La obra es la plasmación visual definitiva de la llegada de la dinastía de los Borbones al trono español, concebida como una grandiosa pieza de propaganda dinástica y ostentación de riqueza.

Aunque el cuadro lleva el nombre del rey, la verdadera protagonista de la composición es su segunda esposa, la reina Isabel de Farnesio

Isabel ocupa el lugar central y visualmente más amplio del lienzo. Aparece enjoyada de forma espectacular, con una postura firme y apoyando su brazo con total naturalidad sobre el cojín que sostiene la corona real. Ella era quien manejaba las riendas de la monarquía hispánica.

A la izquierda de la reina se sienta Felipe V. Viste una lujosa casaca gris perla con bordados de oro, pero su semblante aparece visiblemente envejecido, cansado y con la mirada sumisa hacia su esposa, buscando transmitir serenidad en los últimos años de su convulso reinado.

El espacio es imaginario y varios personajes no vivían en Madrid en la época: Carlos III y su esposa María Amalia de Sajonia (extremo derecho) residían en Italia como rey de Nápoles y Sicilia.

Al lado del rey se sitúa el futuro Fernando VI (hijo de su primer matrimonio con María Luisa Gabriela de Saboya) junto a su esposa Bárbara de Braganza, garantizando visualmente la línea directa de sucesión al trono español.

Alrededor de la reina se agrupan todos los hijos que ella tuvo con Felipe V, destacando al citado Carlos III y al infante Felipe (futuro duque de Parma), exhibiendo el triunfo de su propia descendencia.