七人の侍 (Seven Samurai) (A. Kurosawa, 1954) está ambientada en 1587, durante el Japón feudal del periodo Sengoku (estados en guerra de Japón).
La palabra samurái (del japonés “saburau”: “servir” o “proteger”) surgieron en el siglo VIII como sirvientes domésticos de la corte imperial de Kioto. Posteriormente, se describieron a los guardaspaldas armados de los nobles.
Antes de los samuráis, el emperador de Japón intentó copiar el modelo de China: un ejército masivo basado en el servicio militar obligatorio de campesinos. Pero fue un fracaso: no estaban entrenados y preferían quedarse en sus campos.
En el 792 disolvió el ejército obligatorio. Los terratenientes ricos comenzaron a contratar guardias privados y mercenarios profesionales para proteger sus tierras de los bandidos y clanes rivales.
Las primeras grandes familias y clanes de samuráis surgieron en las regiones fronterizas y remotas del este y norte de Japón, donde los gobernantes locales tenían que guerrear constantemente contra los Emishi (las tribus indígenas nativas del norte de la isla que se negaban a someterse al emperador).
Los guerreros japoneses adoptaron la táctica de combate con el arquero de élite a caballo. Al contrario del mito popular del cine, los primeros samuráis no peleaban a pie con espadas katana; su arma sagrada y principal era el arco largo (yumi) disparado a toda velocidad cabalgando en mitad de las llanuras. El camino del guerrero no se llamaba el código de la espada, sino “El camino del arco y el caballo” (Kyuba no道).
Con el paso de los siglos, los nobles de la capital (Kioto) se volvieron débiles, refinados y obsesionados con la poesía y el arte, descuidando el control del país. Los clanes guerreros del campo se dieron cuenta de que ellos tenían el verdadero poder: la fuerza de las armas.
Tras una devastadora guerra civil entre las dos familias guerreras más grandes de Japón (las Guerras Genpei, 1180–1185), el líder del clan vencedor, Minamoto no Yoritomo, tomó el control total del país.
En 1192, Yoritomo obligó al emperador a nombrarlo Shogun (Gran General). El emperador quedó reducido a una figura puramente decorativa y religiosa aislada en su palacio, mientras que el Shogun y su casta de samuráis establecieron un gobierno militar (el Bakufu) en la ciudad de Kamakura. A partir de ese instante, los samuráis pasaron de ser simples sirvientes a los reyes absolutos de Japón hasta la llegada de la era moderna en el siglo XIX.
Tras décadas de guerra civil, el campo japonés era un infierno. Miles de soldados derrotados de clanes extintos se organizaban en bandas de bandidos errantes que arrasaban con todo. El acoso a las aldeas era un hecho cotidiano real y desesperado de la época.
Los samurais
Los Ronin (samurais sin amo) morían literalmente de hambre en los caminos.
Los arcabuces de mecha habían sido introducidos en Japón por comerciantes portugueses en 1543. Esto supuso el fin de la era dorada de los espadachines tradicionales y del código del samurái (Bushido).
En el Japón de la época, los samuráis despreciaban a los campesinos considerándolos cobardes y sucios, y éstos odiaban a los samuráis porque los ejércitos reales quemaban sus cultivos y violaban a sus hijas durante las campañas militares.
Desesperados, los campesinos viajan a la ciudad con una oferta ridícula: ofrecen como único pago arroz blanco tres veces al día a cualquier samurái hambriento que esté dispuesto a defenderlos. Logran reclutar a un veterano y sabio ronin (samurái sin amo), Kambei Shimada (Takashi Shimura), quien a su vez reúne a otros seis guerreros con personalidades muy distintas, destacando el salvaje, trágico y cómico Kikuchiyo (el legendario Toshiro Mifune).
año 1587, durante el violento período Sengoku (la era de los estados en guerra en Japón)
en el Japón feudal
Japón, Siglo XVI. Una aldea de campesinos indefensos es repetidamente atacada y saqueada por una banda de forajidos. Aconsejados por el anciano de la aldea, unos aldeanos acuden a la ciudad con el objetivo de contratar a un grupo de samuráis para protegerlos. A pesar de que el único salario es comida y techo, varios samuráis se van incorporando uno a uno al singular grupo que finalmente se dirige a la aldea.