María Constancia Caraza Valdés (1892–1977), conocida en La Habana de los años 20 como “La Macorina”, fue una prostituta y revolucionaria feminista.
Fue la primera mujer en obtener un permiso de conducir y tener coche en Cuba (un bólido rojo), vestía con trajes masculinos, fumaba puros en público y manejaba su propia fortuna de manera independiente como una de las cortesanas más deseadas de la alta sociedad habanera.
El poeta asturiano Alfonso Camín, exiliado en Cuba, quedó fascinado por el magnetismo de María Calvo. Escribió el poema “Macorina” (1928) en su libro Carey, utilizando el ritmo de la poesía afroantillana y una métrica que imitaba el vaivén del son cubano.
El texto describe la sensualidad de los movimientos de la mujer por las calles de La Habana, sus labios de “pulpa de mango” y la fascinación que provocaba en cualquiera que la viera pasar.
Ponme la mano aquí, Macorina
Ponme la mano aquí
En 1961, Chavela Vargas tomó el poema de Camín, seleccionó los versos más potentes y los vistió con su inconfundible y desgarrado estilo acústico.
El tema se convirtió en un escándalo (Sex life). La Iglesia católica y los regímenes dictatoriales de la época en América Latina censuraron y prohibieron la canción en las radios, acusándola de inmoral y pecaminosa.
Chavela la convirtió en una declaración de libertad sexual: una defensa del placer, del deseo libre y del derecho a amar fuera de los cánones heterosexuales e institucionales de la época.
María Constancia comenzó a perder juventud y popularidad. Tuvo que vender sus autos, sus mansiones, sus vestidos, joyas, pieles…
Falleció en La Habana, viviendo en un cuarto alquilado, casi en la miseria.