La pintura fue una reacción inmediata y visceral al bombardeo de Guernica (País Vasco) el 26 de abril de 1937, durante la Guerra Civil Española.
Aviones de la Legión Cóndor de la Alemania nazi (Hitler At A Nazi Party Rally (1934)) y de la Aviación Legionaria de la Italia fascista, bajo las órdenes del general Francisco Franco (Franco en el desfile de la victoria), arrasaron por completo esta histórica villa vasca.
El ataque duró horas y se dirigió deliberadamente contra la población civil, sirviendo como un macabro experimento militar de lo que más tarde sería la táctica de la “guerra relámpago” en la Segunda Guerra Mundial.
A principios de 1937, el Gobierno de la Segunda República Española encargó a Picasso realizar una pintura mural para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París. Picasso estuvo meses buscando inspiración sin éxito, hasta que la noticia de la masacre de Guernica llegó a la prensa francesa. Impactado por las fotografías de los periódicos (lo que explica que eliminara todo color del cuadro, imitando la tinta de la prensa), abandonó sus bocetos previos y completó la monumental obra en apenas un mes de frenético trabajo en su taller de la Rue des Grands-Augustins.
Tras la clausura de la exposición de París, el Guernica inició un largo viaje de décadas para recaudar fondos para los refugiados españoles. Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial y la posterior dictadura de Franco, el lienzo quedó en custodia en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York.
Picasso dejó expresamente escrito en su testamento que el cuadro no regresaría a suelo español hasta que se hubieran restablecido por completo las libertades democráticas en su país.
Finalmente, tras la muerte de Franco y una compleja operación diplomática, el Guernica llegó a España en 1981 (inicialmente expuesto en el Casón del Buen Retiro bajo estrictas medidas de seguridad y cristales blindados), hasta su traslado definitivo al Museo Reina Sofía en 1992.