los historiadores militares modernos apuntan a que cuando la intensa nieve y las heladas comenzaron a golpear con fuerza, la Grande Armée ya estaba estructuralmente destruida. La táctica rusa de la tierra quemada (destruir los cultivos y los pueblos antes de retirarse para dejar sin comida a los franceses), combinada con las epidemias de tifus, la falta de suministros y el constante hostigamiento de las guerrillas cosacas, ya habían diezmado a más de la mitad del ejército antes de que el termómetro cayera bajo cero.