallus: una cosechadora mecánica de madera empujada por un buey que cortaba las espigas de trigo automáticamente, multiplicando la producción.
Los romanos fueron los reyes de la logística masiva. Sus grandes almacenes se llamaban Horrea. Los graneros no eran simples cobertizos de madera; eran auténticas fortalezas de piedra con muros gruesos y contrafuertes. Lo más increíble de su ingeniería real es que construían los suelos sobreelevados sobre pequeños pilares de ladrillo (suspensurae). Esto creaba una cámara de aire subterránea que mantenía el grano perfectamente ventilada, fresco y, sobre todo, a salvo de la humedad y de las ratas, permitiendo almacenar comida para años.
El pescado era la fuente de proteínas más codiciada del Imperio, ya que la carne de vaca o cerdo era un lujo caro. Los romanos montaron una industria pesquera colosal a lo largo del Mediterráneo. Su producto estrella no era el pescado fresco (que se echaba a perder rápido), sino el Garum. Era una salsa hecha a base de vísceras de pescado fermentadas al sol con sal y especias. Era el condimento rey de la gastronomía romana; lo echaban absolutamente en todo (como la salsa de soja hoy) y se envasaba en millones de ánforas para exportarse a todos los rincones del Imperio.
Política
El Foro de cualquier ciudad romana albergaba los edificios financieros oficiales. Allí se encontraba el Tabularium (el archivo público), donde se guardaban los censos que registraban las propiedades de cada ciudadano para calcular cuánto debían pagar. También en el Foro (en los sótanos de los templos principales, como el Templo de Saturno en Roma) se custodiaba el Aerarium, el tesoro público donde se depositaba físicamente el dinero recaudado de los impuestos de la ciudad.
A diferencia del pacífico funcionario que pasea por tu ciudad en el juego, la recaudación en la República y el Alto Imperio se privatizaba mediante subastas. El Estado romano subastaba el derecho a cobrar impuestos en una provincia a unos empresarios ricos llamados publicanos. El publicano le adelantaba a Roma el dinero exigido y luego enviaba a sus propios agentes a recaudarlo casa por casa. Como el publicano se quedaba con todo el dinero extra que lograra sacar a la fuerza, estos cobradores extorsionaban a la población y eran las personas más odiadas de la antigüedad.
Los agentes de los publicanos o los recaudadores municipales de las ciudades llevaban unas cestas de mimbre o juncos para ir metiendo las monedas de plata y bronce. Esas cestas se llamaban en latín fiscus. Con el tiempo, el nombre de la cesta pasó a definir al tesoro del Emperador y, hoy en día, seguimos usando la palabra “fisco” o “sistema fiscal” para referirnos a los impuestos.
- En el Alto Imperio, el cobro de impuestos estaba ultra centralizado. Había dos tipos principales: el tributum soli (el impuesto por la propiedad de la tierra) y el tributum capitis (un impuesto por cada cabeza, es decir, por persona). Al igual que en el juego, si una ciudad no pagaba, el Gobernador enviaba a los soldados a recaudarlo por la fuerza. Respecto a la moneda, el Denario de plata y el Áureo de oro eran las monedas oficiales de curso legal. El control de la moneda era tan estricto que solo unas pocas ciudades tenían derecho a acuñar moneda de bronce local; las monedas de oro y plata de alto valor se fabricaban exclusivamente en la ceca (casa de la moneda) oficial de Roma bajo la supervisión directa del Emperador para evitar falsificaciones.
Materias primas e industria
Existían talleres especializados llamados Officinae. Las alfarerías romanas eran fábricas gigantescas que producían millones de ánforas, los contenedores de cerámica estándar de la antigüedad. En el caso del aceite de oliva, la producción en provincias como la Bética (Andalucía) era tan masiva que los barcos descargaban millones de ánforas en el puerto de Roma. Cuando las vaciaban, las tiraban en un vertedero que hoy sigue existiendo: el Monte Testaccio, una colina artificial en Roma formada exclusivamente por más de 50 millones de ánforas de aceite rotas.
Ornamentación
Jardines
El jardín urbano como oasis (Peristylum
Dentro de las ciudades, en las casas de los patricios ricos (las domus), el jardín se ubicaba en la parte trasera y se llamaba peristilo. Era un patio rectangular al aire libre rodeado por una galería de columnas. Como las calles romanas eran ruidosas, sucias y olían mal, el jardín del peristilo era el oasis privado de la familia. Los romanos diseñaban estos espacios de forma geométrica y simétrica, combinando fuentes de mármol, pequeños canales de agua, estatuas de dioses y plantas aromáticas (como el laurel, el romero, el mirto o el romero). Era el lugar donde los dueños de la casa leían, filosofaban, hacían negocios o cenaban con sus invitados en verano.
Los Horti: Las mega-mansiones suburbanasA finales de la República y durante el Imperio, los aristócratas más poderosos y los propios emperadores empezaron a comprar terrenos gigantescos a las afueras de las murallas de Roma para construir villas rodeadas de jardines colosales. Estos parques se conocían como Horti. Los más famosos, como los Horti Sallustiani o los Horti Lamiani, eran tan espectaculares que incluían pórticos kilométricos, lagos artificiales, pabellones de banquetes y colecciones de arte griego al aire libre. Cuando los emperadores se encaprichaban de ellos, a menudo confiscaban estos jardines, convirtiéndolos en propiedades imperiales de un lujo inimaginable.
El arte de la Topiaria: Domar a la naturaleza
Los romanos inventaron el paisajismo tal y como lo conocemos. Tenían un esclavo especializado llamado topiarius (el jardinero artístico). Su único trabajo era utilizar tijeras de podar para dar formas geométricas o fantásticas a los arbustos de boj, ciprés o hiedra. Creaban siluetas de barcos, animales, letras con el nombre del dueño de la casa o flanqueaban los senderos con setos perfectamente rectos. Para la mentalidad romana, moldear un arbusto era otra forma de demostrar que la civilización del Imperio podía domar y ordenar la naturaleza salvaje.
Plazas
Las calzadas romanas de tierra eran habituales en los campos, pero dentro de las ciudades, las calles principales debían estar pavimentadas obligatoriamente con losas de piedra (viae stratae) por decreto de los ediles. Esto evitaba el polvo en verano y el barro en invierno, permitiendo que los desfiles triunfales, los carruajes comerciales y los ciudadanos con sandalias de cuero caminaran de forma limpia y digna por la urbe.
Estatuas
Las ciudades romanas estaban literalmente inundadas de estatuas de mármol y bronce. No estaban metidas en museos, sino en mitad de la calle, en los nichos de las termas, en el teatro y por todo el Foro. Tenían tres propósitos: el religioso (estatuas de dioses), el conmemorativo (homenajes a ciudadanos ilustres que habían pagado un acueducto o un anfiteatro de su bolsillo) y, sobre todo, la propaganda política. En cada rincón de cada provincia del Imperio debía haber un busto o una estatua ecuestre gigante del Emperador para recordarle a la población quién mandaba.
Puestos de misión
Roma sabía que no podía controlar tres continentes usando solo la fuerza de las espadas. Cuando conquistaban un territorio bárbaro, instalaban puestos comerciales y centros administrativos para atraer a los jefes de las tribus locales. Les enseñaban latín, les daban la ciudadanía romana, les invitaban a las termas y les hacían vestir togas. Al cabo de una generación, los hijos de esos “bárbaros nativos” ya se consideraban plenamente romanos y ayudaban a defender la propia frontera de su provincia.
En lugar de exterminar a las tribus nativas (como los galos, celtas o germanos), los gobernadores ponían puestos comerciales en sus fronteras. Atraían a los jefes nativos ofreciéndoles vino mediterráneo, aceite de oliva, cerámica fina y telas de calidad.
Los romanos convencían a los líderes locales de que aliarse con Roma era un gran negocio. Les daban el estatus de “pueblos federados” (foederati).
A cambio de protección y comercio, los jefes nativos enviaban a sus hijos a las ciudades romanas. Allí aprendían latín, se cortaban el pelo, vestían togas y visitaban las termas. Al cabo de una generación, esos hijos de jefes bárbaros ya se sentían plenamente romanos y eran los primeros en defender la frontera contra otras tribus.
