Severo Ochoa de Albornoz (1905–1993) médico, bioquímico y biólogo molecular asturiano, se convirtió en el segundo científico español en ganar el Premio Nobel de Medicina en 1959.

Compartió el galardón con el estadounidense Arthur Kornberg por descubrir los mecanismos biológicos que permiten la síntesis del ARN y el ADN. Su gran hito fue el descubrimiento y aislamiento en 1955 de la polinucleótido-fosforilasa, una enzima bacteriana capaz de replicar ARN en un tubo de ensayo. Este hallazgo de laboratorio funcionó como la “piedra de Rosetta” que permitió a la comunidad científica internacional descifrar por completo el código genético.

La vocación científica de Severo Ochoa nació en su juventud estimulada directamente por la lectura de las publicaciones y teorías de Santiago Ramón y Cajal.

Tras desarrollar la mayor parte de su carrera e investigaciones de éxito en la Universidad de Nueva York, Ochoa regresó a España para impulsar la ciencia nacional. Fue el creador, impulsor y presidente del célebre Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM) fundado en 1975, un centro mixto de la Universidad Autónoma de Madrid y el CSIC (la misma institución matriz de la que depende el Instituto Español de Oceanografía).

En sus laboratorios se formaron mentes brillantes de la bioquímica española, destacando especialmente su alumna predilecta, la icónica científica Margarita Salas