The Last Samurai (E. Zwick, 2003)
Saigō Takamori (1828–1877), considerado el verdadero último samurái de la historia.
La película narra la Rebelión de Satsuma (1877). Takamori, que inicialmente había ayudado al Emperador Meiji a recuperar el poder, se levantó en armas contra el propio gobierno imperial al ver cómo las reformas modernas despojaban a la casta samurái de sus derechos ancestrales ((七人の侍 (Seven Samurai) (A. Kurosawa, 1954))
Saigō Takamori y sus rebeldes estaban fuertemente armados con fusiles Enfield, cañones modernos y vestían uniformes de corte occidental. Solo recurrieron a las espadas y a las cargas suicidas al final de la rebelión, cuando se quedaron completamente sin munición ni pólvora en el asedio final de la batalla de Shiroyama.
El gobierno de Japón no contrató a oficiales estadounidenses para entrenar a su primer ejército moderno; contrató a asesores militares franceses, considerados en los años 1860 como la élite táctica del mundo.
Jules Brunet (1838–1911) fue enviado a Japón en 1867, y se enamoró de la cultura militar local. Cuando el gobierno francés le ordenó regresar, se negó, desertó de su propio ejército y se unió al bando de los samuráis en la Guerra Boshin. Luchó en batallas navales y fortificaciones modernas, sobrevivió a la guerra y regresó a Francia, donde llegó a ser general.
Los samuráis defendían un sistema de castas feudal y elitista. Tenían el derecho legal de ejecutar en la calle a cualquier campesino si consideraban que este les había faltado al respeto.
Su levantamiento en 1877 fue una protesta material porque el nuevo gobierno secular les quitó sus estipendios económicos (sueldos fijos pagados por el Estado mediante impuestos a los campesinos), prohibió portar la katana en público y abrió el ejército a los plebeyos, eliminando su monopolio de la violencia.
El Emperador Meiji fue un líder de una personalidad feroz y un estratega astuto. Fue el motor intelectual y político de la Restauración Meiji, la transformación más rápida y radical de la historia de un país.
En apenas 30 años, sacó a Japón del aislamiento feudal de la Edad Media (七人の侍 (Seven Samurai) (A. Kurosawa, 1954)) y lo convirtió en una superpotencia industrial, científica y militar capaz de derrotar a imperios occidentales a principios del siglo XX.