De lobos y hombres (C. Gómez López, 2014) trata sobre el Lobo ibérico (Canis lupus signatus)

El documental sitúa al espectador en el tercio norte de España, donde habita la inmensa mayoría de los aproximadamente 2.000 ejemplares de lobo ibérico que pueblan la península. La tesis central de la investigación expone una paradoja legal y burocrática atroz:

  • El estatus de vida o muerte del lobo dependía estrictamente de una frontera geográfica artificial.

  • En la época de la filmación, un lobo que cruzaba nadando hacia el sur del río Duero se convertía automáticamente en una especie estrictamente protegida por las leyes europeas. Sin embargo, si ese mismo lobo se mantenía al norte del Duero, la ley permitía que su población fuera controlada mediante batidas institucionales o que se vendieran licencias para su caza deportiva.

El valor periodístico de De lobos y hombres radica en que obligó a los espectadores urbanos a mirar de frente las costuras rotas del sector primario, confrontando dos cosmovisiones que parecen irreconciliables:

  • La verdad forense de los ganaderos: El documental no demoniza a los habitantes de las pequeñas poblaciones de montaña. Muestra las pérdidas económicas reales y el estrés psicológico de los pastores tradicionales cuyas ovejas, cabras y terneros son devorados en masa durante las incursiones nocturnas de las manadas. Para el pastor del siglo XXI, el lobo no es una figura poética de postal, sino un competidor biológico implacable que amenaza de forma directa la supervivencia económica de sus familias y acelera el abandono del campo español.

  • La verdad ecológica de los conservacionistas: Científicos, biólogos y naturalistas exponen que el lobo es el “médico” de las selvas y montañas de España. Al ser el superdepredador de la cúspide trófica, su presencia real es la única herramienta científica capaz de autorregular de forma natural las superpoblaciones de jabalíes y ciervos, previniendo la degradación de la flora y la propagación de epidemias biológicas ganaderas como la tuberculosis

La investigación echa la vista atrás para entender de dónde viene el odio atroz hacia el cánido, repasando las prácticas de exterminio que casi borran al animal del mapa a mediados del siglo XX:

  • Detalla el uso masivo e histórico de estricnina y venenos, que fueron legales en España hasta finales de los años 60 y que causaron una masacre silenciosa no solo de lobos, sino de águilas y osos.

  • Expone la memoria de las llamadas loberas, monumentales trampas de muros de piedra medievales construidas en los valles donde los pueblos enteros acorralaban a los lobos para despeñarlos y ejecutarlos. Esta persecución indiscriminada estuvo a punto de extinguir la especie por completo, un desastre ecológico que solo logró frenar en los años 70 la aparición de la mítica figura del divulgador Félix Rodríguez de la Fuente.

En septiembre de 2021, el Gobierno de España aprobó la ley que incluyó al lobo ibérico en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE), prohibiendo de forma estricta su caza en todo el territorio nacional y unificando el criterio a ambos lados del Duero.

Esta medida jurídica alineó a España con los estándares conservacionistas europeos, pero encendió de nuevo la furia del sector primario en comunidades como Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León, demostrando que lograr un equilibrio real mediante el uso de mastines de protección, vallados electrificados sofisticados y el pago rápido de indemnizaciones estatales sigue siendo uno de los mayores retos institucionales y humanos de la periferia rural.


En el tercio norte de España existen unos dos mil ejemplares de lobo ibérico. Sin embargo, según la zona en la que habiten, pueden ser considerado especie protegida, se controla su población o está permitida su caza. En otros lugares, como la Sierra de la Culebra, el “turismo lobero” se ha convertido en un nuevo recurso turístico y económico. (FILMAFFINITY)