En la mitología griega, las Gracias (o Cárites) eran las tres hijas de Zeus y la ninfa Eurínome. Sus nombres eran Aglae (la brillante), Eufrósine (el júbilo) y Talía (la floreciente).

Eran las diosas de la sensualidad, la belleza, la danza, la naturaleza y la fertilidad. Formaban parte del séquito de Afrodita (Venus) y su propósito en el Olimpo era infundir alegría, armonía y el gusto por la vida tanto en el corazón de los dioses como en el de los mortales. Rubens las pintó en una postura clásica tomada de la escultura antigua: desnudas, abrazadas en un círculo íntimo y conectadas visualmente a través de sus brazos y sábanas transparentes.

En el siglo XVII, los cuerpos de Las tres Gracias de Rubens representaban el ideal supremo de belleza, salud y riqueza de la época barroca.

  • Símbolo de estatus y riqueza: En una época marcada por hambrunas recurrentes, guerras y la escasez de alimentos, tener un cuerpo con curvas pronunciadas, celulitis y carnes generosas era una señal clara de alto estatus social y poder económico. Solo los aristócratas y los ricos podían permitirse comer bien y no realizar trabajos físicos bajo el sol. La delgadez, por el contrario, se asociaba a la pobreza, la desnutrición y la enfermedad.

  • Fertilidad y vitalidad: Para Rubens, la belleza estaba ligada a la vida y a la salud. Los cuerpos voluptuosos, con tonos de piel nacarados y rosados, simbolizaban la fertilidad y la capacidad de dar vida, cualidades fundamentales para las diosas de la naturaleza y el encanto que representa el mito.

  • El canon de belleza cambia: El concepto de “gordura” o “delgadez” es una construcción cultural que varía con los siglos. El canon estético actual (que tiende a valorar la delgadez o la tonificación muscular) es relativamente moderno. El estilo de Rubens era tan único retratando estas siluetas que hoy en día, en la historia del arte, a los cuerpos con estas proporciones se les llama formalmente “cuerpos rubensianos”.

  • El cambio de vida de Rubens: En 1630, tras enviudar de su primera esposa, un Rubens ya maduro de 53 años se casó con una joven de 16 años llamada Hélène Fourment. Este matrimonio le devolvió la juventud y la inspiración artística.

  • El rostro de la Gracia de la izquierda: Si miras a la Gracia que aparece en el lado izquierdo del cuadro (de perfil), verás que Rubens retrató fielmente el rostro de su nueva y joven esposa, Hélène. De hecho, la voluptuosidad y el tono nacarado de la piel de las tres figuras están inspirados en ella, quien se convirtió en la musa absoluta de sus últimos años de vida.