Budapest, 1944. Adolf Eichman dirige la deportación masiva de judíos húngaros al campo de exterminio de Auschwitz. Ángel Sanz-Briz, un diplomático de la embajada española en Budapest, utilizó todos los medios a su alcance para salvar el mayor número de vidas posible. Para ello, emitió miles de visados y pasaportes que garantizaban la inmunidad de sus portadores, llegando a burlar en ocasiones a las autoridades alemanas y a sus colaboradores húngaros. Su actividad cesó cuando, en diciembre de 1944, le ordenaron regresar a España. Había logrado salvar a casi 5.000 judíos (más de cuatro veces los de Schlinder: Schindler’s List (1993)). Desde entonces, se le conoce como “El Ángel de Budapest”.
Ángel Sanz-Briz
Ángel Sanz-Briz (1910–1980) fue un diplomático zaragozano que consiguió salvar a más de 5.200 judíos húngaros de ser enviados a las cámaras de gas de Auschwitz Birkenau.
En 1944, Alemania ocupando Hungría de forma brutal, las deportaciones masivas de judíos se aceleraron a un ritmo infernal bajo las órdenes de Adolf Eichmann. Sanz-Briz, que apenas tenía 33 años y ejercía como encargado de negocios en la legación española en Budapest, decidió que no podía quedarse de brazos cruzados.
Buscando en los archivos de la embajada, encontró un viejo Real Decreto de 1924 (de la época de Primo de Rivera) que otorgaba la nacionalidad española a los judíos sefardíes (descendientes de los judíos expulsados por los Reyes Católicos: Expulsión de los judíos de España (E. Sala y Francés, 1889)).
Esa ley ya había expirado, pero las autoridades nazis y los fascistas húngaros de la Cruz Flechada no lo sabían.
Consiguió que el gobierno húngaro le diera permiso para proteger a 200 judíos sefardíes. Sin embargo, la inmensa mayoría de los judíos en Hungría eran asquenazíes (no tenían ningún origen español), pero a Sanz-Briz no le importó: los hizo pasar a todos por sefardíes.
Como el cupo de 200 personas se le quedó cortísimo de inmediato, utilizó un ingenioso truco de numeración:
Emitía los documentos usando subdivisiones con letras (por ejemplo: pasaporte 1A, 1B, 1C…). De ese modo, el “bloque 200” nunca se cerraba y los nazis veían que los números oficiales no cambiaban, mientras que en realidad estaba protegiendo a miles de familias.
No bastaba con darles papeles; los judíos seguían corriendo peligro en las calles. Con su propio dinero y fondos que logró reunir, alquiló 11 edificios de apartamentos en Budapest.Colocó en las fachadas la bandera de España y un gran cartel oficial que decía: “Edificio anexo a la Legación de España. Extraterritorialidad”. Bajo las leyes diplomáticas, los nazis no podían entrar allí. Esos edificios se convirtieron en búnkeres de vida donde miles de personas recibían comida y refugio.
En diciembre de 1944, ante el inminente asedio del ejército soviético, el gobierno español ordenó a Sanz-Briz abandonar Budapest para proteger su vida, y este tuvo que trasladarse a Suiza.
Para que los judíos alojados en las casas no quedaran desprotegidos y fueran fusilados, un ciudadano italiano llamado Giorgio Perlasca (que tenía un salvoconducto español por haber luchado en la Guerra Civil) se hizo pasar por el nuevo cónsul de España utilizando sellos falsos. Perlasca continuó la labor de Sanz-Briz durante las semanas más oscuras hasta que la ciudad fue liberada por los rusos.
Al igual que Schindler, Sanz-Briz regresó a su carrera diplomática ordinaria y nunca alardeó de lo que hizo; de hecho, el régimen de Franco prefirió mantener un perfil muy bajo sobre el asunto debido a sus antiguas simpatías con el Eje. Falleció en Roma en 1980 sin ver su reconocimiento en España.
Fue en 1989 cuando el memorial de Yad Vashem en Israel le otorgó de forma póstuma el título de Justo entre las Naciones, entregándole la medalla a su viuda. Hoy en día, Budapest tiene calles y monumentos dedicados a su memoria.