Jacques-Louis David fue el pintor oficial del imperio

El 2 de diciembre de 1804 en la Catedral de Notre Dame de París, mediante la cual Napoleón Bonaparte se proclamó oficialmente Emperador de los franceses.

El acto fue un hito político sin precedentes: rompió con la tradición milenaria de la monarquía francesa y buscó consolidar la legitimidad de la nueva dinastía Bonaparte ante toda Europa.

El cuadro es una obra de propaganda política y la manipulación visual. David recibió órdenes estrictas de Napoleón para alterar la realidad en favor del orgullo imperial:

En el centro de la escena aparece el Papa Pío VII. En la ceremonia real, el Papa estuvo sentado de brazos cruzados y visiblemente molesto.

Sin embargo, Napoleón ordenó a David: “No lo pinté ahí para no hacer nada”, por lo que en el lienzo el Papa aparece alzando la mano derecha en un gesto solemne de bendición.

En la tribuna central del fondo, sentada en un trono, aparece la madre de Napoleón, María Leticia Ramolino. En la realidad, ella nunca asistió a la coronación porque estaba en Roma enfadada con su hijo por las disputas familiares con sus hermanos. Napoleón exigió que fuera incluida para proyectar una imagen de unidad familiar.

La emperatriz Josefina (que tenía 41 años en ese momento) y las hermanas de Napoleón fueron pintadas considerablemente más jóvenes, estilizadas y bellas de lo que eran.

Napoleón vio el cuadro terminado por primera vez en enero de 1808, quedó tan impactado por el realismo de los ropajes de terciopelo, los brillos de las joyas y la precisión de los más de 150 retratos individuales que se quitó el sombrero ante el pintor y le dijo: “David, os saludo. Esto no es una pintura; se camina dentro de este cuadro”.