La letra de la canción condensa el pensamiento ético y espiritual de Facundo Cabral, fuertemente influenciado por figuras como San Francisco de Asís, Walt Whitman, Mahatma Gandhi y el pensamiento anarquista místico:

El autor enumera placeres cotidianos, artísticos y naturales que no cuestan dinero y que están al alcance de cualquiera:

“Me gusta el sol, Alicia y las palomas, el buen cigarro y la guitarra española, saltar paredes y abrir las ventanas y cuando llora una mujer”.

El estribillo es una declaración de independencia absoluta frente a las fronteras geográficas, las etiquetas sociales, las presiones del reloj y las expectativas del sistema socioeconómico:

“No soy de aquí, ni soy de allá
no tengo edad, ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.”

Para Cabral, definirse como alguien “sin porvenir” no era un acto de desesperanza, sino una oda al vivir exclusivamente en el momento presente, libre de las ansiedades del futuro o las cadenas del pasado.

En 1996, la UNESCO declaró a Facundo Cabral “Mensajero Mundial de la Paz”, reconociendo que canciones como esta ayudaban a unir a los pueblos por encima de las fronteras políticas.

En 2011 fue asesinado en un atentado en Guatemala dirigido contra el empresario que lo acompañaba.