Invictus (C. Eastwood, 2009)
El plan de Mandela: Tras asumir la presidencia en 1994, Mandela se dio cuenta de que la población negra odiaba al equipo nacional de rugby, los Springboks, porque los veían como el símbolo definitivo de la opresión blanca. Mandela se ganó la enemistad de muchos de sus propios seguidores al exigir que se mantuvieran los colores y el nombre del equipo, argumentando que eliminarlo solo aumentaría el miedo de la minoría blanca.
La conexión con François Pienaar: Mandela invitó al capitán del equipo a tomar el té en el palacio presidencial para inspirarlo. Entablaron una relación de profundo respeto mutuo. Pienaar se encargó de concienciar a sus jugadores para que aprendieran el nuevo himno nacional (Nkosi Sikelel’ iAfrika) y viajaran a los townships (barrios pobres) a enseñar rugby a los niños negros.
El poema que da título al film: El título de la película viene del poema Invictus (“Invencible”) del autor británico William Ernest Henley. Sin embargo, hay un cambio real: en la película Mandela le entrega este poema a Pienaar, pero en la realidad lo que le dio fue una copia del famoso discurso “El hombre en la arena” del presidente estadounidense Theodore Roosevelt. Mandela sí usaba el poema Invictus para mantener la fuerza mental durante sus 27 años de prisión en Robben Island.
El gesto de la final: En el partido definitivo contra los temibles All Blacks de Nueva Zelanda, Mandela apareció en el estadio luciendo la camiseta verde de los Springboks con el número 6 (el número del capitán Pienaar). Este gesto histórico provocó que un estadio lleno casi en su totalidad por 60.000 sudafricanos blancos empezara a corear el nombre de Mandela, un hito que los historiadores consideran el nacimiento espiritual de la “Nación del Arco Iris”.
Los Springboks siempre habían sido una de las mayores potencias mundiales del rugby; su bajo rendimiento se debía a que llevaban años suspendidos de las competiciones internacionales debido al boicot contra el apartheid.
La selección de Nueva Zelanda era considerada invencible en 1995, liderada por la leyenda Jonah Lomu. El partido fue extremadamente reñido y se definió en la prórroga por un agónico drop (patada de sobrepique) de Joel Stransky.
Varios jugadores de Nueva Zelanda confesaron años después que sufrieron una misteriosa e intensa intoxicación alimentaria la noche anterior a la final (atribuida a una supuesta camarera apodada “Suzie”). Aunque nunca se demostró un sabotaje oficial, los neozelandeses jugaron la final visiblemente mermados físicamente.
Una de las escenas más tensas de la película ocurre justo antes de la final, cuando un gigantesco avión de pasajeros de South African Airways vuela a bajísima altura directamente hacia el estadio, haciendo temer a la seguridad un atentado terrorista. Esto ocurrió exactamente igual en la realidad. El piloto, Laurie Kay, obtuvo permiso de la aviación civil, pero no avisó al equipo de seguridad de Mandela para mantener la sorpresa. En la panza del avión de verdad iba pintado el mensaje: “Good Luck Springboks” (Buena suerte, Springboks).
El momento en que Mandela le entrega la copa a François Pienaar vistiendo su misma camiseta es una de las imágenes más icónicas del siglo XX. Pienaar guardó esa camiseta como su posesión más valiosa durante años. Décadas después, el ex-capitán confesó que la camiseta real se encuentra guardada en una caja fuerte de un banco por motivos de seguridad, ya que su valor histórico y económico es incalculable.